La tierra no ha dejado de moverse en 2026. Durante este año, varios sismos de magnitud considerable han sacudido países como Colombia, Venezuela, México y Perú, algunos de ellos lo suficientemente fuertes como para ser percibidos a cientos de kilómetros de sus epicentros o causar graves daños y dejar a miles de personas afectadas.

El más reciente ocurrió el 10 de agosto en Colombia. Un terremoto de magnitud 7.4, registrado en el departamento de Chocó, dejó al menos 200 fallecidos y más de 500 heridos, según los balances conocidos hasta este martes. El movimiento provocó daños estructurales en distintas zonas del país y también fue percibido en Panamá, donde se reportaron evacuaciones preventivas.
Pero este no ha sido el único movimiento de importancia registrado en el continente durante el año. Otros terremotos han ocurrido en países vecinos y en zonas sísmicamente activas del Pacífico y el Caribe.
Uno de los principales ocurrió el pasado 24 de junio en Venezuela, cuando dos terremotos, de magnitudes 7.2 y 7.5, sacudieron el norte del país con apenas segundos de diferencia. El doblete sísmico provocó el colapso de 190 edificaciones, principalmente en La Guaira y otras zonas afectadas.
Mapa interactivo del antes y el despúes de Venezuela luego de los terremotos de 7.2 y 7.5. Esri Venezuela DRP.
El desastre dejó además un saldo de más de 6 mil fallecidos y 16,740 heridos, de acuerdo con el balance oficial difundido el 25 de julio. Otras 17,907 personas perdieron sus viviendas, mientras que 856 edificios resultaron afectados.
Posteriormente, el 17 de julio, un terremoto de magnitud 7.3 sacudió el estado mexicano de Chiapas, en el sur del país. El epicentro se ubicó a unos 58 kilómetros al suroeste de Puerto Madero, a una profundidad de 18.6 kilómetros, de acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos.
Cerca de media hora después se registró una réplica de magnitud 6.4, a unos 86 kilómetros al suroeste de Puerto Madero y a 10 kilómetros de profundidad.

Un día después, el 18 de julio, un sismo de magnitud 5.4 remeció la provincia de Chupaca, en la región peruana de Junín. El Instituto Geofísico del Perú determinó posteriormente que el movimiento estuvo relacionado con la reactivación de la falla Altos del Mantaro. La poca profundidad del sismo y la vulnerabilidad de las viviendas, muchas construidas con adobe, contribuyeron a los daños registrados.
A este recuento se suman sismos registrados en países como Ecuador y Chile, países que están ubicados en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las zonas con mayor actividad sísmica del planeta.


