Cuéntame tu trayectoria: de niña en Chiriquí a subdirectora del Smithsonian en Panamá.
Allí crecí, fui a una escuela pública, Daniel Octavio Crespo, y desde pequeña, tenía como 15 años, siempre me impresionó el tema de la ciencia. Era muy curiosa, preguntaba, me encantaba la física, la matemática, me encantaban mucho la biología y la química. Mi madre, muy sabiamente, me dijo: “Bueno, busca una carrera que te lleve lo más cerca a lo que tú quieres ser”. Una de las cosas que recuerdo muy claramente y que me llevó a ser bióloga era que quería aprender del ADN, quería aprender de moléculas, de cosas miniaturas.
¿Cómo pasaste de bióloga de laboratorio a hacer gestión?
Decidí hacer un cambio, porque noté que había una falta de comunicación entre lo que yo llamo la ciencia y lo que es la gestión y la administración. Y desde ese espacio salto entonces a ser la directora asociada de administración científica. El instituto, muy generosamente, me permitió crecer dentro de ese espacio y aprendí muchísimo.
¿Cómo llegaste a dirigir el STRI, justo en plena pandemia?
Tuve esa oportunidad maravillosa de dirigir el STRI, como decimos en inglés, por un periodo que fue muy enriquecedor, pero también muy retador.
¿Qué hace exactamente el Smithsonian en Panamá?
El Instituto Smithsonian tiene 14 instalaciones en la República de Panamá. Tenemos un grupo de colaboradores de 400 personas que trabajan conjuntamente para poder hacer ciencia en Panamá en diferentes aspectos. Tenemos investigaciones asociadas al comportamiento animal, investigaciones súper interesantes sobre murciélagos, cómo funcionan, cómo trabajan con los depredadores. Tenemos investigación que tiene que ver con conservación, la de los anfibios, que sabemos que están declinando por el tema del hongo que los ataca, y parte de nuestros colegas están trabajando en entender un poco la dinámica de este hongo y cómo afecta a las poblaciones de anfibios.
¿Algún proyecto que te guste destacar?
Hay un proyecto que se llama Agua Salud, que son 700 hectáreas en la cuenca del Canal, en donde los investigadores estudian los diferentes tipos de reforestación y la interacción entre bosques, suelos y diferentes tipos de uso de suelo.
¿Qué tiene Panamá de especial para la ciencia?
Es uno de los centros de diversidad mundial. Tenemos tres veces más diversidad de aves que lo que hay en Norteamérica, por ejemplo, o tenemos, solo en Panamá, 3,000 especies de plantas, de árboles, comparado con Europa, que hay como 454 especies. Panamá realmente, para ser un territorio tan pequeño, tiene una enorme biodiversidad.
¿Cómo es la relación entre esa ciencia y el Estado panameño?
Nosotros somos invitados en este país y, como invitados, lo que nosotros hacemos es generar información que está disponible para diferentes audiencias y, por supuesto, al Gobierno y al Estado panameño, para que sea útil. No interferimos en decisiones del Estado. La Senacyt es el espacio de ser la organización que provee fondos para que se haga ciencia en Panamá y asegurarse de que la ciencia que se hace revierta en beneficio del Estado panameño. Yo siempre digo que la ciencia es parte de uno de los pilares del desarrollo de un país.
Hablemos del efecto tijera: ¿qué es y en qué momento pasa?
Nadia de León hizo un estudio en donde reflejaba que, en las etapas iniciales de la formación académica de las mujeres, licenciatura y demás, había un mayor número de mujeres y que ese número disminuía y que hay un punto, como dicen, el efecto tijera, en donde hay un cambio. Ese punto generalmente coincide con el momento profesional en que las jóvenes y las mujeres terminan, por ejemplo, sus estudios superiores, de maestría y doctorado, y eso coincide con el momento en que toman decisiones personales como casarse, tener hijos.
¿A ti te pasó también? ¿Y qué tipo de apoyo hizo la diferencia?
Me casé en el proceso. Cuando estaba haciendo mi postdoctorado, quedé embarazada. Entonces, mi hija nació precisamente cuando era una postdoc. Si la joven científica está casada o si la científica está casada en ese periodo de su vida y tiene una buena estructura en la pareja, la pareja representa un apoyo.
¿Qué es eso que llaman la tubería rota?
Si tú piensas en una tubería y esa tubería tiene pequeños rotos, esas son las mujeres que, a través de su carrera profesional, van dejando la ciencia porque no existe el entorno que permita apoyarlas.
¿Qué mensaje le darías a una joven científica hoy?
Es importante estar conscientes sobre esas estructuras de apoyo que permitan que estas jóvenes puedan hacer ambas cosas a la vez, porque no podemos prohibirle a una persona que, porque sea científica y tiene que ser productiva, oye, no tengas hijos, no te cases.
¿Qué papel jugó la ciencia en la pandemia?
Si no hubiese sido por la ciencia, pues no hubiésemos tenido vacunas o encontrado soluciones en un momento tan absolutamente crucial para la humanidad como fue el momento de la pandemia. Fueron científicos que, por curiosidad, querían entender un poco más sobre virus, entender un poco más la ecología de virus, la parte médica. Hubo mucha ciencia detrás para poder entonces salir de este tipo de situaciones.
¿Por qué crees que Panamá confió en la ciencia en ese momento?
Culturalmente, creo que tenemos una audiencia bastante abierta. Hay de todo, definitivamente. Y esa credibilidad en esa trayectoria de la ciencia creo que es lo que nos llevó a nosotros a poder tener credibilidad en un momento de miedo. Y, de hecho, creo que se demostró que Panamá fue, a pesar de las medidas tan drásticas que se tomaron, uno de los países que, con los recursos que teníamos, pudimos hacerle frente a una pandemia y tuvimos menos bajas y fue menos traumático que en otros países de la región.
Cuéntame esa experiencia que casi nunca cuentas, la del fondo del mar.
He tenido varias experiencias, pero una que he contado muy pocas veces es la oportunidad de hacer un viaje al fondo del mar. Y finalizando mi doctorado, mi asesor hizo una expedición en un barco de Woods Hole, el Atlantis, que tenía un submarino que se llama el Alvin. Y bajé en un lugar que se llama Rainbow Site, en el medio del Atlántico, a 2,400 metros al fondo del mar. Oscuro. Y lo maravilloso es ver cómo estar en otro mundo. Lo único que teníamos era la luz del submarino y poder utilizar eso para ver la fauna que hay. Y, de hecho, sí, fui una de las primeras panameñas que, yo creo, ha tenido esta experiencia. Fue muy especial porque también estuvieron otros submarinos, el francés Nautile, que estuvo al mismo tiempo que el Alvin, en el fondo del mar, y nos encontramos. Ver en el fondo del mar esa fauna es blanca porque no tienen color, no hay coloración, así que tú ves cangrejos, peces, una fauna totalmente diferente. Fue una experiencia maravillosa y que te marca. Después de eso, uno piensa la vida un poco diferente.


