Las tortugas verdes que llegan a las playas del Pacífico panameño para depositar sus huevos tienen una conexión que hasta ahora era desconocida. Investigadores descubrieron que los ejemplares que anidan en Playa El Gato, en la provincia de Veraguas, están genéticamente relacionados con poblaciones de tortugas marinas de Guanacaste, Costa Rica.
El hallazgo es resultado de un proyecto de investigación y monitoreo desarrollado por científicos de la Estación Científica Coiba-AIP, en colaboración con investigadores de Chile, quienes han estudiado las características genéticas de esta especie y su relación con otras poblaciones de tortugas del Pacífico oriental.
La investigación, titulada Refining Management Units of Green Turtles in the Eastern Pacific: Genetic Evidence From a Newly Characterized Nesting Site in Panama, fue publicada el 18 de octubre de 2026 en la revista científica Aquatic Conservation: Marine and Freshwater Ecosystems.
Para llegar a estos resultados, el equipo analizó muestras genéticas de 50 hembras de tortuga verde que anidan en Playa El Gato y las comparó con 545 secuencias genéticas previamente publicadas de otras poblaciones de la región.
El artículo tiene como autores a los panameños Eric Flores, Fiorella Muñoz-Domínguez y Joelbin de la Cruz, y a los chilenos Rocío Álvarez-Varas, David Véliz y María José Pérez.

En conversación con La Prensa, el doctor Flores señaló que este descubrimiento permite incorporar a Panamá dentro de una unidad de manejo genético que anteriormente se reconocía en Guanacaste, Costa Rica.
Según explicó el científico, este tipo de unidades agrupan poblaciones de una especie de acuerdo con sus características genéticas y permiten orientar las acciones necesarias para protegerlas.
También destacó que el hallazgo representa un avance importante, pues permite comprender que las tortugas que llegan a anidar en esta playa panameña forman parte de una población con vínculos genéticos que trascienden las fronteras nacionales.
Sin embargo, reconoció que todavía existen preguntas por responder. Los científicos plantean distintas hipótesis para explicar esta relación, entre ellas que ambas poblaciones compartan antepasados comunes, que exista conectividad entre sus áreas de alimentación o que tortugas relacionadas con las poblaciones de Costa Rica hayan comenzado a anidar en Playa El Gato en tiempos relativamente recientes.
Flores señaló que será necesario continuar recopilando información durante varias temporadas y utilizar otros marcadores genéticos para comprender mejor el origen de esta conexión.
Tortugas verdes bajo amenaza
Aunque el descubrimiento representa un avance para la conservación de la especie, las tortugas verdes continúan enfrentando numerosas amenazas durante su ciclo de vida. Entre esas amenazas se encuentran la extracción excesiva de huevos, las modificaciones de las playas, la iluminación artificial cerca de las zonas de anidación y las capturas accidentales en artes de pesca.
A estos factores se suman depredadores naturales como coyotes, mapaches y aves rapaces, que pueden consumir tanto los huevos como las crías recién nacidas.
Flores explicó que en Playa El Gato los investigadores han documentado la presencia de estos depredadores, que representan un desafío adicional para la supervivencia de las nuevas generaciones.

La situación resulta especialmente preocupante porque una tortuga verde puede tardar entre 20 y 25 años en alcanzar su madurez reproductiva. Esto significa que cada ejemplar debe sobrevivir durante décadas antes de contribuir al nacimiento de una nueva generación.
Microplásticos en todas partes, hasta en las tortugas
Otra amenaza que preocupa a los investigadores es la presencia de microplásticos en tortugas desde sus primeras etapas de desarrollo. Aún se desconoce si estas partículas pudieran llegar desde el ambiente hasta las crías o si sucede mediante una cadena de transferencia reproductiva.
Para investigar este fenómeno, se está trabajando en colaboración con Leah Costello, estudiante de doctorado de la Universidad de Manchester, en el Reino Unido, quien ha obtenido muestras en playas de anidación en Panamá, explica el doctor Flores.
Es decir, las nuevas generaciones de tortugas marinas enfrentan otra amenaza: podrían estar naciendo con pequeñas partículas de plástico en sus organismos. Aunque todavía se estudian sus efectos sobre el desarrollo embrionario, el investigador considera preocupante que estos contaminantes estén llegando a nuevas generaciones incluso antes de su nacimiento.
La temperatura también determina su futuro
Además de la conexión genética, los científicos están investigando cómo las variaciones de temperatura podrían afectar la reproducción de las tortugas verdes.
A diferencia de los seres humanos, el sexo de las tortugas verdes depende de la temperatura a la que se incuban los huevos.
Flores explicó que, de manera general, las temperaturas más elevadas favorecen el nacimiento de hembras, mientras que las más bajas favorecen el nacimiento de machos. Sin embargo, los umbrales pueden variar entre especies y poblaciones de una misma especie.
Para estudiar este fenómeno, los investigadores planean instalar sensores de temperatura en Playa El Gato y esperan ampliar este monitoreo a playa Río Amarillo, en la isla de Coiba.

El objetivo es determinar si los cambios en la temperatura de la arena están alterando la proporción de machos y hembras que nacen en estas playas y el éxito reproductivo.
Flores explicó que el monitoreo a largo plazo también permitirá conocer si las poblaciones están aumentando o disminuyendo, cuántas hembras llegan a anidar por temporada y qué proporción de sus huevos logra eclosionar.
Con estos resultados, los científicos esperan generar información que permita fortalecer las estrategias de protección de una especie cuya supervivencia depende tanto de las condiciones naturales como de las actividades humanas.


