En el escenario, Horacio Valdés va al grano. Habla poco y canta mucho y bien.
Su concierto del viernes pasado en el Ateneo de la Ciudad del Saber, el segundo que hizo esta semana en ese acogedor lugar, fue un nostálgico y rítmico viaje por la carrera musical de uno de los más importantes cantautores del país de las últimas dos décadas.
Un público siempre entusiasta, compuesto en buena medida por damas de diversas edades, acompañó al artista por sus diferentes etapas dentro del pentagrama nacional, tanto como miembro de la banda Son Miserables como integrante de los colectivos Post y Nave.
Valdés estuvo acompañado de una agrupación de 10 sólidos y atinados músicos, que junto a la voz, el carisma y las letras de este creador ofrecieron un espectáculo preciso, alegre y vibrante.
Valdés se le veía alegre en todo momento, se le sentía feliz y en su ambiente cada vez que brindaba sus piezas, tanto las sentimentales, entre urbanas, trova y pop, como los temas más rápidos y con bastante sabor a rock.
Esa noche Valdés debió estar satisfecho, pues hay un público que lo quiere y admira su trabajo. Además, y de eso no gozan muchos en este país, es autor de canciones emblemáticas para más de una generación y que interpretó con holgura como Ganas de verte, Miguel, Tu mejor amiga y Solo las estrellas bastarán.
