Fueron seis días de conciertos, clases magistrales, conversatorios con leyendas artísticas, audiciones en busca de una mejor formación, de vivencias, de buenas notas, de camaradería. La música en su apogeo.
El Panamá Jazz Festival cerró su décimo aniversario una vez más con la estela de buena vibra que suelen dejar las actividades culturales masivas.
Herbie Hancock, Susana Baca, Bill Frisell y Wayne Shorter fueron los invitados estelares para conmemorar la primera década de vida de un proyecto que empezó en septiembre de 2003 con una primera edición que se extendió por tres días, registrando una asistencia de unas 8 mil personas y que ha pasado a casi 30 mil por temporada, según los más recientes registros de Panamá Jazz Productions, organizadores del evento.
En los próximos días se confirmarán otras cifras más allá de la afluencia del público, como las becas obtenidas durante los días de jazz y la cantidad de estudiantes –jóvenes en su mayoría– que pudieron participar del programa de talleres artísticos.
En palabras del creador del festival, Danilo Pérez, el trabajo con la juventud de Panamá es el mejor legado que puede dejar la música.
