La belleza, el atractivo, ese “no sé qué” que admiramos en algunas personas es armonía en el conjunto. Es indispensable conocernos, reconocer rasgos, formas, volumen, actividad profesional y carácter para considerar cada caso individual. En cualquier textura de cabello se presentarán ventajas y desventajas según la vida y las características físicas de cada persona. Conozco mujeres morenas que durante años insistieron en usar el cabello liso forzado, y ahora, con sus facciones y cuerpo, lucen mucho más atractivas con un lindo corte en su cabello ensortijado. Sin contar con el ataque constante que sufría el cabello con los químicos, no siempre bien empleados y aplicados.
Nuestro punto focal más importante es la cara. Detenernos a conocer estas características individuales nos habilita para recomendar texturas o largos para balancear rasgos faciales creando la armonía del rostro con relación a la frente, los ojos, las orejas, largo de cuello, ancho de la cara, estilo de vida, carácter y otros etcéteras.
El cabello liso, natural, es cómodo y sugiere la idea de frescura, movimiento, naturalidad y esbeltez y naturalmente, como cualquier tipo de cabello, deberá estar siempre limpio y jamás lucir grasoso con hebras amontonadamente pegadas entre sí.
Con el cabello liso los rostros demasiado delgados, angostos y largos acentuarán dichas características y la persona lucirá triste y desabrida. Para caras angostas y huesudas es recomendable llevar el cabello con un cierto grado de volumen que logre el balance deseado.
Lo determinante es conocer lo que nos conviene según nuestras características muy personales y no aceptar improvisaciones. No hay dos personas iguales, ni aún gemelas cuyo carácter, gustos, preferencias y mundo interior son totalmente diferentes. Las ventajas o desventajas siempre serán recomendaciones tan personalizadas e individuales.
(La autora es Consultora de Imagen Pública Personal y Corporativa)