El avistamiento de ballenas y delfines debe realizarse bajo reglas específicas para evitar alterar el comportamiento de estas especies.
En Panamá, las normas establecen distancias mínimas, límites de velocidad y tiempos determinados para la observación, además de prohibir prácticas como nadar con los cetáceos o alimentarlos.
El llamado de las autoridades ocurre luego de que el Ministerio de Ambiente (MiAmbiente) denunciara una práctica considerada inaceptable durante el avistamiento de una ballena: una persona fue captada nadando peligrosamente cerca del animal, mientras una embarcación permanecía próxima con los motores encendidos y equipos de sonido activos.
MiAmbiente informó que investigará el hecho para determinar las responsabilidades de los involucrados y las posibles sanciones.
Lo que vemos en este video es inaceptable: una persona nadando peligrosamente cerca de una ballena y una embarcación cerca con los motores encendidos y equipos de sonido activos.
— Ministerio de Ambiente de Panamá (@MiAmbientePma) August 16, 2026
El avistamiento de ballenas se realiza desde la embarcación. Está prohibido tirarse al agua, nadar o… pic.twitter.com/IhLZzQpmrD
¿A qué distancia se deben observar las ballenas y delfines?
De acuerdo con Digna Barsallo, directora nacional de Costas y Mares de MiAMBIENTE, las normas están establecidas en la Resolución DM-0144-2022, que fija los lineamientos para realizar un avistamiento adecuado de cetáceos.
La normativa establece una distancia mínima de 250 metros para observar ballenas y de 100 metros en el caso de los delfines, explicó Barsallo.
Las embarcaciones también deben desplazarse a una velocidad máxima de 4 nudos, equivalentes a unos 7 kilómetros por hora, y hacerlo de manera paralela a los animales.
La autoridad ambiental enfatiza que las embarcaciones no deben acercarse de frente ni por la parte posterior de las ballenas, prácticas que pueden alterar su desplazamiento.
El tiempo también está regulado
El período de observación también tiene límites.
Cuando se trata de ballenas adultas, las embarcaciones pueden permanecer en el área de observación durante un máximo de 30 minutos. Si hay una cría, el tiempo se reduce a 15 minutos.
Además, la normativa establece que puede haber un máximo de dos embarcaciones realizando el avistamiento simultáneamente. Una vez cumplido el tiempo establecido, debe darse paso a otra embarcación.
No nadar, alimentar ni perseguir a los cetáceos
Las reglas también establecen prácticas que deben evitarse durante los recorridos.
No está permitido alimentar a los animales ni nadar con ellos. Tampoco se deben realizar maniobras bruscas con las embarcaciones, como piruetas o movimientos que puedan generar mayor ruido o alterar el comportamiento de los cetáceos.
En el caso denunciado por MiAmbiente, la entidad señaló que la persona captada en el agua estaba nadando peligrosamente cerca de una ballena. Además, indicó que la embarcación cercana mantenía los motores encendidos y equipos de sonido activos.

La entidad recordó que el avistamiento de ballenas debe realizarse desde las embarcaciones y que está prohibido tirarse al agua, nadar o acercarse a estos animales.
Asimismo, las embarcaciones deben evitar perseguir, rodear o interrumpir el desplazamiento de las ballenas y mantener el motor apagado o en neutro durante la observación.
Barsallo hizo un llamado no solo a los operadores turísticos, capitanes y boteros, sino también a las personas que participan en los recorridos.

La funcionaria destacó la importancia de que quienes participan en estas actividades conozcan las normas y puedan exigir su cumplimiento durante los recorridos. En Panamá, organizaciones como la fundación MarViva indicaron que realizan talleres y programas de capacitación sobre avistamiento responsable de cetáceos, dirigidos a capitanes de embarcaciones, guías de turismo, turoperadores y comunidades costeras.
El objetivo −señaló MiAmbiente− es promover un turismo que permita disfrutar de la fauna marina sin ponerla en riesgo.
Las ballenas jorobadas llegan cada año a las aguas del Pacífico panameño durante su temporada migratoria. Por ello, las autoridades insisten en que el crecimiento de las actividades de observación debe estar acompañado de buenas prácticas que permitan disfrutar de estos animales sin interferir con su comportamiento natural.


