Casamentera buscando amor

Casamentera buscando amor
Casamentera buscando amor

Un telón invisible se levanta con la música y, en segundos, sobre el escenario antes oculto tras un telón azul, aparecen bailarines vestidos de la época del siglo XIX.

Con un melodioso coro cantando Hey, es Dolly, le dan la bienvenida a la casamentera más famosa de Nueva York, Dolly Levi (Paulette Thomas), quien tiene la habilidad de unir a las parejas, sin importar qué tan difícil parezca ser.

La misión de esta celestina es conseguir una segunda esposa para el viudo Horacio Vandergerlder (Rafael de la Fuente), tío de Ermengard (María Gabriela Garrido), una chica que está profundamente enamorada de Ambrosio Kemper (Juan Carlos Bordanea), a quien a su vez Dolly ayudará a reunir con su joven amada.

Kemper y Dolly viajan a Yorkers, en donde el viudo Vandergerlder conoce a la casamentera y confía en que ella lo hará encontrarse con su futura esposa en un desfile en Nueva York.

Los dependientes de la tienda de Vandergerlder, Cornelio Hackl (Leo Almengor) y Barnaby Tucker (Juan Carlos Yeep), aprovechan la ausencia de su jefe para ir también a Nueva York en busca de aventuras. En la ciudad conocerán a la viuda Irene Molloy (Vanessa Quijano) y a su amiga Minnie Fay (Ilda Mariana Mason), en quienes reconocerán el amor.

La puesta en escena de Hello, Dolly, dirigida por Edwin Cedeño, con la dirección musical de Hernando López y las coreografías de Maryelín Barahona, causa buena impresión desde el primer momento cuando se encienden las luces y se ilumina el escenario con jóvenes que bailan ataviados con vestuario de la época.

Estéticamente la escena es bonita y casi impecable, al igual que el sonido y las luces. La coordinación en los cambios de escenarios es como una danza casi ininterrumpida, que fluye con naturalidad.

Los actores, dueños de una buena dicción y de voces privilegiadas, al igual que los bailarines, hacen sentir que es posible aspirar a la calidad de las tablas de Broadway.

La escena en el restaurante es memorable y tiene su momento cumbre cuando Dolly hace su entrada vestida con un brillantísimo vestido dorado y es recibida por un nostálgico equipo de camareros, cocineros y el dueño del restaurante Harmony Gardens.

Al final, Dolly Levi cumple con su objetivo real, que es conquistar a Vandergerlder y conseguir que le proponga matrimonio.

LOS DESLICES

Esta representación que mezcla inocencia, amor y picardía, no está exenta de errores y no hablo de las contadas equivocaciones de las que muy bien se repusieron los actores, sino de detalles como que se viera el receptor del micrófono de Dolly en la primera escena, o lo ordinario del micrófono de Barnaby en la tercera.

Por lo demás el equipo de Hello, Dolly debe darse por satisfecho, pues varios de los espectadores salieron cantando y haciendo comentarios positivos.

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