Los Estados miembros de la OEA decidirán este miércoles si escogen al excanciller uruguayo Luis Almagro como el nuevo secretario general del organismo, en una elección a la que se presenta sin rivales, sin grandes polémicas y con el respaldo de una veintena de países del continente.
Almagro es el único candidato a reemplazar al chileno José Miguel Insulza como titular de la Organización de Estados Americanos (OEA), en una elección con poca intriga que tendrá lugar durante una Asamblea General extraordinaria a la que están convocados los cancilleres y representantes de los 34 Estados miembros.
Aunque algunas elecciones de la OEA se han caracterizado por la postulación de candidatos a última hora -como la del expresidente colombiano César Gaviria en 1994- y eso todavía es técnicamente posible, en los círculos diplomáticos del organismo se da ya más que por cerrada la elección de Almagro.
Según su campaña, el excanciller uruguayo cuenta con el apoyo público de al menos 23 países del continente para ascender al cargo, para el que solo necesita una mayoría simple de 18 votos.
Entre ellos están todos los países de Sudamérica, con la excepción de Guyana, todos los de Centroamérica, con la excepción de Costa Rica, y cuatro países del Caribe, además de México.
Como en otras elecciones a la OEA, Estados Unidos y Canadá guardan silencio hasta el final, aunque, según fuentes diplomáticas consultadas por Efe, ninguno de esos dos países está entusiasmado con la candidatura de Almagro, aunque tampoco, que se sepa, han tratado de promover la postulación de otro aspirante.
Almagro ha sustentado su campaña sobre cuatro pilares: la democracia, los derechos humanos, el desarrollo y el fomento de la seguridad, con el fin de aumentar la relevancia de una organización que cada vez tiene más competencia de otros organismos regionales, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).
"Juntos podemos darle a la OEA una credibilidad que hoy todos reclaman", defendió Almagro en febrero, durante la presentación de su candidatura ante el Consejo Permanente del organismo.
El excanciller describe la OEA que quiere liderar como un organismo "del siglo XXI, ágil, eficiente, al servicio de todos los países".
En los cinco años que le quedarán por delante si es elegido -ha renunciado a buscar la reelección para un segundo mandato en 2020- Almagro se ha comprometido a buscar una "forma viable y consensual" que permita el "reingreso efectivo" en la OEA de Cuba, suspendida de la institución en 1962.
El portavoz de su campaña, Sergio Jellinek, define el "modelo Almagro" como "la mentalidad de que es hora de evitar las fragmentaciones tan grandes en las Américas, entre el norte, el sur, entre Centroamérica y el resto".
Para ello, es necesaria "una figura que pueda articular intereses comunes", que no sea "grandilocuente ni estridente en su postura", sino que con un "trabajo humilde y pausado pueda generar consensos entre diferentes grupos regionales", indicó Jellinek a Efe.
Además, el que hasta este mes era canciller del Gobierno de José Mujica procede de un país, Uruguay, donde "no se hacen cambios si no hay un consenso importante" y que "no es un enemigo de nadie" en el continente, de acuerdo con Jellinek.
Almagro tendrá también que aplicar una reforma de prioridades de la OEA que busca concentrar el presupuesto de la institución con las áreas en las que puede ser más eficaz.
