Mucho antes de las redes digitales que hoy permiten localizar terremotos en tiempo real, pequeñas salas en edificios de la antigua Zona del Canal registraban movimientos de la Tierra. Sus instrumentos formaron parte de una red internacional y tras el cierre definitivo del último de los centros, algunos de ellos continuaron su historia en la Universidad de Panamá.

El 9 de octubre de 2026, el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá registró inicialmente un terremoto de magnitud 7.5, con epicentro al noroeste de Tonosí.

Posteriormente, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) revisó la magnitud a 7.7. El evento puso de relieve la importancia del monitoreo sísmico y de la colaboración entre instituciones científicas nacionales e internacionales, cuyos registros y análisis complementarios contribuyen a caracterizar estos fenómenos y a proporcionar información oportuna y confiable a las autoridades y a la población.

Esta capacidad de monitoreo tiene una historia poco conocida, vinculada a dos edificios de la antigua Zona del Canal. Durante décadas, allí funcionaron instalaciones que registraron terremotos ocurridos en Panamá y en otras partes del mundo. La historia se remonta a los primeros años del siglo XX, cuando los instrumentos eran mecánicos y los terremotos quedaban impresos en papel fotográfico.

De Ancón a Balboa Heights: historia de la observación sísmica en la Zona del Canal
Exterior del edificio ocupado por la División de Meteorología e Hidráulica Fluvial en 1910. Al fondo se observa la torre de observación meteorológica (Fuente: Biblioteca Digital del Caribe, Universidad de la Florida)

El terremoto que nunca llegó

En diciembre de 1906 circuló en Panamá el rumor de que la ciudad sería destruida por un terremoto. La noticia llegó a las páginas de The Star & Herald, que en su edición del 21 de diciembre comentó, con cierta ironía, que el supuesto sismo llevaba varios días de retraso y todavía no se había manifestado.

Según la explicación recogida entonces, el rumor había surgido de los comentarios de un hombre particularmente conversador, mientras compartía una cerveza con sus amigos.

Aunque la predicción resultó infundada, el episodio tuvo consecuencias. La Comisión del Canal Ístmico (ICC, por sus siglas en inglés) estableció restricciones para divulgar información sin autorización de su presidente y decidió habilitar una sala para instalar los sismógrafos, identificada en los documentos en inglés como Seismograph Room.

La sala estaba ubicada en el edificio de la División de Meteorología e Hidráulica Fluvial, cerca del Observatorio Meteorológico de Ancón. La documentación consultada indica que comenzó a operar en 1908, con dos péndulos horizontales destinados a registrar los movimientos sísmicos.

De Ancón a Balboa Heights: historia de la observación sísmica en la Zona del Canal
Plano del sótano del edificio de la Administración del Canal. En la esquina inferior derecha era donde se ubicaban los sismógrafos (recuadro rojo; Fuente: Canal Record, Vol.8, No. 18, 1914)

El interés por estudiar los movimientos de la Tierra no surgió únicamente a raíz de aquel rumor. Los registros históricos del istmo documentaban terremotos importantes, entre ellos los de 1621 y 1882. Este último produjo daños considerables en edificaciones y estructuras. Además, la instalación de un sismógrafo por la compañía francesa del canal, antes de la creación de la sala de Ancón, demuestra que ya existían antecedentes de observación instrumental. La habilitación de esta sala representó un nuevo paso en el desarrollo de la vigilancia sísmica en el istmo, en un período en que la expansión de las obras de infraestructura hacía cada vez más relevante conocer y estudiar estos fenómenos.

El terremoto del 30 de septiembre de 1913

El 30 de septiembre de 1913, un fuerte terremoto sacudió el istmo pocos días después del primer esclusaje de prueba en las esclusas de Gatún, realizado el 26 de septiembre. Los instrumentos de Ancón registraron un movimiento tan intenso que las agujas se salieron de escala. Hubo deslizamientos en el interior y grietas en algunas paredes de edificios de la ciudad de Panamá. Sin embargo, el ingeniero William C. Gorgas informó a Washington que el Canal no había sufrido daños. El episodio ofreció una prueba fortuita de la resistencia de las esclusas y sus equipos.

