El 11 de marzo de 1976 tuve la fortuna e intimidante tarea de entrevistar a Don Diógenes de la Rosa (1904-1998), quien fuese militante socialista, escritor y diplomático panameño.
Me gustaba asignar las obras de Don Diógenes a mis estudiantes de antropología y sociología en la Universidad Santa María La Antigua y la Universidad de Panamá.
Don Diógenes se graduó como maestro en el Instituto Nacional en 1921 y fundó y dirigió periódicos que desaparecieron rápidamente, por funcionar más como órganos de combate ideológico y social que como empresas comerciales. Entre esos semanarios y periódicos efímeros se encuentran: Comentario, con Domingo H. Turner; El hombre libre, El inquilino, El Laborista, El grito del pueblo, El nuevo liberal, El campesino, El pana libre, Frente popular y Acción socialista.
Fue miembro popular del Consejo Municipal de Panamá, diputado a la Asamblea Nacional Constituyente en 1946 por el Partido Socialista y ayudó a redactar la Constitución Nacional de 1946.
De la Rosa también fue negociador de los tratados canaleros con Estados Unidos y asesor del presidente Ernesto de la Guardia (1956-1960), así como de los presidentes venezolanos Rómulo Betancourt (1945-1947 y 1959-1964) y Carlos Andrés Pérez (1974-1979 y 1989-1993).
Entre sus obras están Tamiz de noviembre: dos ensayos sobre la nación panameña (1930), Eusebio A. Morales, conciencia crítica de la República (1949) y Ensayos varios (1968).
Don Diógenes fue una de las mentes mas lúcidas del país. De vocabulario sencillo, cuando lo entrevisté no sabía si decirle Don Diógenes... él me insistía en que lo llamara Diógenes.

A continuación, comparto las breves notas que tomé durante la entrevista del 11 de marzo de 1976.
“La Constitución de 1946 difiere en materia indígena de todas las otras porque obedece internacionalmente al triunfo de la fuerza progresista sobre el fascismo. A mi me tocó participar en la elaboración de esta Constitución en su capítulo sexto. Teníamos una visión mas amplia y global de la problemática nacional”.
“Desafortunadamente, las leyes indígenas anteriores eran producto de la mentalidad feudal de los liberales. Yo representaba al Partido Socialista. También estaban Jorge Isaac Fábrega y otras personas que pertenecían a otras orientaciones ideológicas. Por eso verá usted que el capítulo sexto sobre colectividades campesinas e indígenas, reflejan estas distintas corrientes ideológicas”.
Le dije al señor de la Rosa que se notaban dos conceptos antagónicos que integran y al mismo tiempo desarrollan las culturas indígenas. A lo cual me explicó que esto era reflejo de las distintas orientaciones de los constituyentes. “Usted encontrará ‘incompletamente’ las discusiones sobre la Constitución en los anales de la Asamblea”.
A la pregunta de si hubo discusión interna de parte de los indígenas me dijo que no. “Desgraciadamente esa es la historia de este pueblo nuestro. Todas sus conquistas se les han dado de arriba, sin lucha. Por tanto, no se ha creado conciencia. Lo mismo sucedió con las leyes indígenas. Yo también estuve en desacuerdo con la idea de integrar los indígenas al país, que había que respetar su autonomía cultural. También propuse que no participaran en las elecciones, que se le dieran dos o tres diputaciones y que ellos mismos eligieran a sus representantes”.
“Desgraciadamente la estructura política indígena era una cadena transmisora de la corrupción y vicio de la estructura de los partidos políticos de Panamá”.
Harmodio Arias llegó a San Blas en 1932 y le quitó a Pancho Arias todos los votos del área porque vino con una bolsa llena de plata y ofreció mas plata que Pancho Arias.
Entonces, los caciques se fueron con Harmodio Arias. Esta corrupción aparentemente se daba en todas las regiones indígenas.
A la pregunta de si era verdad que las reservas en Bocas del Toro y la serranía del Tabasará obedecieron a los intereses políticos provinciales, que querían los votos indígenas, de la Rosa asintió con la cabeza y me dijo que sí, que era cierto. “Los políticos provinciales hacían esas promesas de conseguirles las reservas a los indios a cambio de voto, se creaban ellos entonces sus feudos locales, porque los indios se iban por donde el cacique les decía... que fueran con tal político”.
En esto concuerda entonces la información que me proporcionaron de Alba y de la Rosa. En síntesis, existió siempre gran corrupción en el proceso electoral a nivel de las comunidades indígenas, reflejo claro de lo que ocurría en todo el país.



