El acoso escolar puede comenzar como una burla, un comentario que se repite, una exclusión de un grupo en un salón de clases o una agresión que continúa después de llegar a casa a través de las redes sociales. Para algunos niños y adolescentes, la tecnología ha ampliado los espacios en los que pueden producirse situaciones de acoso y, con ello, el desafío de padres, docentes y tutores para identificarlas a tiempo.
La detección temprana de señales que indican que algo ocurre con los infantes no siempre depende de encontrar una agresión evidente, ya que a veces la primera señal es tan pequeña como un cambio de comportamiento.
De acuerdo con el psicólogo general Luis Smith, una de las principales herramientas está en la escucha activa a los niños y adolescentes, incluso si aquello que cuentan puede parecer pequeño para los adultos.
“Cada mensaje que el niño diga, independientemente que no lo tomemos en serio, es importante tomarlo seriamente”.
Smith resaltó que conocer qué es el bullying, cómo se manifiesta y cuáles pueden ser sus consecuencias permite que las familias puedan estar mejor informadas para responder en caso de que algo ocurra con sus niños.
Señaló que esto cobra mucha importancia en esta generación de jóvenes y niños, cuya convivencia ya no se limita solo al aula de clases o a los momentos de juego en el barrio, sino que se extiende a las redes sociales y demás espacios digitales.
Es por ello que, hoy en día, más que nunca debemos cuidar la salud emocional durante la infancia y fortalecer las identidades de quienes se encuentran aún formando su persona. Para Edwin Quintero, psicólogo educativo, la observación y la escucha deben ir acompañadas de conversación.
“Vivimos una vida tan ajetreada con el día a día que no nos detenemos a tener una conversación con ellos para ver cómo va su día”.
El especialista también llamó la atención sobre la conducta suicida en niños y adolescentes y la necesidad de que las señales de sufrimiento emocional sean atendidas por profesionales. En el entorno escolar, los docentes pueden detectar cambios y realizar referencias, pero la intervención posterior también requiere del acompañamiento de las familias.
Para los padres esto supone mirar más allá de las calificaciones o del comportamiento dentro de la escuela y prestar atención a aquello que cambia en casa.
Jaeenne Baynoe, madre de un joven que perdió su vida a causa del acoso escolar, resumió estos casos desde la experiencia: dejar de comer, abandonar actividades que antes disfrutaban o modificar repentinamente sus rutinas son comportamientos que no deberían ignorarse.
“Conversa con tu hijo, ábrete para que tu hijo entienda que tú eres aquella persona a la que él puede recurrir en cualquier momento y más en los momentos de dificultad”
También cuestionó una respuesta que todavía pueden recibir algunos niños cuando intentan hablar de lo que les ocurre: que deben ser fuertes o simplemente “aguantar”.
“¿Por qué hay que aguantar el maltrato? ¿Por qué hay que aguantar la tristeza?”, planteó.
El tercero en escena
Cuando se habla de acoso escolar, suelen aparecer dos figuras: quien agrede y quien es agredido, pero existe una tercera persona que suele ser pasada por alto debido a lo neutro de su existencia: quien observa en silencio.
Smith manifiesta que estos espectadores se encuentran “condicionados” por el entorno en que ocurre la violencia y, en ocasiones, pueden optar por no intervenir o reportar lo sucedido, una situación que, según explica, ocurre seguido, sobre todo en entornos escolares.
La prevención, por tanto, no pasa únicamente por trabajar con quien agrede o proteger a quien está siendo agredido. También implica enseñar a quienes observan qué pueden hacer y a quién pueden acudir cuando presencian una situación de este tipo.
Esta discusión también ha llegado a la Asamblea Nacional, en donde se ha presentado el proyecto de ley 84 que busca modificar la Ley 289 de 16 de marzo de 2022, trabajando la prevención desde quienes acompañan a los menores fuera de los centros educativos.
La diputada Grace Hernández explicó que la propuesta pretende ofrecer herramientas a padres, tutores, abuelos y otros adultos responsables del cuidado de niños y adolescentes para reconocer situaciones de riesgo y conocer los mecanismos existentes para actuar frente al acoso y la violencia escolar.
Manifestó que la iniciativa busca no solo intervenir dentro del círculo escolar, sino también en el entorno familiar, ya que el no cuenta con herramientas para identificar y afrontar estas situaciones.
Según explicó la diputada, la propuesta contempla que empresas puedan contribuir, mediante sus programas de responsabilidad social empresarial, al desarrollo de talleres dirigidos a los adultos.
“No se cambia en una charla. Estos son talleres que deben ser constantes, mensuales”, afirmó.
Las intervenciones se dieron durante el Vive Fest Family, como parte de la campaña 500 Voces por la Salud Emocional de los Chicos en Panamá, y fue organizado por la Fundación SerenaMente.
Estuvo enfocado en la prevención del bullying y la promoción de la salud mental, concebido como un espacio en el que un tema difícil pudiera abordarse desde un ambiente diferente.



