El terremoto de magnitud 7.5 que sacudió el país el pasado 9 de octubre dejó una estela de destrucción que todavía se refleja en las cifras: 19,865 viviendas y 63,767 personas afectadas. Al 2 de noviembre, 3,356 personas permanecían en albergues.
En medio de ese escenario, una niña de nueve años encontró en la música una manera de expresar algo que los informes oficiales no alcanzan a contar: el amor por su tierra.
Se llama Roysis Villarreal, vive en La Espigadilla, en Los Santos, y su voz comenzó a circular por las redes sociales después de interpretar “Volví para quedarme”, una canción del trovador santeño Rafael Lily Samaniego. No necesitó un escenario, micrófonos ni una producción musical. Su interpretación terminó convirtiéndose en un canto de esperanza después de la tragedia que golpeó a Azuero.
A Roysis le gusta cantar desde pequeña. Su madre, Israinis Ovalle, cuenta que siempre ha sentido inclinación por los tamboritos y que, al conocer las décimas, también quiso probar suerte con ese género.
El desastre la marcó
Aunque reside en La Espigadilla, mantiene una estrecha relación con Tonosí. Su padre es de ese distrito y la familia conserva vínculos con ambas comunidades. Por eso, cuando la niña vio las imágenes de las viviendas destruidas por el terremoto, pensó que la casa de sus familiares también podía haber quedado entre los escombros. La posibilidad de perder ese lugar la inquietó. Incluso, al principio, no quería regresar.
La tragedia también alteró sus noches. Su madre recuerda que, después del terremoto, Roysis quedó asustada por los movimientos de tierra y las réplicas. Cualquier ruido o sensación que le recordara el sismo la ponía en alerta.
En una de esas ocasiones, se levantó sobresaltada mientras estaba en una hamaca, se golpeó con un palo y quedó con un moretón. El miedo se instaló en una niña que hasta entonces encontraba en el juego y el canto sus principales distracciones.
El día del terremoto, Roysis no estaba en Los Santos. Se encontraba en Chiriquí y regresaba cuando ocurrió el movimiento sísmico. Por eso, conoció lo sucedido en su comunidad a través de los relatos de sus familiares. Aquella noche, mientras la incertidumbre dominaba a los habitantes de la zona, algunos tuvieron que dormir en los potreros, dentro de sus vehículos, ante el temor de permanecer en sus casas.
Música para el alma
Ahora, cuando se le pregunta por el terremoto, responde con frases cortas. No se extiende en explicaciones ni intenta describir una tragedia que, por su edad, todavía está tratando de comprender. Tiene nueve años, cursa tercer grado y dice que sus asignaturas favoritas son Matemáticas, Inglés, Educación Física y Laboratorio. Desde el sismo, recibe clases de manera virtual.
Pero cuando la conversación cambia de tema y llega a la música, sus respuestas son más espontáneas. Le gusta cantar cualquier género y no parece preocuparle demasiado la popularidad que ha alcanzado su interpretación.
Cuando no está cantando, prefiere jugar con tierra. En la escuela, sin embargo, no suele cantar frente a sus compañeros. Tampoco ha recibido clases de música ni ha aprendido a tocar guitarra. Su afición ha crecido fuera de las aulas, en el entorno familiar.
La historia de Roysis encontró en las redes sociales un público que vio en su voz algo más que una interpretación infantil. En un territorio golpeado por el terremoto, su canto llevó el nombre de Tonosí a otras partes del país.
Mientras las familias esperan respuestas sobre sus viviendas y las comunidades intentan recuperar la normalidad, una niña de nueve años sigue cantando. No conoce todavía los escenarios ni las lecciones de música, pero encontró en una canción una forma de expresar que, pese a lo ocurrido, hay lugares a los que siempre se quiere volver.