El traslado a Balboa Heights

La sala de registros sísmicos permaneció en Ancón hasta el 1 de octubre de 1914, cuando fue trasladada a Balboa Heights. La nueva sede se encontraba en el sótano del Edificio de la Administración, inaugurado el 15 de julio de 1914. No era un gran laboratorio, sino una sala de aproximadamente 6.4 por 6.7 metros que albergaba equipos delicados para registrar terremotos ocurridos a distintas distancias. Seguía formando parte de la Sección de Meteorología e Hidrografía.

Los instrumentos registraban las vibraciones del suelo y dejaban trazos que después debían ser interpretados. No todo movimiento registrado correspondía necesariamente a un terremoto: el paso de un tren o las explosiones de dinamita asociadas a trabajos de construcción también podían producir señales. Distinguir unas de otras requería conocimientos especializados y la comparación con observaciones adicionales.

En ese espacio funciona hoy en día Tu Canal TV, de la Autoridad del Canal de Panamá, que entró en operaciones en 2015.

De Ancón a Balboa Heights: historia de la observación sísmica en la Zona del Canal
Daños registrados en Puerto Armuelles, durante el terremoto de 1934. Arriba el tanque de agua destruido y abajo la vía férrea desplazada (Fuente: The Panama Earthquakes of July and August, 1934)

Puerto Armuelles, 1934

Entre julio y agosto de 1934, Panamá y la Zona del Canal experimentaron una secuencia inusual de terremotos. El informe The Panama Earthquakes of July and August, 1934, publicado por el USGS, contabilizó 114 movimientos sísmicos registrados instrumentalmente entre el 17 de julio y el 17 de agosto. La cifra contrasta con los 78 movimientos registrados durante todo 1933. Cinco de los sismos de 1934 fueron sentidos ampliamente por residentes de la Zona del Canal, con intensidades IV a V en la escala modificada de Mercalli.

El episodio más destructivo afectó a Puerto Armuelles. Henry W. Bigelow Jr., ingeniero cartógrafo subalterno del Servicio Hidrográfico Naval de Estados Unidos (United States Naval Hydrographic Survey), se encontraba en la región y preparó un relato detallado de los temblores y sus consecuencias.

El primer terremoto que describió ocurrió a las 8:38 de la noche del 17 de julio. Esa misma noche sintió otros dos movimientos, a las 11:00 y a las 11:30. En ese momento se encontraba anclado frente a la isla Parida y observó cómo sus habitantes, asustados, abandonaban la isla.

El 21 de julio, alrededor de las 5:40 de la mañana, un nuevo movimiento lo despertó a bordo del USS Nokomis, frente a Puerto Armuelles. Bigelow corrió hacia el costado del barco. Alcanzó a ver cómo se apagaban las luces del muelle y escuchó un crujido profundo seguido de un estruendo. Según su relato, debió ser entonces cuando se derrumbó parte de la estructura.

Cuando desembarcó, aproximadamente dos horas después, encontró que había desaparecido una sección del muelle. También se habían perdido tres bandas transportadoras de banano. Los daños alcanzaron también la infraestructura que sostenía la vida cotidiana. El tanque de agua se desplomó junto a la vía férrea, bloqueó la línea principal y derribó las líneas telefónicas y telegráficas. Las tuberías de agua, alcantarillado y petróleo también resultaron rotas.

En el terreno aparecieron grietas de distintas dimensiones y orientaciones. Mientras tanto, la población permaneció atemorizada. Durante la semana siguiente, muchos habitantes durmieron al aire libre, utilizando tiendas de campaña suministradas por el Ejército y la tripulación del Nokomis. Los temblores menores continuaron de forma intermitente; el último del que Bigelow tuvo conocimiento ocurrió el 4 de agosto.

