La ganadora del Premio Ricardo Miró 2026 en la categoría de teatro habla sobre Meme Baila, una obra que cuestiona la representación de la mujer en la literatura panameña, revisa la memoria cultural y propone una nueva lectura de Incidente de cumbia, de Demetrio Korsi.

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¿Qué ha significado para usted ganar el Premio Ricardo Miró en esta nueva edición con ‘Meme Baila’? ¿Cómo recibió la noticia?

Muy contenta, primero que todo, y muy agradecida. Yo le tenía mucha fe a la obra. Sabía que era un buen material y que tenía posibilidades. Claro que en los concursos siempre va a haber tres o cuatro obras que son merecedoras del premio, y uno también tiene que tener un poquito de suerte para que al jurado le guste la obra que está presentando.

Esta es la tercera vez que lo gano. La primera fue en 2014, con una obra que se llama Tránsito; la segunda, en 2018, con Los inocentes, y ahora, en 2026. Las tres veces ha sido en la categoría de teatro, que es a lo que me dedico.

¿Cómo nació la idea de escribir Meme Baila?

Tengo años pensando en esta obra. Durante la pandemia abrí una página de Instagram que se llama Gente Leyendo Poesía y le pedí a la gente que se filmara leyendo un poema y me lo mandara. Es bien bonito porque puedes ver personas mayores, jóvenes, de todas las edades, y en todos los idiomas. La gente me mandaba sus poemas favoritos. Había de todo tipo, desde los de grandes poetas hasta los escritos por ellos mismos.

Me llamaba la atención que el poema que más me mandaban, es decir, el que más le gusta a la gente declamar, es Incidente de cumbia, de Demetrio Korsi. Eso me hizo pensar que ese es verdaderamente nuestro poema nacional, no Patria, como a veces queremos pensar, sino Incidente de cumbia, porque es el que la gente se sabe. Si tú empiezas con «Queja de indio y grito de chombo», de una vez la gente empieza a recitarlo. Se lo saben, quieren decirlo, lo dicen con pasión y con fuerza.

Es un poema muy hermoso que habla sobre el panameño que traiciona a su patria. Realmente, a eso es a lo que se refiere, ¿no? Meme se va con un gringo y Chimbombó la mata por traicionarlo. Pero también es un poema sobre un femicidio, y eso es algo que no queremos mirar. Nada más queremos ver la parte patriótica, pero no queremos mirar la parte del femicidio.

Me llama poderosamente la atención que, durante tantos años, haya sido el poema que los niños se aprenden para el mes de mayo, el mes de la afrodescendencia en Panamá. Los niños tienen que aprenderse un poema de un poeta negro o que hable sobre la afrodescendencia, y se aprenden ese poema. Pero yo te aseguro que en ninguna escuela se discute esa parte del femicidio.

Todo eso me llevó a pensar en la obra. Yo no quería escribir una obra que pasara dentro del poema, porque creo que eso ya se ha hecho bastante en Panamá. Hay varias obras que cuentan lo que pasa en la cantina de Pancha Manchá. Yo no quería escribir eso; más bien quería que los personajes confrontaran al poeta.

Lo que pasa en la obra es que, durante las últimas noches de vida del poeta Korsi, él estuvo en cama dictándole a su esposa. Eso ya está contado por el historiador Bolívar Franceschi. Incluso, la esposa le dio el poema sin terminar para que él lo guardara, porque decía que, si no, se iba a perder.

Yo tomé ese momento. En la obra entra una enfermera a cuidarlo durante la noche y a ser como su copista. El público nunca va a saber si, por la fiebre, él empieza a ver a Meme en esa enfermera o si eso realmente está pasando.

Meme empieza a reclamarle y los dos tienen durante toda la noche una gran discusión sobre por qué ella tenía que morir, por qué no era libre de tomar su propia decisión y qué necesidad había de que muriera en el poema. Entonces ella le dice que cada vez que el poema se narra, ella vuelve a morir. Es un poco la revictimización de los personajes.

Básicamente, se trata de sentarnos a pensar en las cosas que consideramos nuestros símbolos y signos, y mirarlas con ojos nuevos, con ojos frescos.

¿Qué le gustaría que el público comprendiera, sintiera o se cuestionara después de leer o ver Meme Baila?

Primero, las capas que hay en algo tan cotidiano como una poesía que todos nos sabemos. Es verdad que habla de la soberanía, es verdad que habla de la traición, pero también habla del ser humano, de la mujer, de la raza. Se hablan de un montón de cosas en un poema. No nos podemos quedar nada más en la superficie. Esa es una de las cosas que quisiera que pudiéramos explorar.

Por otro lado, quisiera que lográramos que la gente acepte que esto es un femicidio y que Meme tenía derecho a irse con quien ella quisiera, porque era un ser libre.

Tal vez ese poema, en este tiempo, no hubiera pasado la prueba, pero eran los años veinte y treinta. Se ha convertido en un símbolo y está bien. Estoy de acuerdo con que ese poema hay que enseñarlo y con que los niños deben sabérselo, pero también creo que es un tema que hay que discutir.

¿Podría compartir alguna anécdota del proceso que conllevó esta obra?

En la casa de uno, en mi época —yo nací en 1970—, había un tocadiscos y unos discos que siempre estaban ahí. Uno era El violinista en el tejado, que me sé y hasta el día de hoy es mi musical favorito. Pienso que tener ese disco ahí tuvo algo que ver con que finalmente me decidiera a hacer teatro.

