Afin de comprender mejor cómo el régimen militar consiguió sostenerse durante un largo período, es necesario primero ubicarlo en el contexto histórico de la expansión de la burocracia del Estado panameño.
El Gobierno central era relativamente débil durante los primeros años de la República. Sin embargo, diversos factores contribuyeron a su crecimiento posterior. Antes de la Primera Guerra Mundial, la élite comercial estaba comprometida con los principios del capitalismo del laissez-faire, aunque la cultura política y la tradición eran ibéricas. Por ello, muchas disposiciones de la Constitución de 1904 concibieron la relación entre el Estado y la sociedad en términos corporativos tradicionales. Con la promulgación de la Constitución de 1941, Arnulfo Arias promovió un afanoso intervencionismo estatal con lo que reforzó la noción de la expansión estatal. Después de la Segunda Guerra Mundial, el Estado panameño adoptó una serie de funciones que contribuyeron a su expansión. Durante las dos décadas de gobierno militar que empezaron en 1968, esa tendencia continuó y se aceleró. Aun así, la habilidad del régimen Torrijos-Noriega de mantenerse en el poder por tanto tiempo es más imputable al surgimiento durante los años de 1950 de una organización militar/policíaca que operaba en un entorno nacional e internacional del que pudo obtener recursos económicos.
Una de las características más importantes de la expansión del tutelaje militar durante los años de 1970 es que estaba provista por capital extranjero más que por el aumento de la capacidad de exacción doméstica. ¿Qué explica el notable acceso al capital foráneo del régimen militar durante la década de 1970? Parte de la respuesta se ubica en el deseo de los países prestamistas y sus proveedores en financiar la compra de bienes de capital, en un país de ingresos medios del Tercer Mundo en rápido crecimiento, conjuntamente con la disponibilidad de petrodólares.
También se puede recurrir a explicaciones políticas. Uno de los primeros actos del régimen militar en 1968 fue adoptar nuevas leyes altamente favorables a los principales bancos y empresas multinacionales estadounidenses. Además, durante este período, la administración Carter aumentó su apoyo al general Torrijos y a su gobierno por razón de las negociaciones de un nuevo tratado del Canal.
Impulsado por el flujo masivo de capital foráneo, el régimen militar panameño y su burocracia crecieron rápidamente y ampliaron su autonomía. Se puede observar que el capital privado parece favorecer un alto grado de autonomía estatal más que el capital obtenido de fuentes gubernamentales, ya que los bancos privados no disponen de personal que supervise adecuadamente el uso de sus activos en el extranjero.
Durante la fase inicial, el régimen militar pudo mantenerse en el poder empleando capital de bancos privados e instituciones financieras internacionales que le permitieron crear un enorme aparato burocrático, vigorosamente inclinado al reclutamiento de empleados de bajos ingresos. Proporcionó a su vez la base de apoyo para la creación de un nuevo partido político oficial en 1978, el Partido Revolucionario Democrático que constituyó la base política del sostenimiento y supervivencia del régimen durante la década siguiente.
El fenómeno económico central del período posterior a la Segunda Guerra Mundial ha sido el explosivo crecimiento del sector servicios. Los militares consiguieron hacerse de una considerable porción de riqueza generada ilícitamente gracias al rápido crecimiento del sector servicios a la par que consiguieron emplear esos recursos para forjarse un papel en la sociedad.
La creciente destreza de la institución militar/policíaca adquirida en los años de 1950 para obtener recursos de actividades ilícitas del sector servicios explica parcialmente su gradual aumento de poder y autonomía durante las décadas de 1960 y 1970. No obstante, los militares no fueron los primeros en modo alguno en crear su base política alrededor del control de actividades ilícitas en el sector de servicios. De hecho, se puede sostener que Panamá, considerada como una formación social nacional, es en gran parte el producto de tales actividades y prácticas ilícitas desde tiempos de la colonia.
En las décadas de 1950 y 1960 surgieron empresarios dentro del cuerpo de oficiales, si bien no como un “clase empresarial”. Aunque permanecían algo marginados, los comandantes José A. Remón y Bolívar Vallarino mantenían lazos familiares con la élite comercial urbana, lo que les permitió participar en sus actividades. Por ejemplo, el coronel Vallarino exigió al propietario de una importante empresa cervecera entregarle un “obsequio” accionario, con lo cual se convirtió en socio silencioso. Tanto Remón como Vallarino estuvieron involucrados en numerosas actividades ilícitas, incluyendo el tráfico de drogas y la prostitución, con las que se enriquecieron, aunque causaron poco impacto en la institución castrense como tal.
Después del golpe de 1968, la participación de la Guardia Nacional en la exacción de recursos del sector servicios se tornó menos personalizada. Con menos vínculos familiares y personales con respecto a la élite comercial, los militares desarrollaron una forma más institucionalizada e independiente de exacción de recursos. El control de la Zona Libre le permitió insertarse en el centro del proceso de exacción de ganancias de actividades comerciales internacionales. El control de aeropuertos y bancos llegó a ser crucial desde que los oficiales se inclinaron hacia el tráfico de drogas y el lavado de dinero. No obstante, el contrabando de bienes (incluyendo armas) fue la principal actividad de obtención de recursos de los militares durante los años de 1970, continuaron apoyándose en otras fuentes de ingresos más tradicionales. La prostitución siguió como una de las principales. El rápido crecimiento del Estado panameño durante 1970 también permitió a los militares trasegar ganancias de ciertas agencias gubernamentales que controlaban. Una parte fue dedicada a financiar programas de acción cívica a gran escala que permitían al general Torrijos y a sus coroneles desempeñar el papel de políticos populistas uniformados. Algunos de esos programas enriquecieron a miembros de la institución en todos los niveles. La rápida y creciente habilidad para obtener recursos de esa forma aumentó vastamente su poder y autonomía durante las décadas de 1970 y 1980, fortalecidas además por la imagen positiva que la institución pudo cultivar en la comunidad internacional.
En síntesis, el sostenimiento del régimen durante los últimos años de las décadas de 1970 y 1980 fue una progresiva función de la habilidad de los militares de obtener ilícitamente recursos del sector de servicios, en forma tal que permitió expandir y dilatar la legitimidad del régimen, tanto doméstica como internacionalmente.
FUENTES
Editor: Ricardo López Arias
Autor: Stephen Ropp, profesor emérito distinguido de la Universidad de Wyoming.
Fotografía: La Prensa. Colección RLA/AVSU
Comentarios: raíces@prensa.com

