Una obra de arte, sea cual sea la materia de la que está hecha, es una metáfora de la experiencia de su autor.
Tras un encierro de ocho años en una cárcel costarricense, Jhafis Quintero no solo se siente afortunado de sobrevivir a la situación, sino que también asegura poseer recursos inagotables para inspirarse.
“Estuve en aquel sitio y mi experiencia de vida en ese lugar es hoy día una mina inagotable de recursos. Las ideas no se me acaban”, dice.
En su videaoarte de 2013, “La hora garrobo”, el chorrerano reflexiona sobre la certeza de que “cualquier situación que vivamos no es para siempre”. En la obra –y en la vida real–, Quintero simboliza la promesa que “no estamos condenados a vivir algo una eternidad y que el sol, en particular, es una señal de que uno se mueve y que cualquier sentencia se agota”.
“La hora garrobo” fue grabado en el escenario del Teatro Camploy, de Verona, ciudad italiana en la que reside.
Quintero personifica su propio pasado como encarcelado. Arrojado sobre el escenario a la espera de la llegada del sol a un hueco en el techo de una cárcel.
Desde hace dos semanas, “La hora garrobo” forma parte de la selección permanente del Centro Nacional de Artes Plásticas de Francia, uno de los principales operadores del Ministerio de Cultura y Comunicación francesa en el ámbito de las artes plásticas.
“A veces no tengo una plena conciencia de las cosas que me están pasando. Es una buena vacuna en contra de la vanidad, si uno no quiere sufrir de eso. Aunque he sufrido del todo”.

