Historia que se tragó la selva

Historia que se tragó la selva
Historia que se tragó la selva


La selva, su verdor y sus sonidos abrazan solo instantes después de dejar atrás la entrada del Parque Nacional Camino de Cruces. A las 8:25 a.m., la expedición empieza un recorrido de unos 10 kilómetros con destino al herbazal en el Parque Nacional Soberanía, que hace unos 35 años se tragó cerca de dos kilómetros del histórico Camino de Cruces.

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Historia que se tragó la selva

Días antes, los exploradores habían encontrado la ruta perdida y olvidada y ahora se afanaban en recrear por primera vez toda la senda empedrada dentro de los parques. O al menos el rastro que resistía al paso del tiempo.

A la cabeza va el explorador y conservacionista Luis Puleio, responsable del redescubrimiento del viejo trecho rocoso, misión que le encomendó su homólogo Adrián Benedetti, presidente de Fundación Caminando Panamá, que promueve el senderismo y el buen manejo de senderos en todo el país.

Benedetti avanza unos pasos detrás de Puleio y recuerda que en agosto de 2013 recorrió por primera vez el tramo del Camino de Cruces dentro del parque nacional homónimo y del parque Soberanía, pero no pudo terminarlo porque aquel profundo herbazal había borrado la vía del mapa .

Benedetti unió esfuerzos con la experiencia de campo de Puleio y en febrero pasado cerraron con éxito la empresa. Ahora se deban el placer de hacer la travesía, tal como se realizaba hace cinco siglos, durante la conquista.

En el trayecto hay rocas talladas, algo de orfebrería y algunos metros de rocas que aún conservan el dibujo de su estructura. Puleio cuenta que el camino se construyó en 1530 usando rocas más grandes en los extremos, o rocas guías, y en el centro del paso se tejía una cruz con rocas más pequeñas. Por eso el nombre de Camino de Cruces.

El sendero tenía un ancho aproximado de dos metros con 20 centímetros y más adelante fue ampliado. La piedras pesaban entre 40 y 80 libras cada una y fueron enterradas hasta una profundidad de 12 pulgadas.

No hay señales ni letreros que indiquen cuál la dirección, solo trozos de cartuchos atados a árboles y arbustos que sugieren que por allí se debe seguir.

La expedición mantiene la marcha y tanto Puleio como Benedetti se lamentan por el abandono del Camino Cruces.

Por esta calzada rocosa, y por el Camino Real fundado en 1520, transitaron aquellos que fundaron los primeros poblando conocidos del país, desde la costa Atlántica hasta llegar al recién avistado Mar de sur.

Cuenta la historia que por el Camino Real transportaban el oro y riquezas y Camino de Cruces era para el resto de la mercancía, comparte Puleio.

Con todo, ni siquiera existe una ley que reconozca ambas rutas como patrimonio histórico nacional, acotan.

Solo las partes dentro de los parques nacionales están amparadas por la protección de la reserva natural.

Puleio agrega, impotente, que sabe de casos de rocas del Camino de Cruces que ha terminado como parte de muros...

EN LAS ENTRAÑAS DEL MONTE

Luego de un par de horas, los caminantes pasan los límites del Parque Nacional Caminos de Cruces para entrar al Parque Nacional Soberanía y poco después aparece el vasto monte que se comió el Camino de Cruces.

Había un pequeño canal en medio de la gruesa hierba de hasta cinco metros de alto. Fue el camino que abrió días antes Puleio en compañía de unos experimentados macheteros, califica.

Toma poco más de una hora travesar el denso y sofocante tramo, que exige incluso ir pecho a tierra por partes. Son los estragos del paso del tiempo, resume Puleio, y cuenta que en una vez se firman los Tratados Torrijos-Carter en 1977, los istmeños se toman las tierras de la entonces zona exclusiva del Canal como revancha, entre ellas, las que ahora son dominadas por el herbazal. “Llegaron, deforestaron para trabajar agricultura y ganadería, pero el Gobierno de turno los reubicó, dejando el área abierta y a disposición de la maleza rebelde” .

Allí se perdió el rastro de esta parte del Camino de Cruces, hasta ahora.

Al final del túnel entre la hierba se llega con mucho cansancio, húmedo por el sudor y con un par de garrapatas encima. El herbazal te traga y te escupe. La sensación de alivio es un poema en el semblante de los expedicionistas.

Más adelante está el viejo cañón que se ve desde la carretera Madden. Es el fin del periplo, algo más de cinco horas después de la partida. El Camino de Cruces sigue hasta la Venta de Cruces en el lago Gatún, frente al hotel Gamboa. De allí la vía continúa mayormente por agua hasta el Fuerte San Lorenzo, en Colón.

Ahora la Fundación Caminando Panamá se prepara para presentar a la Autoridad Nacional del Ambiente y al Instituto Nacional de Cultura un proyecto para habilitar el tramo redescubierto, junto al resto de la ruta para que más personas puedan explorarlo.

MAS RESTOS

Dentro de la ciudad capital se pueden encontrar remanentes del Camino de Cruces en el bosque contiguo al museo Reina Torres de Araúz, en la servidumbre de la Embajada de Estados Unidos, detrás del antiguo hospital militar, hoy sede de la Caja de Seguro Social y la ciudad hospitalaria, enumera Puleio.

Es lo que han dejado las obras que se levantan en la urbe, apunta y añade que los recientes trabajos del Mercado de Abastos y la Cadena de Frío acabaron con unos 500 metros del eje y empedrado del Camino de Cruces.

Pero a Puleio no le sorprende. En más de 100 años de vida republicana y casi 100 más de independencia de la corona española, no se ha hecho nada por preservar los senderos testigos del origen del trasiego cultural que hay en Panamá. El famoso crisol de razas.

El Camino de Cruces “no es cualquier cosa”, pero la historia de los gobiernos en Panamá demuestra que los asuntos culturales y de patrimonio son siempre las cenicientas, anota Sebastián Paniza, presidente de Icomos-Panamá.

O como se lamenta Puleio: “La historia no debería estar a merced de los políticos de turno”.