Suena la alarma del celular y comienza un nuevo día. Antes de levantarse responde un mensaje pendiente, mira la agenda de la jornada y comienza a preocuparse por lo que le hace falta. El reloj registra cuánto durmió, una aplicación le recuerda que la meta diaria son 10 mil pasos y cuánta agua debe tomar.

Luego, abre las redes sociales y lo primero que ve es a una persona que ya entrenó, desayuno y leyó varias páginas de un libro. ¿Esta es la vida de una persona común? No, en muchos casos es un espejismo de las redes pero es la vida que muchas personas alrededor del mundo, adultos jóvenes que estudian y/o trabajan, tratan de lograr.

Y es que, la tecnología nos permite organizar prácticamente cada momento del día. Pero ¿qué pasa cuando hacer más comienza a sentirse como ser más?

La búsqueda de la productividad no representa por sí misma un problema. Organizar el tiempo, tener metas o intentar hacer bien una tarea son parte de la vida y de establecerse objetivos y metas, pero la línea comienza a desdibujarse cuando el cumplirlas empieza a relacionarse con la percepción que una persona tiene de si misma.

“​​Aquí el detalle está en querer utilizar esa productividad como una medida de valor personal, en transformar qué tanto hago en qué tanto estoy yo valorado”, explica el psicólogo Tomás Rincón.

El especialista aclara que la organización no constituye por si sola algo negativo, ya que una persona puede llevar una vida muy organizada y encontrar en ella una herramienta para manejar las presiones del trabajo, las responsabilidades y otras situaciones de la cotidianeidad.

Señala que la dificultad aparece cuando esa organización “perfecta”, se convierte prácticamente en un dogma y deja poco espacio para aceptar algo inevitable: no todos los días suelen ser como los planeamos.

Y es precisamente en ese escenario en donde aparece lo que podemos llamar “productividad tóxica”, una búsqueda constante por hacer, cumplir o producir, incluso cuando hacerlo comienza a interferir con otros aspectos del bienestar.

A todo esto se le suma un elemento que hace al menos dos décadas no existía: el celular, que da la posibilidad de observar, al mismo tiempo y de forma constante, la vida de las demás personas, de aquellas que “tienen” una vida soñada, al tiempo que se ve el progreso propio en la actividad física o los correos del día. Aunque esto genera un problema, se agrava cuando se utilizan esas imágenes como comparación, señala Rincón, quien remarca que lo que se muestra es apenas una parte de la vida de quien las publica.

“Cuando comienzas a compararte con resultados o con otras personas que aparentemente se ven perfectas, te estás comparando con la realidad que esa persona está vendiendo, no con su realidad”

Tomás Rincón. Psicólogo.

De esta manera, la productividad también puede adquirir una dimensión visible: estar constantemente ocupado, alcanzar objetivos y mostrar resultados puede convertirse, ante los ojos de los demás, en sinónimo de éxito.

Metas que caben en una pantalla

Los dispositivos digitales significan una parte importante de esta dinámica, pues mientras por un lado permiten organizar tareas, comunicarse, trabajar y acceder a herramientas que facilitan numerosas actividades, por otro lado, hacen posible que nos comparemos o nos juzguemos tantas veces como las que hacemos uso de ellos.

Rincón evita plantear las redes sociales como un enemigo. Sin embargo, advierte sobre la “imagen” de éxito que puede construirse a través de ellas.

Las redes sociales no hay que satanizarlas, pero te venden una falsa expectativa, te venden que la persona es exitosa, es altamente productiva, pero a veces no es así

Tomás Rincón, psicólogo.

La pantalla, entonces, puede mostrar el resultado sin necesariamente enseñar todo lo que existe detrás: las horas de descanso, los intentos fallidos, los días menos productivos o simplemente aquellos momentos en los que no ocurrió nada digno de convertirse en una publicación.

Y quizás allí esté una de las diferencias importantes entre organizar la vida alrededor de lo que necesitamos hacer y comenzar a valorar nuestra vida únicamente por todo lo que logramos hacer.

Algunas recomendaciones

De acuerdo con análisis avalados por la American Psychological Association (APA) y publicaciones especializadas en salud mental, la productividad tóxica ocurre cuando la autoestima de una persona depende exclusivamente de su nivel de producción, provocando que el descanso genere culpa y el ocio sea visto incorrectamente como una pérdida de tiempo. Advierten la importancia de romper ese patrón autodestructivo para evitar repercusiones graves como el agotamiento o burnout.

Entre las recomendaciones que estas organizaciones dan para evitar la productividad tóxica se encuentran cultivar vínculos sociales genuinos con la comunidad y recordar que las relaciones afectivas más valiosas de la vida no se sostienen bajo ninguna circunstancia en los logros laborales personales.

1

Recordar que tu valor como persona está arraigado en quién eres y no en tu nivel de producción diario o estatus profesional.

2

Los colegios oficiales de psicología insisten en la necesidad de cambiar la mentalidad de que trabajar más horas equivale a ser un mejor profesional, ya que la verdadera eficiencia radica en cumplir los objetivos respetando el bienestar individual.

3

Las encuestas de salud cognitiva sugieren programar periodos cortos (por ejemplo, de 10 minutos) dedicados a no hacer nada o a contemplar en silencio.

4

Romper la urgencia de revisar notificaciones del celular para reaprender a tolerar el descanso sin asociarlo con la inactividad moral o el fracaso.

5

Evita llevar registros de rendimiento, aplicaciones de optimización o metas estrictas a tus pasatiempos: el arte, la lectura o el ejercicio deben disfrutarse por el simple hecho de realizarlos.