Pero había otro disco, de Anita Villalaz. En ese disco, Anita declamaba los principales poemas panameños, como Al Cerro Ancón. También declamaba Incidente de cumbia. Yo me sé de memoria esa declamación de Anita, el ritmo que le ponía, las inflexiones que hacía y a qué palabras les daba un significado y un peso especial. Es tanto que hasta el día de hoy puedo declamarlo como lo hacía Anita Villalaz.

Hice el ejercicio de declamarlo como Anita Villalaz y también de hacerlo burlándome de Chimbombó, haciendo énfasis en que él era objeto de burla y en que Meme tenía derecho a irse con quien ella quisiera. El poema cambia completamente. La intención que tú le das cuando lo dices hace que cambie también la intención del poema.

Eso fue un descubrimiento para mí: que, a lo mejor, todos lo hemos entendido mal durante todo este tiempo. Fue lindo.

¿Qué significa este reconocimiento para su carrera y qué representa hoy día?

Yo creo que es como cuando uno le pone el sellito de la Palma de Oro a una película, ¿no? Cuando haga el afiche de Meme Baila, voy a poder ponerle las palmitas de oro: ganadora del Premio Ricardo Miró.

Eso le da a la gente una seguridad. Es una obra que le gustó al jurado, de alguna manera, y que es una obra seria. Entonces me conviene mucho, porque la gente ya va con la idea de que va a encontrar un buen texto.

Creo que la gente debe más o menos saber el tipo de teatro que me gusta hacer. Ya van con una expectativa de lo que van a ver, de que es un tema panameño y de que es un tema que nos va a poner a pensar, que nos va a raspar por dentro.

¿Cómo es su proceso de escritura teatral?

Yo empiezo con un concepto, con una idea. Por ejemplo, empecé con la idea de que el poeta Korsi estuviera en cama y Meme lo estuviera cuidando. Tal vez estaba pensando en una situación de indefensión del poeta: que estuviera indefenso porque ahora él es el que está enfermo, el que no se puede mover, y ella es quien puede darle los cuidados, la atención y los medicamentos.

Es un poquito cruel, ¿sabes? Se voltean los papeles, porque ahora él queda en manos de ella, cuando ella siempre ha estado en manos del poeta, porque él la creó e hizo lo que quiso con ella. Entonces eso cambia un poquito.

Empecé a escribir con esa sensación. Al final, no es que el personaje lo maltrate a él ni nada, pero partí de esa idea. Tengo vagamente un armazón hecho en mi cabeza y ahí empiezo a escribir y a escribir, y voy viendo por dónde voy.

También pasa que los personajes van cogiendo vida propia y empiezan a decidir lo que quieren hacer o lo que no quieren hacer. Pero más o menos sé hacia dónde vamos cuando empiezo a escribir.

Isabel Burgos y la historia detrás de Meme Baila, ganadora del Ricardo Miró
Isabel Burgos ha representado a Panamá varias veces; recientemente, en la Feria del Libro de República Dominicana. Foto/Cortesía

¿Cómo ve el momento que atraviesa actualmente la dramaturgia panameña?

Para mí, la dramaturgia es durísima, porque el libro de dramaturgia no se vende. Se vende, pero quienes compran dramaturgia son los otros teatristas. Así que realmente el dramaturgo trabaja para montar la obra. Si no, uno no tiene razón para escribir: si no la vas a llevar a escena, ¿para qué estás escribiendo?

Siento que sí hay dramaturgia. Tengo compañeros dramaturgos extraordinarios que tocan temas de esta época, y eso es lo importante del artista: que trabaje los temas de su época, que responda a la época que estamos viviendo y al país.

En el Ricardo Miró, todos los años, desde la última vez que se declaró desierto, hace tiempo, han venido ganando grandes obras, muy buenas obras.

Yo quisiera que más mujeres escribieran teatro, porque, como siempre les digo a las muchachas, si las mujeres no escribimos nuestra historia, ¿quién la va a escribir? Un hombre. Yo sí quisiera que más chicas se decidieran a escribir teatro, pero ahí vamos, poquito a poquito, empujando. Creo que va a llegar el día en que tengamos siempre una obra panameña en escena.

Después de este reconocimiento, ¿qué más podemos esperar de Isabel Burgos?

El otro año quiero llevar la obra a escena. El Ministerio de Cultura, exclusivamente en la categoría de teatro, da un empujoncito adicional con un aporte económico para que la obra se pueda llevar a escena. Así que el otro año quiero montarla.

También sigo escribiendo mi novela, a ver si algún día la termino. Espero estar presentándola el otro año en la Feria del Libro.

El fallo del jurado de teatro

El jurado del Concurso Nacional de Literatura Ricardo Miró 2026, integrado por Patricia Suárez (Argentina), René Estuardo Galdámez (Guatemala) y Alex Mariscal (Panamá), eligió por unanimidad a Meme Baila, presentada bajo el seudónimo Encarnación, entre las 23 obras evaluadas.

En su fallo, destacó la estructura dramática de la obra, con una línea de acción tensa y ágil y una gran economía escénica. También resaltó su estudio de la memoria literaria panameña desde una perspectiva feminista, así como el abordaje de la revictimización y el uso del metateatro para cuestionar los límites entre ficción y realidad, y el derecho de un autor a biografiar a sus personajes.