El ojo irónico de Martin Parr, con tres décadas de carrera e incontables premios en su haber, ha escrutado París durante dos años para apropiarse de 60 instantáneas que exhibe en la Casa Europea de la Fotografía y que arrojan una mirada mordaz sobre el día a día de Ciudad de la Luz.
Y en el centro del objetivo de este fotógrafo de la Agencia Mágnum, nacido en 1952 en Epsom, Reino Unido, se sitúa el turista, ese ser efímero en lo individual, pero indeleble en el paisaje colectivo de una ciudad que cada año visitan más de 30 millones de personas.
Turistas fatigados que se arremolinan junto a una parada de autobús, turistas ansiosos que inmortalizan a la Gioconda con sus teléfonos móviles o turistas que aguardan bajo la lluvia con meritoria resignación para franquear el pórtico de la catedral de Notre Dame.
En esos viajeros, con los que casi nadie se siente identificado aunque imite sus rutinas con precisión milimétrica, Parr encuentra un vehículo para analizar la vida cotidiana de la capital francesa.
Incluso, se reivindica, orgulloso, como uno de esos actores imprescindibles de una ciudad que Parr visita dos o tres veces cada año, que ha recorrido en centenares de ocasiones y que ya había celebrado su talento en exposiciones en el Jeu de Paumme, en el Centro Nacional de Fotografía y en multitud de galerías.
La economía de París descansa en el turismo. Sin eso, la ciudad estaría muerta, comenta en Le Figaro el fotógrafo con motivo de la inauguración de la muestra, que entrega a Parr el testigo de autores como Henri-Cartier Bresson, Édouard Boubat y Mimmo Jodice para descomponer París, en formato medio y a color.
“París. Martin Parr” abre el próximo 25 de mayo y ofrece más que una recolección de viajeros errantes.

