Nunca antes había escuchado sobre Rita Indiana. Estaba en un viaje por trabajo en República Dominicana y en mi parada obligatoria en una librería la descubrí en los anaqueles de autores nacionales.

Me llamó la atención su nombre y después la portada de uno de sus libros, bajo la editorial Periférica. Se trata de una sombra fuera de foco y detrás de ella un poster del Ché y un afiche de la revolución cubana. Hecho en Saturno, se llama el libro, que “aborda las contradicciones y la devastación ideológica que conecta Cuba con su natal República Dominicana”. Obviamente me lo llevé.

De eso trata también ser lector. No solo de ir a buscar las obras que uno ya tiene identificadas, de las que ha leído reseñas y desea entrar en esas realidades, o cuyo autor uno ya conoce y quiere seguir disfrutando de sus mundos. Sino también de dejarse llevar por títulos, por portadas, por las reseñas de la parte de atrás.

Así descubrí también Stoner, de John Williams. Tenía unos días libres en otro país y decidí visitar cuanta librería pudiese. Y en todas veía aquel libro. En algunas en la mesa de destacados, en otras en los anaqueles del fondo. Parecía que no importaba dónde estuviera, siempre lo lograba encontrar. Y decidí sucumbir ante el destino (así me lo tomé) y me lo llevé. Y es uno de los mejores libros que he leído en los últimos años.

También se vale estar atento a comentarios. En una conversación, alguien mencionó Mil de fiebre. El nombre me gustó mucho y cuando lo busqué por internet, la portada me enloqueció, así que lo pedí. Y resultó que ese libro, del uruguayo Juan Andrés Ferreira, fue uno de los mejores que leí aquel año. ¡Librazo!

Se vale todo. Una portada linda o potente. Cada vez que voy a una librería, por ejemplo, quiero llevarme todos los libros de Impedimenta. El arte que tienen en las portadas me llama con intensidad. Se vale también el tema del libro, ya sea algo que le interese o simplemente que le llame la atención. Es algo así como leer por instinto. Y creo que en esta época, en la que tenemos acceso inmediato a la información sobre un autor, una referencia o un tema, tiene muchísimo valor descubrir algo inesperado. Esa sensación de entrar a lo desconocido y salir maravillado. Obviamente habrán chascos, porque la lectura es como la vida misma, pero en general, al menos en mi caso, el instinto me ha funcionado como una herramienta útil y valiosa.

Dejarse entregar a los propios instintos es parte de ser lector.