Entre 2019 y 2024, 23 niñas y adolescentes de entre 10 y 19 años murieron en Panamá por complicaciones relacionadas con el embarazo, el parto y el puerperio (posparto), según los registros de estadísticas vitales del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC).
Los contextos detrás de estas muertes y del embarazo adolescente en Panamá pueden ayudarnos a entender cómo reforzar las estrategias para prevenir el embarazo adolescente, en un país donde, cada día, al menos 21 niñas y adolescentes de 10 a 19 años quedan embarazadas.
Adultos y convivencia
Según datos del estudio MILENA del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el 73% de los nacimientos de madres adolescentes proviene de un hombre con 5 años o más de diferencia de edad con respecto a la madre.

En la mayoría de los casos, 7 de cada 10 madres adolescentes reportaron estar en una unión informal o consensual al momento del embarazo o nacimiento de su hijo.
En el grupo de niñas madres, de 10 a 14 años, entre el 38% y el 40% ya convivía en uniones informales con sus parejas al momento del embarazo o de dar a luz. En el caso de la comarca Ngäbe-Buglé, la cifra se dispara al 71,1% de uniones informales de niñas madres con hombres durante el embarazo o el parto.
Estos datos señalan que la mayoría de los casos no proviene de noviazgos entre adolescentes o de encuentros casuales entre personas de edades similares, sino que se da en el marco de uniones informales de adolescentes con adultos.
[Acceda aquí al estudio “Impacto Socio-Económico del Embarazo en la Adolescencia en Panamá”, realizado con la metodología MILENA del UNFPA].

Comarcas y Cultura
De acuerdo con el Ministerio de Salud (Minsa), una adolescente indígena tiene casi el triple de probabilidad de ser madre a temprana edad en comparación con una joven de la ciudad y enfrenta un riesgo 12 veces mayor de morir durante el parto.
La investigadora Eugenia Rodríguez, quien ha realizado múltiples estudios sobre el embarazo adolescente en Panamá, advierte que no debemos reducirlo a “temas culturales”. De manera sistemática, hemos abandonado institucionalmente a nuestras comarcas, con poco acceso a una educación de calidad y a servicios de salud que incluyan charlas de educación sexual y acceso a anticonceptivos.
Ciclos de violencia sin fin
Jennifer Delgado, directora ejecutiva de la Asociación Panameña para la Planificación Familiar (Aplafa), comentó que las adolescentes embarazadas y madres sufren ciclos interminables de violencia.
Reciben violencia verbal y psicológica en la familia cuando esta se entera del embarazo, hasta el punto de echarlas de la casa. Sus profesores en la escuela las avergüenzan y les dan un peor trato. Esto coincide con lo expresado por el estudio MILENA del UNFPA, según el cual, de cada 25 madres adolescentes, solo 4 lograron acceder a estudios superiores.
De igual manera, Delgado dice que pueden llegar a recibir maltrato en las instalaciones de salud durante sus controles prenatales y durante el parto, lo que puede llevar a complicaciones y secuelas psicológicas permanentes.
Puntos clave del estudio:
Impacto económico: El costo de oportunidad socioeconómico del embarazo adolescente y la maternidad temprana le cuesta a Panamá aproximadamente $1,500 millones al año, lo que equivale al 2% del PIB del país.
Brecha educativa: Mientras que el 42.7% de las mujeres que fueron madres en la edad adulta alcanza estudios universitarios, solo el 14.4% de las madres adolescentes logra este nivel.
Desventaja en la remuneración laboral: Las madres adolescentes registran mayores tasas de inactividad laboral (42.5% frente a 36.3%) y de desempleo (9.0% frente a 6.9%), y perciben un ingreso laboral promedio 57% inferior al de quienes tuvieron hijos en la adultez.
Desigualdad de edad en las relaciones de pareja: El 90% de las madres adolescentes tienen sus hijos con parejas mayores que ellas, y en el 73% de los casos la brecha de edad supera los 5 años, lo que refleja asimetrías de poder y patrones sociales permisivos frente a parejas adultas con adolescentes
Cifras económicas vs derechos de la niñez
Aunque el estudio MILENA del UNFPA estima que el país deja de generar $1,500 millones al año (equivalente a la línea 1 del metro o el 2% del PIB) por el impacto de la maternidad temprana en la educación y el empleo, la Dra. Eugenia Rodríguez advierte que el enfoque no debe ser cuánto le “cuesta” una adolescente embarazada al Estado, sino cuánto le cuesta a Panamá la falta de educación sexual integral en las escuelas y el desabastecimiento de medicamentos e insumos de salud en las comarcas.
El problema no es el costo de la maternidad, sino el costo de no prevenirla. El embarazo adolescente es una interrupción de la infancia, una manifestación de violencia y una vulneración de derechos.
La prevención y el acompañamiento integral de las madres deben responder a un deber ético y constitucional, en función del interés superior de la joven, y no a un balance de pérdidas financieras.