De Ancón a Balboa Heights: historia de la observación sísmica en la Zona del Canal
W.H. Esslinger, jefe de Hidrografía, rodeado por los nuevos instrumentos adquiridos en 1956 para el registro de seísmos (Fuente: The Panama Canal Review, Vol. 7, No. 5)

Los instrumentos de Balboa Heights se conectan con el mundo

En 1956, el observatorio sísmico de Balboa Heights recibió nuevos instrumentos capaces de registrar terremotos distantes. La modernización fue descrita en The Panama Canal Review, que presentó la estación como parte de una red internacional de observación sísmica.

Los equipos eran sismógrafos del tipo Galitzin. Las vibraciones del suelo hacían oscilar un sistema de péndulo y bobina dentro de un potente campo magnético, generando una señal eléctrica. Esta se transmitía a un galvanómetro, cuyo espejo proyectaba un punto de luz sobre papel fotográfico colocado en un cilindro giratorio. El desplazamiento de la luz dejaba un registro gráfico de los movimientos del terreno.

De Ancón a Balboa Heights: historia de la observación sísmica en la Zona del Canal
W. H. Esslinger, jefe de Hidrografía, acompañado por Robert D. Munson, del Servicio de Costas y Geodesia de los Estados Unidos, calibrando los nuevos instrumentos instalados en 1962 (Fuente: The Panama Canal Review, Vol. 12, No. 7)

Otra actualización ocurrió en 1962, con la llegada de equipos mucho más sensibles. Estos estaban sincronizados con la señal horaria transmitida desde la estación de radio de Summit, operada por la Marina estadounidense en la Zona del Canal. Esta referencia horaria permitía precisar el momento de los registros sísmicos y facilitaba su comparación con los obtenidos en otras estaciones. De esta forma, la estación pudo integrarse al sistema mundial de registro, que contemplaba 125 estaciones distribuidas en 65 países e islas, en seis continentes.

Del observatorio a la Universidad de Panamá

El observatorio de Balboa Heights cerró en 1977. Su clausura planteó el riesgo de perder equipos y una capacidad de observación acumulada durante décadas.

De acuerdo con la historia institucional del Instituto de Geociencias, el profesor Bert Shelton impulsó una campaña nacional para conservar esa capacidad. La iniciativa fructificó en 1979, cuando los antiguos equipos de Balboa Heights fueron instalados en el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá. Allí surgió la Estación Sismológica Universidad de Panamá, concebida también para ofrecer información sísmica al público y a los medios de comunicación nacionales e internacionales.

La instalación de los equipos en 1979 no significó que el monitoreo continuo comenzara ese mismo año. Según el Instituto de Geociencias, fue el 23 de octubre de 1983 cuando la Universidad de Panamá reabrió las operaciones y comenzó la vigilancia continua de la actividad sísmica, las 24 horas del día, durante todo el año, con los instrumentos trasladados desde la estación de Balboa.

La historia institucional del Instituto de Geociencias identifica ese momento como un hito en la continuidad de la vigilancia sísmica en el país. A partir de entonces, la institución fue desarrollando su capacidad de observación, con equipos y estaciones adicionales. Hoy, el trabajo es muy distinto del que se realizaba con péndulos y papel fotográfico. La red sísmica del Instituto de Geociencias utiliza estaciones distribuidas en el territorio nacional, que transmiten registros para su análisis. La información permite localizar los sismos, calcular su magnitud y estudiar las fuentes que los generan.

Pero la lógica fundamental permanece: registrar las vibraciones, analizar las señales y contrastar la información obtenida en diferentes lugares.

Una historia que sigue bajo nuestros pies

La historia de la observación sísmica en Panamá no terminó con el cierre del observatorio de Balboa Heights. Los equipos trasladados a la Universidad de Panamá y el desarrollo posterior de su red de estaciones permitieron dar continuidad a una labor que había comenzado décadas atrás en instalaciones de la antigua Zona del Canal.

Los instrumentos han cambiado, al igual que los métodos para analizar y compartir sus registros. Pero la tarea esencial permanece: convertir las vibraciones del suelo en información que permita comprender los terremotos y sus efectos. Detrás de cada registro hay una historia de observación científica, colaboración y esfuerzo por conocer mejor el territorio en el que vivimos.

El autor es creador de la cuenta @canalzonepty