El Teatro Nacional de Panamá cumple 118 años como uno de los espacios culturales más representativos del país. Desde su inauguración, el 1 de octubre de 1908, el edificio ha sido escenario de distintas expresiones artísticas y ha atravesado transformaciones que reflejan tanto la evolución de la vida cultural panameña como los desafíos de preservar una estructura histórica.

Su construcción fue contemplada en la Ley 52 del 20 de mayo de 1904, una de las primeras normas promulgadas por el gobierno de la nueva República, que dispuso la edificación y mejora de infraestructuras necesarias para el funcionamiento del país. Junto con escuelas, hospitales, puentes, carreteras y oficinas públicas, se incluyeron el Palacio Nacional y un teatro nacional.

Teatro Nacional de Panamá: 118 años entre la historia y el desafío de conquistar nuevos públicos
Foto: Anel Asprilla

Para César Robles, director artístico del Teatro Nacional, esta decisión es significativa porque demuestra que el arte y la cultura formaban parte de la visión de los primeros gobernantes para la nueva nación.

La construcción comenzó en 1905 y debía concluir a finales de 1907. Sin embargo, los retrasos en las obras y la necesidad de completar el equipamiento escénico aplazaron la apertura hasta octubre de 1908, cuando se inauguró con motivo de la toma de posesión del segundo presidente de la República, José Domingo de Obaldía.

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El Teatro Nacional de Panamá tras su restauración, galardonada con el Premio Magno de SPIA.

Un edificio inspirado en la tradición europea

Diseñado por el arquitecto italiano Genaro Ruggieri, bajo la supervisión del ingeniero panameño Florencio Arosemena, el Teatro Nacional refleja la influencia de las casas de ópera y los palacios culturales del Renacimiento italiano. Enrico Corrado estuvo a cargo de la decoración, que originalmente también incorporaba elementos del modernismo y del art nouveau, algunos de los cuales se perdieron con el paso del tiempo.

La programación inicial, dirigida por el maestro Narciso Garay, entonces al frente del Conservatorio Nacional de Música y Declamación, privilegiaba la música clásica, el canto lírico y otras expresiones vinculadas con la tradición artística europea.

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César Robles, director artístico del Teatro Nacional de Panamá. Foto: Elysée Fernández

Cuatro restauraciones para preservar su historia

A lo largo de sus 118 años, el edificio ha experimentado numerosas intervenciones, tanto formales como informales. Entre sus principales cambios estuvieron la incorporación del foso para músicos y las modificaciones en la ubicación de los camerinos.

Sus cuatro procesos formales de restauración se realizaron en 1940, entre 1970 y 1974, en 2002 y entre 2017 y 2019. La intervención de los años setenta fue una de las más amplias e incluyó cambios en los baños, las escaleras, los pisos y el tamaño de la sala. En ese momento, el inmueble todavía no contaba con la protección patrimonial que limitaría posteriormente las modificaciones.

Tras ser declarado patrimonio histórico a finales de esa década, las intervenciones debieron considerar con mayor atención la conservación de sus características originales. En 2002 se realizó una restauración de emergencia después del desprendimiento de una de las pinturas del techo.

En 2015, el teatro cerró por disposición de los bomberos y del Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc), debido a problemas estructurales. Permaneció cerrado hasta 2017, cuando comenzó el proceso de restauración que se extendió hasta 2019.

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Panamá, 19 agosto 2019. ARR. Miembros de la Orquesta Sinfónica Nacional, incluyendo al maestro Jorge Ledezma Bradley, junto a algunas de las autoridades del INAC realizaron un recorrido la mañana de hoy, para ver los avances en la obra de restauración del Teatro Nacional. CORPRENSA/ ANA RENTERÍA

Esta última intervención combinó el refuerzo estructural con la recuperación de elementos artísticos y patrimoniales. Durante ese periodo, en 2018, surgió el Patronato del Teatro Nacional, responsable de su administración y de impulsar las labores de mantenimiento y conservación.

La humedad, un desafío permanente

La preservación del edificio requiere atención constante. Robles explica que el teatro, construido con materiales y técnicas de otra época, es especialmente vulnerable a las condiciones climáticas de Panamá, entre ellas la humedad y el salitre.

Uno de los principales desafíos está relacionado con el sistema de aire acondicionado. El inmueble fue concebido para funcionar mediante ventilación cruzada, pero en la década de 1970 se cerraron las ventanas para instalar climatización. Este cambio generó variaciones de temperatura y humedad dentro de la estructura, factores que pueden acelerar su deterioro.

Por esa razón, el sistema de acondicionador de aire permanece encendido las 24 horas del día desde finales de 2018, con mantenimiento mensual, para procurar condiciones ambientales estables y reducir la acumulación de humedad en el edificio.

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Foto: Archivo

Una programación para nuevas generaciones

Además de conservar la estructura, el Teatro Nacional busca mantener vigente su relación con las audiencias. Para ello, el Patronato analiza la programación artística a lo largo del año con el objetivo de ofrecer propuestas que atraigan a públicos con distintos intereses y experiencias.

La cartelera ha incorporado expresiones que antes tenían poca presencia en el recinto, como el circo contemporáneo, la danza aérea, el microteatro y los conciertos íntimos de diferentes géneros musicales.

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El musical Maestra Vida durante su temporada en el Teatro Nacional. LP Elysée Fernández

Robles señala que los hábitos culturales también han cambiado, especialmente después de la pandemia, y que las nuevas generaciones tienen formas distintas de relacionarse con el arte y consumir contenidos. Por eso, considera fundamental escuchar al público y comprender qué busca, en particular una generación Alfa marcada por su vínculo con el entorno digital.

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El ballet de 'El Cascanueces' en el Teatro Nacional. Foto: Archivo

El reto consiste en equilibrar esa evolución con la conservación del patrimonio, para que el teatro siga siendo un espacio relevante tanto para los artistas como para estudiantes, profesionales, turistas y aficionados a distintas disciplinas.

“Parte de nuestro trabajo es que el público siga enamorándose del Teatro Nacional de Panamá, lo siga queriendo como lo quiere hasta ahora para que nos ayuden a cuidarlo y a preservarlo por muchos años más”, afirma Robles.

Pasados 118 años de su apertura, el Teatro Nacional enfrenta así una doble tarea: proteger un edificio frágil que forma parte de la historia del país y continuar construyendo una programación capaz de convocar a nuevas generaciones.