Turismo Turismo

25 nov Navidad tropical

Un 31 de diciembre en Ipanema. Un 31 de diciembre en Ipanema.
Un 31 de diciembre en Ipanema.

Brasil es una de las ciudades más hermosas del mundo. He tenido la oportunidad de visitarla en varias ocasiones y pasar las fiestas de Natal, la Navidad para ellos, y Réveillon, la fiesta del Año Nuevo.

Río de Janeiro es una ciudad en donde las festividades de fin de año están inmersas en el inicio del esperado verano carioca. Hace calor, las playas están llenas de gente y se respira en el ambiente el sabor a fiesta.

Las tiendas y los centros comerciales decoran sus vitrinas y sus espacios con adornos navideños, y están abarrotados de clientes que compran objetos para regalar a sus seres queridos.

Mi primera experiencia navideña en Río de Janeiro fue un tanto surrealista. Me sorprendió salir de la playa para entrar en un centro comercial que tenía un enorme árbol de Navidad con una pista de patinaje en hielo y en esa parte del mall hasta nevaba (por supuesto nieve de mentirita). Fue como teletransportarme de la playa de Leblon a la Quinta Avenida en Nueva York.

Pero las tradiciones navideñas son bastante parecidas a las nuestras. Se hace una cena en Nochebuena con el tradicional pavo y jamón, pero se incluye en el menú el bacalao, este último manjar procede de la herencia portuguesa.

Esta cena suele ser familiar y es cuando se intercambian los regalos. También, muchos asisten a la iglesia esa noche.

En casi todas las casas se coloca el árbol de Navidad, debajo del cual papá Noel dejará los juguetes a los pequeños y no tan pequeños el 24 en la noche, para ser abiertos en la mañana del 25. También en muchas casas se colocan nacimientos.

Lo que es diferente es la celebración del Año Nuevo: Réveillon. El 31 de diciembre tanto hombres como mujeres, se visten de blanco y se lanzan a las playas a hacer ofrendas a Yemanjá, diosa del mar.

La cultura brasileña tiene un fuerte componente que procede de la herencia y costumbres de los negros traídos desde África por los portugueses para ser esclavos.

Es muy interesante ver cómo el cristianismo y la macumba (en Brasil se refiere a ritual o religión de origen africano) se mezclan sin conflicto alguno en la cultura popular.

Estas ofrendas son pequeños barquitos que se lanzan al mar y en ellos se coloca comida, licor, cigarros, incienso, joyas de fantasía, ganchos de pelo y otras cosas más que agradan a Yemanjá. En las playas encontramos a las bahianas, mujeres vestidas de blanco, con faldas largas y anchas y pañuelo en la cabeza, por lo general mayores de edad, quienes son las que más conocen este ritual que es muy típico de Salvador, Bahía, pero que ahora se practica en todas las playas de Brasil.

Las bahianas hacen rituales muy elaborados, sin embargo, los que queremos participar pero no estamos tan inmersos en esta cultura lo que hacemos es lo siguiente: nos vestimos de blanco, compramos flores y velas blancas ($12.00 por persona). Primero abrimos unos huecos en la arena para colocar las velas, una por cada mes del nuevo año, y el hueco es para que el viento no las apague. Las velas se van encendiendo una a una y cada vez que encendemos una hacemos un pedido de lo que queremos recibir en el año.

Luego que hemos encendido nuestras 12 velas, nos acercamos a la orilla y de espaldas al mar lanzamos poco a poco las flores pidiéndole a la diosa sus buenos favores y prometiendo lo que nosotros vamos a hacer a cambio de los favores solicitados. De más está decir que no podemos pedirle a la “diosa del mar” ganarnos la lotería.

Los pedidos tienen que ser menos interesados, como amor, perdón, salud, paz, compasión, entre otros.

Es un ritual verdaderamente hermoso. La primera vez que lo hice fue en Copacabana y era un gusto ver a la gente encendiendo sus velas y poniendo sus barcos en el mar. Hasta tuve la suerte de conversar con una de estas expertas que me bendijo con su sabiduría ancestral.

A las 12:00 las olas empujan los barquitos mar adentro y entonces se inicia el espectáculo de fuegos artificiales más increíble que he visto. Entre 30 y 45 minutos de color, formas y brillo iluminan el cielo. Después de esto empieza la rumba. La gente va a las discotecas o se queda en la playa.

Desde mi primer Réveillon no he dejado de celebrar el Año Nuevo de esta manera. Donde sea que me encuentre busco una playa, me visto de blanco, compro mis flores y mis velas. Las enciendo en la arena y lanzo mis flores pidiendo a Yemanjá que interponga sus buenos oficios para ayudarme a ser una mejor persona cada año.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Últimos posts