Dieciséis conciertos después, la estrella canadiense Céline Dion culminó en la noche de este sábado en París su regreso triunfal a los escenarios, tras una ausencia de seis años y pese a las consecuencias del Síndrome de la Persona Rígida (SPF) que padece.
“He cumplido un sueño”, aseguró, y la despedida, emocionada y radiante, fue un “hasta pronto”.
Con un retraso de cincuenta minutos respecto a la hora prevista, tras una jornada que había sido caótica en París por las protestas, la cantante se subió al escenario al afirmar que le parecía que había sido ayer mismo cuando había comenzado esta especie de residencia parisina.
“Me aburro ya de ustedes”, bromeó al levantar unas 35,000 risas en el estadio Plenitude Arena (ubicado en La Défense, al noroeste de París).
El repertorio del recital de despedida −temporal, porque volverá en mayo al mismo escenario para otros diez conciertos− fue similar al de las noches precedentes, en las que abrió con On ne change pas, Destin y Because You Loved Me ante un público extático.
A sus 58 años, Dion demostró su fortaleza física al interpretar I’m alive, como un pulso ganado a la enfermedad, y no faltaron temas legendarios de la artista como My Heart will go on, o Love Can Move Mountains y The Prayer ya en la fase final del espectáculo. También compartió una noche más su guiño a Maria Callas al interpretar Ebben? Ne andrò lontana.
Su presencia sobre el escenario era la de alguien feliz por la hazaña cumplida, como demostró a menudo con gestos de victoria con los puños, especialmente tras las canciones más exigentes a nivel vocal, como ‘Power of love’.
“He aprendido a convivir con esta fragilidad y, al estar en contacto constante con ella, he acabado por dominarla y he decidido convertirla en la fuerza que me impulsa a vivir aquí”, explicó.

