El viernes 9 de octubre, un sismo de magnitud 7.5 sorprendió a los panameños a las 12:56 p.m. Por la hora, muchos estudiantes se encontraban en sus escuelas. . Aunque la escuela es su segundo lugar seguro, las experiencias individuales de ese momento pueden generar diferentes efectos.

Ante este escenario, Nayelis Arias, licenciada en psicología, advierte que la exposición de niños y adolescentes a desastres naturales como los terremotos no solo afecta su seguridad física, sino también su bienestar emocional, lo que puede alterar su salud mental tanto a corto como a largo plazo.

Luego de un movimiento telúrico, es común tener cierta dificultad para volver a la rutina; en los niños también sucede, pero lo expresan a través del comportamiento. Por esta razón consultamos con la psicóloga infantil Yara Aguilar y con Arias sobre cómo abordar el tema de un sismo con los niños después de haberlo experimentado y qué pueden hacer los padres para ayudarlos a afrontar el miedo o la ansiedad que esta experiencia pudo causarles.

¿Cómo podemos explicarles a los niños lo sucedido de manera adecuada a su edad?

Aguilar recomienda utilizar palabras sencillas y evitar detalles catastróficos o conversaciones alarmantes frente a ellos. “Los niños imaginan cosas peores cuando nadie les explica”; para evitarlo, se les debe hablar con honestidad y tranquilidad, utilizando un lenguaje sencillo acorde con su etapa de desarrollo.

La psicóloga infantil mencionó un ejemplo para un infante de cinco años: “La tierra se movió fuerte y eso asustó a muchas personas. Los adultos estamos trabajando para cuidarte y mantenerte seguro”.

Asimismo, Aguilar señala: “Es importante recordar que los niños no solo escuchan nuestras palabras, sino que también observan nuestras reacciones. Por eso, mantener la calma, establecer rutinas y explicarles qué hacer en caso de una emergencia les ayudará a recuperar la sensación de seguridad y control”.

Recomendaciones que pueden seguir los padres para ayudar a afrontar el miedo o la ansiedad que sus hijos puedan sentir al regresar a clases

Aguilar sugiere retomar de manera progresiva las rutinas de sueño, alimentación y asistencia escolar, pues la previsibilidad les ayuda a recuperar la sensación de estabilidad. Además agrega:

  • Conversar con sus hijos sobre las medidas de seguridad del colegio.

  • Explicarles qué hacer si ocurre un sismo.

  • Recordarles que cuentan con adultos preparados para orientarlos y protegerlos.

La psicóloga infantil recalcó: “Siempre darles la seguridad de que ustedes, padres, están siempre para protegerlos”.

¿Qué más pueden hacer los padres para transmitir tranquilidad y seguridad a sus hijos?

Arias y Aguilar coinciden en que la cercanía física es medicina emocional. A través de abrazos, ejercicios de respiración, tomarles las manos, cargarlos o sentarse cerca de ellos les hace sentir que no están solos; la cercanía les ayuda a disminuir la activación del sistema de estrés y a recuperar seguridad.

Ambas profesionales añaden que se deben evitar frases como «ya no llores» o «no pasó nada» y hacerles saber que está permitido sentir varias emociones al mismo tiempo.

Por otro lado, Arias agrega otras recomendaciones, como recuperar las pequeñas rutinas —mantener el horario de sueño, comidas, momentos de juego, lectura de cuento y momento del baño—, ya que las rutinas le envían al cerebro la información de «estamos a salvo».

La licenciada en psicología también aconseja utilizar el juego como herramienta terapéutica; actividades como construir bloques o dibujar lo que sienten ayudan a organizar las emociones y experiencias.

Entre otras sugerencias, los padres pueden crear un rincón de la calma: una esquina donde coloquen cojines, mantas, peluches, libros y objetos sensoriales con el objetivo de que sea un lugar donde el niño pueda descansar y sentirse seguro. Arias también recomienda realizar movimientos para promover la tranquilidad: caminar juntos, saltar, correr, bailar, yoga infantil o practicar técnicas de respiración; y le propone a los padres evitar ver las noticias en presencia de los niños.

¿Cuándo acudir con un profesional?

Aguilar y Arias concuerdan en que los padres deben llevar a sus hijos con un profesional idóneo si durante varias semanas presentan las siguientes señales:

  • Problemas de sueño (insomnio, hipersomnia, pesadillas).

  • Miedo excesivo por la separación de sus padres.

  • Ataques de pánico

  • Deja de jugar.

  • Aislamiento.

  • Dificultad para concentrarse.

  • Habla constantemente de muerte.

  • Regresiones muy marcadas (volver a pedir el tetero, chuparse los dedos, mojar la cama).

  • Presenta cambios importantes en alimentación o comportamiento (pérdida de apetito prolongada; mutismo o retraimiento excesivo).

Arias afirma que, aunque las reacciones emocionales pueden variar y dependen de la situación particular que se haya experimentado, los niños suelen expresar lo que les ocurre a través del comportamiento más que de las palabras.

Desde su experiencia, Aguilar comparte: “Mi principal recomendación para los padres es que se conviertan en un refugio emocional para sus hijos. Que los escuchen sin juzgarlos, que abracen sus emociones y que no minimicen sus temores con frases como «no pasa nada» o «ya estás grande para tener miedo». En su lugar, pueden decirles: «Sé que te asustaste, entiendo cómo te sientes y estoy aquí para acompañarte. No tienes que afrontar este miedo a solas»”.

La American Psychological Association ofrece cinco consejos universales para afrontar las secuelas de un desastre, que van en línea con lo señalado con las fuentes consultadas.

  1. Limpiar el consumo de medios: Apagar la televisión o redes sociales frente a los niños para evitar que vean repeticiones constantes de la destrucción del terremoto.

  2. Aumentar el afecto físico: Los abrazos, tomar la mano y mantener la proximidad física reducen de forma directa los niveles de cortisol (estrés) en el cerebro infantil.

  3. Mantener las rutinas al máximo: Aunque se esté en un refugio o casa temporal, conservar la hora de dormir, un juego familiar o el momento de cenar ayuda a restablecer la sensación de control.

  4. Validar y no reprimir: En lugar de decir “no llores, no pasa nada”, la APA sugiere validar el miedo: “Sé que el temblor dio mucho miedo, a mí también me asustó, pero ya pasó y el edificio es seguro”.

  5. Monitorear el propio estrés adulto: La APA enfatiza que el bienestar del niño depende de la estabilidad emocional del cuidador. Los padres deben buscar sus propios espacios de desahogo para no transmitir desesperanza.

Un estudio elaborado a raíz del terremoto de la provincia de Sichuan de 2008 y el terremoto de Pakistán de 2005 —publicado en una revista de la APA— reveló que el bienestar de los niños posterior a los terremotos está indisolublemente vinculado a la familia y la comunidad, y que los psicólogos pueden mejorar la recuperación de los niños coordinando el apoyo familiar y comunitario.

El estudio también mostró que los niños enfrentan un aumento de TEPT (trastorno de estrés postraumático), ansiedad y depresión después de los terremotos, influenciado en gran medida por la forma en que sus padres procesan el hecho y su posterior manejo; y que los sistemas escolares sirven como plataformas clave para brindar intervenciones de salud mental después de un desastre.