La evidencia del camino a seguir
La hoja de ruta para frenar los embarazos adolescentes ya se conoce. La evidencia científica internacional recopilada por el UNFPA confirma que la Educación Integral de la Sexualidad (EIS) reduce las conductas de riesgo, retrasa la iniciación sexual e incrementa el uso de anticonceptivos modernos.
“Ya existe, o sea, no hay que inventar cosas nuevas. Lo que se piensa es que si das información estás motivando e incentivando a que se tengan relaciones sexuales, cuando los datos demuestran que con estas intervenciones pasa totalmente lo contrario” enfatiza Jenniffer Delgado, de APLAFA.
Para la Dra. Eugenia Rodríguez, la barrera ya no radica en la falta de evidencia, sino en la voluntad de actuar con ella: “Es uno de los temas más estudiados en el país y con más evidencia científica desde los años 80, pero paradójicamente ha generado menos intervención en políticas públicas por prejuicios y tabúes de las autoridades de turno”.
Esfuerzos panameños
Según los datos de las Estadísticas Vitales del INEC, Panamá registra una tendencia sostenida a la baja en los embarazos adolescentes.
El 16 de junio de 2026, el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) publicó el inicio de la actualización de la Estrategia Nacional e Intersectorial de Prevención y Atención del Embarazo en Niñas y Adolescentes y de su Plan de Acción 2026-2030, mediante una serie de mesas de trabajo que reunirán a instituciones públicas, organismos internacionales, organizaciones juveniles y representantes de la sociedad civil. Asimismo, se han desarrollado programas para brindar Educación Integral de la Sexualidad (EIS) a jóvenes panameños, como «Juventudes con Opciones» de APLAFA y el «Proyecto Juventud» de PROBIDSIDA.
Es mentira
Sin embargo, Panamá aún tiene una gran deuda pendiente con sus jóvenes. La tasa promedio de embarazos adolescentes en Panamá se mantiene por encima de las tasas promedio de América Latina y del mundo.
La doctora Eugenia sentencia: “Si de verdad nos preocupan esas adolescentes, ¿por qué no las dejamos interrumpir su embarazo si no lo quieren tener? Y si de verdad nos preocupan, ¿por qué cuando tienen el bebé las abandonamos? Porque ahí sí que ya no sabemos nada de ellas. Solo las contamos cuando están embarazadas. Pero cuando tienen el bebé no hay nada, no hay ningún programa público, lo que hay son ONGs que las atienden, como Las Claras por ejemplo, pero realmente no nos preocupan las adolescentes embarazadas, es mentira".
Referencias
Censo Nacional de Población. Instituto Nacional de Estadística y Censo.
Estadísticas Vitales, Volumen III. Instituto Nacional de Estadística y Censo.
Informe “Impacto Socioeconómico del Embarazo en la Adolescencia en Panamá” realizado con la metodología MILENA 2.0, herramienta investigativa desarrollada por el UNFPA.


