Puede que la poliomielitis haya debilitado la función motora de la panameña Fanny Wong desde que era niña, pero padecer este mal la ha llenado de fortaleza interior. Y más que una enfermedad, para ella, es un “desafío”.
El poliovirus la afectó severamente a los cinco años. “El virus atacó mi médula, dejándome totalmente paralizada, afectando inclusive la parte respiratoria, debiendo utilizar un pulmón artificial. Luego de pasar la fase aguda, con ayuda de terapias y rehabilitación, logré caminar y rehacer mi vida con ayuda de muletas y férulas para ambas piernas”.
Así, Wong retornó a la escuela primaria, culminó la secundaria con honores y obtuvo su licenciatura en contabilidad. “En estos momentos estoy afectada por el síndrome de postpolio, y he retornado a la silla de ruedas, y necesito la ayuda de oxígeno complementario las 24 horas del día”, relata.
Sin embargo, ejerce su profesión en la Agencia de Viajes Continental, es miembro de la Comisión de Justicia y Paz de la Iglesia católica, y forma parte de la Fraternidad Cristiana de Personas con Discapacidad y de la Mesa de Análisis de Leyes sobre Discapacidad. Además, presenta el programa de televisión Contigo que se transmite en FETV.
Aún no tiene claro cómo contrajo la polio, pero una de las versiones que considera, es que la vacuna antipoliomielítica Sabin (oral) que recibió de niña no estaba lista, y ello podría haber sido lo que le causó el mal.
“Algunas investigaciones que he leído establecen que entre 1955 a 1960 había una gran epidemia de polio en el mundo, y con el descubrimiento de la vacuna oral que trabaja con virus vivos atenuados de la polio, había más demanda de lo que se podía producir, por lo que se aceleraron los procesos, distribuyendo vacunas que aún no estaban listas, y causando el efecto inverso al deseado. En todo caso, este fenómeno se conoce como Poliomielitis Paralítica Asociada a Vacuna, y millones de niños, en especial en los países en vías de desarrollo, quedaron paralizados”.
Hoy Wong señala que ha podido vencer las adversidades gracias a sus padres, “que hicieron lo imposible para que recibiera todo el tratamiento médico a su alcance y lograr recuperar lo más posible mi funcionabilidad. Esto fortaleció mi autoestima, e inculcó en mí que no hay obstáculos, sino desafíos a superar, pero que debía luchar por ello”.
No fue fácil, cuenta, porque su familia no contaba con seguro médico ni recursos económicos para enfrentar todos los gastos que implica una discapacidad severa, y en su caso, con un 60% de riesgo de mortalidad.
Además, la información sobre este mal no estaba al alcance de todos, y había muchos prejuicios. “No había ningún tipo de facilidades para personas con discapacidad, ni centros de rehabilitación. Como toda niña y joven, quería ser como los demás, y muchas veces eso no era posible”.
La polio es una enfermedad que se puede prevenir, subraya. “¿Por qué no hacerlo? Con una simple vacuna evitas sufrimiento, pérdidas económicas y de vidas. En la época que me atacó a mí apenas estaban descubriendo las vacunas. No hay excusas para bajar la guardia”.
EMERGENCIA
El hecho de que la Organización Mundial de la Salud haya emitido una “Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional” por un aumento de casos de poliomielitis, hace evidente que existe un riesgo de brote epidémico de este mal. Hasta 2013 estaba cerca de erradicarse, al ser endémica solo en tres países.
El Plan Estratégico Integral para la Erradicación de la Poliomielitis y la Fase Final 2013-2018 había propuesto la meta de certificar el final de la transmisión del poliovirus salvaje en 2018.
Este revés es, en palabras del pediatra e infectólogo Xavier Sáez-Llorens, del Hospital del Niño, una “deprimente noticia”. “Los conflictos bélicos y los grupos terroristas han inducido el surgimiento de áreas de muy pobre vacunación y acceso a vacunadores dentro de los países endémicos”.
Esto representa una preocupación mundial, primero porque no se pudo cumplir con la intención de erradicar la poliomielitis, y, en segundo lugar, por la posibilidad de dispersión de la enfermedad en el mundo, afirma el doctor Silvio Vega, especialista en microbiología, de la Caja de Seguro Social.
VACUNACIÓN SALVA VIDAS
La mejor forma de evitar las enfermedades de etiología viral es con una vacuna eficaz, “obviamente asociado a programas de prevención que aseguren una cobertura lo suficientemente amplia para cubrir toda la población”, recalca el doctor Vega.
Esta enfermedad se puede prevenir con la aplicación de una vacuna antipoliomielítica, de la cual existen dos tipos: la vacuna Sabin (de administración oral) y la vacuna Salk (intramuscular).
El doctor Sáez-Llorens menciona que la vacuna oral “tiene la ventaja de ser muy barata, y como es ´virus vivo´ puede eliminarse en las heces y mucosa oral e inmunizar a contactos cercanos (efecto rebaño). Su riesgo es que ese ´virus vivo´ puede tornarse raramente en virulento y causar polio inducido por la vacuna (un caso por cada millón de vacunados)”.
De la vacuna intramuscular, añade que “no produce inmunidad de rebaño porque es ´virus muerto´, y sería la vacuna ideal en este tiempo de casi erradicación del virus salvaje. Su inconveniente es que es más cara”.
Para evitar que continúe la expansión del virus, Vega recomienda mantener altas tasas de cobertura de vacunación, vigilar la emergencia y reemergencia de infecciones y tener disponibilidad de laboratorios con capacidad de detección del mal.
Lograr una asociación público-privada para mejorar los precios de vacunas, particularmente la inactivada, sería otra medida óptima, agrega Sáez-Llorens.
Así como Fanny Wong, muchas personas viven en el mundo con secuelas de esta enfermedad, y comparten su testimonio que enfatiza que la vacunación es una especie de seguro de vida que no tiene precio.
