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12 dic 12 de diciembre

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La cárcel Modelo. LA PRENSA/Archivo La cárcel Modelo. LA PRENSA/Archivo
La cárcel Modelo. LA PRENSA/Archivo

Ese día se conoció la vista fiscal sobre la muerte del capitán Nicasio Lorenzo, uno de los alzados del golpe fallido del 3 de octubre. 

Lorenzo estaba asignado al G-2, la policía secreta al mando del coronel Guillermo Wong. La versión oficial, defendida por los militares, fue que en la madrugada del 6 de octubre, tres días después del fracaso de la intentona, encontraron a Lorenzo ahorcado en una celda de aislamiento en la Modelo. La muerte por asfixia mecánica fue provocada por el “colgamiento del peso total del cuerpo, pendiente de un laso alrededor del cuello” (sic). 

Su viuda, Luz Elaine de Lorenzo –entonces embarazada-, nunca creyó en ese suicidio. Algo le estaban escondiendo. Para empezar, nadie podía precisarle dónde estaba el cuerpo. El 6 de octubre, cuando le informaron que se había ahorcado esa madrugada, se fue derechito al cuartel central de la comandancia, en El Chorrillo, donde increpó a varios militares que la atendieron. Recordó que todos la miraron con miedo. Al día siguiente acudió donde el fiscal auxiliar Mario Ballesteros, pero aunque éste supuestamente había levantado el cadáver del capitán Lorenzo el día antes, le dijo que no tenía conocimiento de nada. En la morgue tampoco le fue mejor. Nadie respondía por su marido. Finalmente, el fiscal Ballesteros le telefoneó para decirle que no siguiera buscando, que el cuerpo había aparecido en la morgue; no lo encontraban porque tenía en la muñeca una etiqueta con una identificación equivocada. El lunes 9 de octubre, en Medicatura Forense, le entregaron el certificado de defunción y pudo así retirar el cuerpo en el Hospital Santo Tomás. El cadáver no tenía marcas del presunto ahorcamiento; lo que sí se apreciaba era una cicatriz, de oreja a oreja, producto de la autopsia. 

El 11 de octubre, Luz Elaine presentó en la Procuraduría General de la Nación –entonces a cargo de Carlos Augusto Villalaz- una denuncia de violación de los derechos humanos. La atendieron de mala manera. Luego se llevó el reclamo al Comité Panameño por los Derechos Humanos.  

La viuda también procedió contra el doctor Roger Montero, quien condujo la autopsia. Lo acusó de ocultar evidencias. A su favor tenía el testimonio de dos asistentes de Montero, que declararon que el capitán Lorenzo tenía hematomas, sangre en el estómago y otros órganos internos destrozados, hallazgos que no fueron incluidos en la autopsia.  

La fiscal Tercera Superior, Daysi Sánchez, tardó poco en emitir una vista fiscal. A principios de diciembre solicitó el sobreseimiento de Montero. Con la invasión militar estadounidense, pareció cambiar la suerte de Luz Elaine, puesto que el Segundo Tribunal Superior de Justicia rechazó el sobreseimiento propuesto por la fiscal Sánchez y ordenó la ampliación del expediente. 

No obstante, después de muchas idas y venidas, el 20 de enero de 1994, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia determinó que las evidencia parecían indicar que el capitán “dispuso de su propia vida”. “La conducta del sindicado Montero no puede ser encuadrada en alguna de las modalidades de autoría y participación criminal”, señaló el fallo. Al médico forense se le favoreció con un sobreseimiento y se levantaron las órdenes de detención contra Manuel Antonio Noriega y Jorge Humberto Correa. 

No obstante, dentro del expediente, quedó consignado un testimonio inquietante: el de un vecino de celda de Lorenzo que contó que al capitán lo sacaron de su confinamiento en la mañana del 5 de octubre y esa misma tarde lo regresaron a la celda “en mal estado físico”. El testigo narró que luego se lo llevaron a él, también para golpearlo, pero no regresó a su misma celda y fue trasladado de galera. Y más nunca vio al capitán Lorenzo.

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Sobre el blog

Una buena parte de la población panameña desconoce o no ha asimilado aún todo lo que ocurrió en 1989.
El año inició con la decisión de los grandes partidos de oposición de ir a las elecciones con una nómina única: la de Guillermo Endara, Ricardo Arias Calderón y Guillermo Ford. Aquellos comicios del 7 de mayo terminaron con una golpiza a los candidatos, su declaratoria de nulidad y la designación del entonces contralor Francisco Rodríguez como presidente de la República.

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