Nueva York abre las puertas al mundo secreto de los elefantes

Nueva York abre las puertas al mundo secreto de los elefantes
Visitantes en la exposición "El mundo secreto de los elefantes", en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. EFE/Ángel Colmenares

No hace tanto, el planeta estaba lleno de elefantes: grandes, pequeños, peludos... Su historia está plagada de pérdida, pero también de asombro y misterio, algo a lo que el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York quiere hacer justicia con su nueva exposición: El mundo secreto de los elefantes.

“Mi recuento es entre 15 y 17 especies de elefantes y sus parientes que existieron por todo el planeta en los últimos mil millones de años. Y ahora nos quedan tres. ¿Qué sucedió?”, se pregunta el comisario de la exhibición, Ross MacPhee.

MacPhee, que lleva una espectacular camisa blanca estampada con dibujos azules de elefantes (“Viene con el puesto”, bromea), espera que al aprender más sobre estos animales, la gente se involucre y busque maneras de contribuir a su preservación.

Sobre todo le gustaría que los asistentes “establezcan una conexión con cualquier cosa hecha de marfil y se den cuenta de que hay alternativas que no suponen matar a elefantes”.

Si una familia tiene objetos de este tipo, dice, es mejor que no los venda, porque eso solo sirve para incentivar el comercio.

Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), “detrás de cada pieza de marfil −sea un colmillo entero o un abalorio tallado− hay un elefante muerto”. Se estima que la caza furtiva mata a unos 20 mil elefantes cada año solo por sus colmillos.

Una sociedad matriarcal

Otra de las iniciativas a las que los organizadores de la exposición esperan dar visibilidad es el santuario de elefantes de Reteti, en Kenia, que está gestionado por mujeres de la comunidad local y busca reintegrar en la naturaleza a crías huérfanas o abandonadas.

En un rincón de la exposición, un video cuenta la historia del lugar y de sus habitantes.

No es casual que el santuario lo dirijan mujeres: los elefantes viven en comunidades matriarcales, donde una hembra, por lo general de edad avanzada, dirige a la manada.

Es uno de las muchas curiosidades sobre estos animales que despiertan la fascinación de la gente. Aunque todavía queda mucho más por descubrir.

MacPhee apunta, en particular, a dos campos nuevos: los estudios sobre la mente de los elefantes y su manera de comunicarse.

“Sabemos que pueden saludarse unos a otros, enrollando sus trompas, pero ¿cómo saben que este individuo en particular es alguien de su grupo o alguien al que llevan tiempo sin ver?”, se pregunta el experto. “¿Cómo se acuerdan de dónde está el agua?”.

En la exposición, un espejo cuestiona a los espectadores sobre su sentido del “yo”. Para los humanos, la autoconsciencia se desarrolla en torno a los dos años de edad, pero no sucede lo mismo para la mayoría de mamíferos.

Un experimento desarrollado en Nueva York en 2006 sugiere que los elefantes, sin embargo, sí son capaces de reconocerse en el espejo, lo que plantea preguntas sobre su sentido de la identidad y sobre sus relaciones con otros individuos.

Nueva York abre las puertas al mundo secreto de los elefantes
Personas visitan la exposición "El mundo secreto de los elefantes", exhibida en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York (Estados Unidos). EFE/Ángel Colmenares

Elefantes enanos de Sicilia

Pero si hay algo que destaca sobre todos los objetos de la muestra son los modelos a tamaño real de una pareja de elefantes enanos, ya extintos, que vivieron en la isla de Sicilia hace cientos de miles de años.

La cría, poco más grande que un bulldog, peluda y sin colmillos, fascina a los estudiantes de los colegios de Nueva York, que aprovechan para explorar la exposición antes de su apertura oficial al público, el próximo lunes 13 de noviembre.

A pocos pasos, una enorme maqueta de un elefante africano (una de las únicas tres especies de elefante que sobreviven, junto al asiático y al de bosque) muestra un esqueleto proyectado sobre su suave piel gris.

“La ventaja que tenemos (en el museo)”, dice MacPhee “es que el visitante, al contrario que en la televisión, puede ver las cosas en tres dimensiones y experimentar lo que intentamos enseñarle”.

Le dan la razón los tres montones de excremento (de plástico) en el centro de la sala, que pueden abrirse para descubrir el mundo oculto de hongos e insectos que albergan. Con caras extasiadas que apenas disimulan carcajadas, los niños hacen cola para tocarlos.


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