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RAÍCES: La conmemoración del 3 de noviembre

RAÍCES: La conmemoración del 3 de noviembre
RAÍCES: La conmemoración del 3 de noviembre

“Diez mil voces infantiles lanzaron al aire las bellas notas del Himno Nacional”, esa glosa publicada por el Diario de Panamá el 4 de noviembre de 1929, hace referencia a la promoción del ritual instituido al 3 de noviembre, día de la fiesta nacional de Panamá, a partir de 1904.

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el 3 de noviembre cumple una función de primer orden en la creación y sostenimiento de la identidad nacional’.

Si bien la programación de esa fiesta cívica continuó siendo la contemplada para el 28 de noviembre, día de la Independencia de España, desde finales de la decimonónica centuria, el año 1903 trazó un nuevo calendario cívico con la reelaboración de la memoria histórica de Panamá. El 20 de julio, día de la Independencia de Colombia, quedó en el olvido. En ese proceso, el 3 de noviembre se consideró una fecha clave - o fundacional- y cumple una función de primer orden en la creación y sostenimiento de la identidad nacional.

Constituye un mecanismo para configurar los comportamientos nacionales entre los panameños, para que estos así se reconozcan en la nación a través de sus festejos. Las conmemoraciones contribuyen a “nacionalizar a los ciudadanos”.

Una fiesta nacional que se convirtió en un recurso nacionalista para reforzar los vínculos, el sentido de pertenencia y difundir que los panameños comparten un pasado común. Los periódicos de la época manifiestan los regocijos que causaba la lectura del Acta de Independencia de 1903. En el programa cívico de cada 3 de noviembre, “un desborde patriótico mereció las frecuentes interrupciones de los aplausos” (La Estrella de Panamá, 5/11/1909). En fin, una conmemoración que representaba el aprender a vivir como país independiente, tras el “convulsionado” siglo XIX, aunque la presencia extranjera en el territorio nacional significó nuevos desafíos a la nación panameña que estaba en construcción.

De manera que podemos entender el 3 de noviembre, día de la fiesta nacional, como uno de los momentos que contribuyó a forjar la nación panameña. A través de los discursos expuestos en las dos primeras décadas del siglo XX, los oradores –políticos e intelectuales- hicieron hincapié en dos aspectos, el primero, demostrar que la unión a Colombia significó un “atraso” y propalar el triunfo que representó la independencia de 1903; segundo, advertían sobre los peligros de la presencia extranjera, la atención a los asuntos sociales y la corrupción en el país. En 1907, por ejemplo, Sebastián Villalaz consideró al 3 de noviembre “un rayo de luz que rasga las sombras de una noche que parecía infinita” (La Estrella de Panamá, 7/11/1907). Por su parte, orador en 1909, Pablo Arosemena comentó “la idea de la separación no era nueva en 1903. La independencia se proclamó en 1840 y el Estado del Istmo tuvo vida, aunque corta” (La Estrella de Panamá, 5/11/1909). Ese relato canónico puede leerse en documentos oficiales, en 1915, por ejemplo, un acuerdo municipal expresó “hecho grandioso de por sí, debe recordarse cada vez mayor, pues fue el paso inicial dado por un pueblo sediento de libertad y progreso”. La prensa también contribuyó a la creación y divulgación de este discurso, un editorial de La Estrella de Panamá (3/11/1904) enunció: “algún día habrá de obtener los istmeños la aspiración suprema aniquilada por el despotismo y la fuerza bruta de las armas en 1841, 1843, 1858, aspiración lograda al fin de manera irrevocable y definitiva, en el día glorioso que hoy se conmemora”.

En los años de 1920 el malestar social se acrecentaba en el país. En 1924, el Diario de Panamá (3/11/1924) advirtió: “hay que llenar los vacíos que ha ido dejando la carrera acelerada de nuestro crecimiento y formar, ante todo, una clara conciencia nacional bien definida y compacta”. Un progresivo debate sobre la presencia extranjera y la política interna del país distinguieron los discursos de esa década. El 3 de noviembre de 1920, en la Sociedad de los Hijos del Trabajo, Santiago Benuzzi manifestó en su discurso “somos culpables de los penosos avances del imperialismo en nuestro suelo” (Diario Nacional, 4/11/1920).

En 1927, los discursos hicieron hincapié en la necesidad de promover la agricultura nacional y la construcción de viviendas, baratas e higiénicas, para aliviar a la clase trabajadora (Diario de Panamá, 4/11/1927). En ese año fueron desvelados los bustos de los próceres Carlos A. Mendoza, Domingo Díaz y Pedro Díaz, en el parque de Santa Ana. Orador de esa ceremonia, Domingo Turner, expuso “la patria que nos dieron los próceres como Mendoza, solo podría salvarse por la eliminación de todo germen de dictadura interna y de toda tentativa de predominio extranjero” (Diario de Panamá, 4/11/1927).

Un año más tarde, Guillermo McKay comentó “hemos seguido una ruta distanciada de la que nos señalaron los precursores de nuestra independencia (...) se ha notado un corrompimiento (sic) en las costumbres que amenaza echar por tierra los cimientos del hogar (...) se ha descuidado la pureza y santidad del sufragio” (Diario de Panamá, 2/11/1928). Criticó además la insuficiente oportunidad a la juventud de participar en los asuntos públicos del país. Juan Pastor Paredes, orador en 1929, apeló al sacrificio por la patria y la necesidad de forjar gestos heroicos como los de Coto en 1921. La fiesta nacional del 3 de noviembre -en el caso panameño- representa un elemento fundamental en el proceso de construcción de una nación. Esta que “ha sido la protagonista de la historia a lo largo de los siglos XIX y XX”.

Según el historiador José Álvarez Junco, “hoy concebimos las naciones como artefactos culturales modernos, construidos por los nacionalistas -en particular, por diversas élites políticas e intelectuales, de dirigentes de partidos a escritores y artistas- sobre la base, eso sí, de elementos culturales preexistentes” (El País, 27/1/2014). Y las conmemoraciones juegan un papel primordial. Estas cambian y adquieren formas singulares, según los contextos históricos.

Y especialmente muestran el uso del pasado para justificar el presente. Hoy es necesario superar vetustas visiones sobre el 3 de noviembre y comprenderlo como una realidad social compleja ayer y hoy.

FUENTES

Editor: Ricardo López Arias

Autor: Félix Chirú B. Profesor de Historia de la Universidad de Panamá en Penonomé.

Fotografía: Colección RLA/AVSU

Comentarios: ´raíces@prensa.com´

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