Un recinto oscuro nos recibió. Apenas dos focos iluminaban el espacio. Entonces se escucharon unos pasos.
Ana Jordão y Vincent Kollar llegaron a Panamá, desde Alemania con A Body and other Objects, una pieza que mezcla danza y circo contemporáneo y que pone al cuerpo en relación con otros cuerpos, con objetos, pero principalmente con la gravedad.
Kollar parece jugar con Ana (y con la gravedad, también). Sus miradas son intensas, profundas. Se buscan. Se encuentran. Y aunque por momentos parece que uno va a caer, eso no sucede. Ambos se sostienen.

Quizás ahí empieza una de las primeras tensiones de esta presentación incluida en la versión número quince del PRISMA–Festival Internacional de Danza Contemporánea de Panamá: uno mira esperando la caída, mientras ellos parecen saber exactamente cuándo sostenerse.
Una de las imágenes que más permanece es la de Ana suspendida por su propio cabello. Un moño en la cabeza, una gran soga y, de pronto, su cuerpo abandona el suelo. Vuela, da vueltas. La confianza parece sostenerlo todo: sus cuerpos, la soga, el espacio y hasta el cabello de Ana. Todo parece estar calculado, aunque desde nuestro lugar en el estudio Xielo la sensación fuera otra: que cualquier cosa podía suceder.
En medio de la puesta, las sombras de sus cuerpos se proyectan sobre el telón negro. Se deforman; se distinguen con claridad en medio de la oscuridad. Por momentos ya no sé si estoy mirando los cuerpos o sus sombras. Aquí, la ansiedad y la atención fija del público son notables.
¿Y ahora con qué más nos pueden sorprender? La pregunta recorre mi cabeza. Entonces ocurre. Ana comienza a bajar de la soga como si descendiera por unas escaleras. Lo hace con una tranquilidad impresionante. Ese fue, quizás, mi momento favorito. Y es que, de repente, ella convierte la misma soga que podía parecer una amenaza en un camino de regreso al suelo.

Los cuerpos continúan jugando con el espacio. Aparecen figuras construidas con las sogas, incluso un triángulo que se forma mientras Ana permanece suspendida en el aire. La ligereza del cuerpo contrasta con todo lo que sabemos sobre él: que pesa, que cae, que necesita un punto de apoyo.
La pieza avanza hasta un cierre vibrante, electrizante, marcado nuevamente por las sogas y por esos cuerpos que parecen haber encontrado una manera distinta de relacionarse con la gravedad.

Salgo del recinto con una imagen que permanece: un cuerpo suspendido, una soga que se convierte en escalera y dos personas que, durante toda la pieza, parecían decirse sin palabras que caer no era una opción.
(Este texto nace de la experiencia en el Laboratorio de Escritura sobre la Danza, desarrollado como parte del PRISMA–Festival Internacional de Danza Contemporánea de Panamá 2026).


