Oscar Arias. La Prensa/ Archivo.
Víspera de la celebración de los 100 años de vida democrática de Costa Rica. Para conmemorarlo, el presidente de esa nación centroamericana Óscar Arias organizó una gran fiesta de “cumpleaños”: una cumbre de presidentes en el Teatro Nacional de San José, el 26 y 27 de octubre, para hablar de democracia, desarme, narcotráfico y deuda externa.
En aquella época no existían las actuales cumbres Iberoamericanas y de las Américas. De hecho, la de San José representó la primera vez, en 22 años, que se realizaba una reunión de estas características. La anterior fue en 1967, en Punta del Este, Uruguay, para celebrar la ascensión de un gobierno marxista en el continente: el de Fidel Castro en Cuba.
Pero las cosas habían cambiado mucho desde entonces. Para empezar, Arias –que venía de recoger el Nobel de la Paz, en 1987, y el Príncipe de Asturias a la Cooperación Internacional, un año después- decidió invitar al cumpleaños únicamente a las naciones bajo regímenes democráticos. Por tal razón, no fueron convocados Chile, Cuba, Haití y Panamá. Nicaragua y Paraguay, en un gesto de solidaridad, decidieron no participar.
18 presidentes confirmaron asistencia. El gran espaldarazo a la cumbre de Arias lo dio el estadounidense George Bush, que aterrizó a San José en medio de críticas en su propio país –incluso a lo interno de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés)-, por no haber hecho nada para apoyar el fallido golpe a Manuel Antonio Noriega del 3 de octubre, y que acabó con el homicidio de 11 alzados.
La silla que tendría que haber ocupado el presidente “encargado” de Panamá, Francisco Rodríguez, fue dada a Guillermo Endara, el líder opositor cuya victoria en las elecciones presidenciales del 7 de mayo fue anulada tres días después por el Tribunal Electoral (TE) por orden de los cuarteles.
Según una nota del diario español ABC, las Fuerzas de Defensa calificaron a Arias como un “títere del imperialismo norteamericano” y que el Nobel de la Paz tendría que haberlo recibido Noriega, “que ha sido quien ha unido a los países iberoamericanos y no al organizador de esta reunión, que los va a dividir”.
San José respondió escuetamente que no invitó a Panamá porque su gobierno no había sido elegido en las urnas, y así no podían pretender que se les recibiera en una fiesta en honor a la democracia.