A inicios del verano de 1970 me gradué en Antropología en la Universidad de Los Andes, en Bogotá. Regresé a Panamá bajando el Magdalena en un remolcador que vendía cemento. En Cartagena tomé la lancha Doris, que compraba pescado en las islas de San Bernardo, donde había realizado el trabajo de campo para mi tesis en 1969. Un pescador me llevó en cayuco a Tolú y en Coveñas abordé una canoa del comercio costanero que me dejó en Narganá, islas del archipiélago de San Blas, hoy comarca Guna Yala.
Mi primer trabajo fue en la Dirección General para el Desarrollo de la Comunidad, encargada de asuntos indígenas, sección con 30 trabajadores comunales con cuyo apoyo recorrería Darién, San Blas, Bocas del Toro, Veraguas y Chiriquí. Pero mi primer viaje de campo fue, a solicitud de la doctora Reina Torres de Arauz, al río Bayano, adonde fui a explicarle a los kunas —hoy gunas— la decisión del gobierno nacional de construir una represa que inundaría sus tierras.
En dos piraguas partimos de La Capitana. Noté la inmensa selva y, de súbito, un letrero pintado a mano y desteñido que advertía el ingreso a la comarca Kuna de Bayano. El letrero también indicaba que debía contarse con permiso de los caciques y el año de creación: 1932. Era la primera vez que veía un letrero que aludía a una comarca, en este caso indígena, y no a un distrito o corregimiento.

Al anochecer llegamos al caserío de Ipetí o Aguas Claras, hermoso afluente del Bayano. En la casa del congreso nos reunimos con la comunidad encabezada por Leónidas Brenes, el sáhila más importante de los kunas de Bayano. Posteriormente, dedicaría mucho tiempo a investigar los antecedentes de las comarcas en Panamá.
Pasó el tiempo. Trabajaba en la Dirección de Planificación de la Presidencia cuando me enteré que don Manuel María Alba había tenido un papel importante en la decisión del presidente Harmodio Arias Madrid en crear la comarca de Bayano. Me propuse dar con él y entrevistarlo.
Don Manuel había nacido en Soná, Veraguas, en 1891, tiempos de Colombia. Su familia era pobre y con muchos hermanos. Trabajó en fincas ajenas y no tuvo educación formal. Fue autodidacta. Tempranamente migró a Panamá donde estudiaba su amigo Florentino Dutari. Fue periodista, historiador, novelista, cuentista, miembro de la Academia Panameña de la Historia y de la Sociedad Indigenista Americana. Varias de sus obras giraban sobre temas indígenas. Entre sus libros estaban Geografía Descriptiva de la República de Panamá, El Cacique Urracá, Indígenas de Panamá, Manual de gramática de la cultura Cuna, Introducción al estudio de las lenguas indígenas de Panamá y Manual de Gramática Cuna. También se había interesado sobre los volcanes de Panamá. La escuela de Soná, Veraguas, llevaba su nombre.

Finalmente, el 9 de marzo de 1976, lo entrevisté sobre su papel en la creación de esta comarca. Me habló de las guerras del caucho en las selvas Bayano en el siglo XIX, entre kunas y caucheros; del interés de la United Fruit Company por las tierras de Bayano para cultivar bananos a inicios del siglo XX. Y sus recuerdos sobre la temprana creación de esta comarca.
Esto me contó:
“La reserva del Bayano se la saqué yo a la United Fruit de la boca. En 1932 a los indios les iban a dar unas 7 mil u 8 mil hectáreas porque la Compañía quería los bajos de Bayano para sembrar banano. Bayano estaba cerrado desde la Guerra de los Caucheros en 1856, cuando los indios cerraron el área”.
“Yo era amigo de Pulicua, Sáhila de Pintupo. Sobre la Guerra de los Caucheros hay una obra de un escritor Tirado”.
“Blas D´anello era agrimensor contratado por los indios de Bayano para que les midiera las tierras para ellos. El les hacía un juego doble a los Kunas pues quien lo dirigía era Mr. Peck [Harry] de la United Fruit quien quería a Bayano".
“D´anello se pegó una borrachera con dos personas más y perdió unas cartas que le mandaba Peck. Cartas que recogieron los indios y me las enseñaron a mí“.
“Yo fui donde mi padrino Ricardo J. Alfaro y se las enseñé y el llamó al doctor Harmodio Arias y fui donde él y entonces el dictó frente a mi la ley de la reserva del Bayano para protegerlos”.
“Me valí de una mentira, pues le dije al doctor Arias que los indios eran como 10 mil a 8 mil. También le dije que Peck se servía de Danello para medir las tierras para la United Fruit Company”.
Según don Manuel las comarcas en Bocas del Toro, la Serranía de Tabasará y Darién se las dieron a los indígenas como resultado de un favor del régimen de turno a los políticos provinciales y estos, a su vez, prometían crear la comarca si votaban por ellos.
Ese viaje a Bayano en 1970 despertó mi interés por las comarcas, tema que investigaría a lo largo de las décadas de 1970 y 1980. Acumulé un extenso archivo sobre las tierras indígenas en los siglo XIX y XX, archivo que mucho me sirvió, como también a universitarios de tesis e investigadores extranjeros. También ayudarían durante las discusiones que se dieron para demarcar estas tierras en Chiriquí, Bocas del Toro, Veraguas y Darién.


