La fuerza del mar modificó el relieve de Isla Cañas después del terremoto del 9 de octubre. La isla quedó divida en dos.
Una parte de la isla, en el distrito de Tonosí, provincia de Los Santos, quedó separada del resto por un canal de agua, en una transformación del paisaje costero que los especialistas del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá atribuyen, de manera preliminar, a la erosión y al desplazamiento de los sedimentos.
La separación es visible, pero todavía no se ha determinado con certeza qué ocurrió bajo la superficie. Aunque el terremoto provocó cambios en el terreno en distintos puntos de la península de Azuero, la hipótesis que manejan los especialistas para explicar lo sucedido en Isla Cañas apunta a la fuerza del agua y no a una fractura directamente vinculada con la falla geológica que originó el sismo.


Los geólogos Julissa Sanjur y Alex Cueva, del Instituto de Geociencias, explicaron que la isla está constituida principalmente por materiales sedimentarios, especialmente arena, que pueden ser removidos y transportados por las corrientes.
El ingreso del agua del mar habría erosionado parte de esos depósitos y desplazado el material hacia otras áreas, hasta dejar abierta la separación que muestran las imágenes difundidas después del terremoto.
Esto tendría un impacto importante en la zona. La isla cuenta con una cobertura vegetal de 1,200 hectáreas de bosques de mangle. Esta densa barrera forestal compuesta por especies como el mangle rojo, blanco, botón y piñuelo funciona como un escudo biofísico.
La subida del mar, a raíz del terremoto, obligó a los residentes a evacuar de emergencia en las lanchas de los pescadores, mientras que la entrada de agua salada en los terrenos agrícolas afectó cultivos de arroz criollo, maíz y sandía.
Según relató a La Prensa el representante de la comunidad, Demetrio Ríos, los pescadores organizaron la evacuación y trasladaron a más de 300 residentes hacia zonas seguras en menos de 40 minutos, antes de que el agua bloqueara los caminos.
“Los procesos que vemos de separación en la isla están bien adjudicados a procesos de erosión por la escorrentía del agua del mar que entró a la isla”, explicó Sanjur.
La especialista señaló que una de las hipótesis es que se produjo algún tipo de deslizamiento cerca de la línea costera, lo que pudo haber contribuido al aumento del nivel del mar y a los intensos procesos de erosión observados. Sin embargo, esta explicación todavía debe comprobarse mediante una inspección directa del área.
La isla suele recibir anualmente a más de 35,000 ejemplares de tortugas en peligro, como la golfina, baula, carey y verde.
La diferencia es importante. Una fractura geológica implica la ruptura del terreno y la separación de bloques, mientras que la erosión modifica la superficie al remover y transportar materiales por la acción del agua.
La falla geológica asociada al terremoto se encuentra más hacia el suroeste, mientras que isla Cañas está ubicada más al este.

Esa distancia es uno de los elementos que llevan a Sanjur a considerar menos probable que la división de la isla responda directamente a una fractura relacionada con la falla. No obstante, la especialista insistió en que no es posible confirmar o descartar esa posibilidad sin una evaluación en campo.
El cambio no se limita a Isla Cañas
La transformación del relieve también debe analizarse en el conjunto de la península de Azuero. Sanjur advirtió que hubo cambios en la morfología de distintos sectores donde se produjeron fracturas asociadas con la falla geológica, incluidos puntos de las costas de Las Tablas y Veraguas.
La identificación de estas modificaciones requiere estudios especializados. Geólogos, geomorfólogos y geógrafos deberán determinar qué áreas cambiaron, cuál fue la magnitud de las alteraciones y qué procesos intervinieron en cada lugar.
En el caso de Isla Cañas, los investigadores analizaron imágenes satelitales tomadas antes y después del terremoto mediante un filtro de índice de humedad. En estas imágenes, las tonalidades azules representan el terreno con menor presencia de humedad, mientras que las zonas amarillentas y rojizas indican una mayor presencia de agua o humedad.
En la comparación posterior al sismo se observan más áreas rojizas, un cambio que puede ayudar a identificar modificaciones en la superficie y en la distribución del agua. Sin embargo, estas imágenes no permiten confirmar por sí solas que el terreno se haya fracturado ni establecer con exactitud cómo se produjo la separación.
Para determinarlo, los especialistas necesitan acudir al lugar, inspeccionar el terreno y comprobar si hubo ruptura de bloques, desplazamiento de sedimentos u otros procesos. También consideran necesario contar con los apoyos para realizar estos estudios y evaluar los posibles cambios futuros que puedan afectar a los residentes.
Una transformación que no se revertirá a corto plazo
El desplazamiento de los sedimentos no significa que la arena vaya a regresar automáticamente al sitio que ocupaba antes del terremoto.
Por ello, Sanjur considera que no debe esperarse que los sectores separados de Isla Cañas vuelvan a unirse en el corto plazo. La recuperación de la configuración anterior no está garantizada y dependería de la evolución de los procesos naturales que actúan en el área.
La especialista advirtió que los cambios del relieve costero pueden prolongarse durante periodos geológicos muy extensos, de cientos de años. Incluso podrían producirse nuevas modificaciones si ocurren otros eventos tectónicos que alteren la morfología de la zona.
Esto no significa que se haya determinado que la separación sea irreversible en todos los escenarios posibles. Lo que los especialistas señalan es que no se espera una recuperación rápida de la forma anterior y que todavía deben estudiarse las condiciones específicas de la isla.



