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03 oct 3 de Octubre

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Moisés Giroldi Vera, un militar de carrera de 39 años de edad y jefe de la compañía Urracá de las Fuerzas de Defensa, fue el cabecilla de la alzada contra Manuel Antonio Noriega. Lo sorprendente es que año y medio antes, había salvado la vida del general, en un fallido golpe anterior contra el régimen.

Aquella intentona se remonta al 16 de marzo de 1988. El líder era el coronel Leonidas Macías. El alzamiento fracasó, porque la noche anterior hubo un “soplo” que alertó a Noriega y éste tuvo oportunidad de prepararse y blindar su cuartel central en El Chorrillo, con la ayuda incondicional de la compañía Urracá dirigida por Giroldi.

Giroldi sofocó el golpe sin derramar sangre. No hubo muertos ni heridos, y a Macías lo encerraron en una celda en un cuartel en Veraguas. De aquella experiencia Noriega salió airoso y con una advertencia: los próximos golpistas serían fusilados.

El 3 de octubre de 1989, cuando Macías escuchó en Santiago el “rumor” del nuevo golpe, inicialmente no le dio veracidad al asunto.

“Me llamó mucho la atención que fuera Giroldi, porque él era muy allegado a Noriega”, recordó en una entrevista en el suplemento especial titulado “No me maten… ¡Por mis hijos”, que publicó La Prensa el 29 de junio de 1994, dedicado al caso Giroldi.

Manuel Antonio Noriega celebra el fracaso del golpe con miembros leales de las Fuerzas de Defensa (entre los que se aprecia a Luis "Papo" Córdoba), en las escalinatas del cuartel central de la Comandancia, en Avenida A, El Chorrillo. LA PRENSA/Archivo

Noriega tampoco lo podía creer: Giroldi era su compadre. Por cuatro horas estuvo a merced de los”traidores”, encerrado en su oficina, cuya puerta había sido volada con un explosivo; él tuvo que cubrirse detrás de su escritorio. Inicialmente, los golpistas lograron el control del Estados Mayor y hasta difundieron una proclama por radio y televisión, en la que anunciaban la jubilación del general y los coroneles Marco Justines, Alberto Purcell, Angel Mina Justiniani, Teodoro Alexander y Julio Ow Young, y la convocatoria de la Organización de Estados Americanos (OEA) para la realización de unas elecciones libres “lo más pronto posible”.

Noriega nunca fue esposado o amordazado. Eso sería un factor determinante en el fracaso del golpe. El general tuvo tiempo para convencer a su compadre, mientras llegaba en su auxilio, desde Río Hato, la tropa élite conocida como Macho de Monte. Javier Licona, que controlaba el cuartel de caballería de Panamá Viejo y participó de la intentona, le pidió a Giroldi que no conversara con Noriega, que le ignorara. Pero la cabeza gestora del golpe empezó a flaquear, fatigado. Poco después de mediodía, los golpistas se rindieron ante la promesa de Noriega de respetar sus vidas. Licona prontamente buscó refugio en el Comando Sur. Eso fue lo que lo salvó.

Tras la rendición, Giroldi fue enviado al cuartel de Tinajitas, donde fue baleado por la espalda por Heráclides Sucre y Ramón Díaz, ex jefe de la unidad antiterror Uesat, en la madrugada del 4 de octubre. El capitán Nicasio Lorenzo fue conducido a la cárcel Modelo, donde murió producto de las torturas. A los otros nueve cabecillas los fusilaron en un hangar en Albrook. Todos tenían entre 31 y 39 años de edad.

En marzo de 1994, ya en democracia, un jurado de conciencia declaró culpables a Noriega –entonces preso en Miami- y Sucre –quien huyó a Perú-, por el homicidio de Giroldi. Ramón Díaz, Lucinio Miranda y Camilo Vega fueron absueltos. La condena a 20 años de prisión fue confirmada por el Segundo Tribunal Superior de Justicia, el 4 de octubre de 1994, y ratificada por la Sala Penal de la Corte Suprema, el 26 de enero de 1996.

Por la masacre de Albrook, en 1996 fueron condenados Noriega; su jefe de escoltas Asunción Eliécer Gaytán, Gonzalo “Chalo” Córdoba y Evidelio Quiel, a 20 años de prisión. Ni uno estaba presente: Noriega, como se dijo, estaba encarcelado en Miami; los otros tres, hasta el día de hoy, se encuentran prófugos de la justicia. La sentencia fue confirmada por la Sala Penal, en fallo del 9 de octubre de 1997.

En ambos casos, la justicia tuvo el acierto -o no- de condenar a los ausentes y absolver a los cómplices que sí estaban presentes. Pero aquí están sus nombres.

Reconstrucción de la "masacre" en el aeropuerto de Albrook, el 15 de febrero de 1993. LA PRENSA/Archivo

En 1986, el mayor Giroldi entregó el trofeo al equipo ganador de una liga interna de las Fuerzas de Defensa. LA PRENSA/Archivo

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Sobre el blog

Una buena parte de la población panameña desconoce o no ha asimilado aún todo lo que ocurrió en 1989.
El año inició con la decisión de los grandes partidos de oposición de ir a las elecciones con una nómina única: la de Guillermo Endara, Ricardo Arias Calderón y Guillermo Ford. Aquellos comicios del 7 de mayo terminaron con una golpiza a los candidatos, su declaratoria de nulidad y la designación del entonces contralor Francisco Rodríguez como presidente de la República.

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