De Margaret a Erika

Lo que el viento se llevó, la novela épica de Margaret Mitchell sobre el amor, la pasión, la guerra y la supervivencia, durante muchos años fue el libro más vendido en Estados Unidos, aparte de la Biblia.

Hasta este año en que otra Mitchell la superó (me refiero a Erika Mitchell, nombre natal de Erika Leonard, mejor conocida como E. L. James, autora de Cincuenta sombras de Grey) y creó una revolución literaria gigantesca con su versión moderna de la rana y el príncipe.

Hace un par de noches estaba con unas amigas hablando de los gajes del oficio de escritor, y la conversación giró hacia las frustraciones de Margaret Mitchell, quien nunca escribió otro libro después de su epopeya. Y te soy franca: si me pones a Rhett Butler al lado de Christian Grey, sorry baby, pero me voy por el galán de Scarlett.

Y Anastasia Steele tampoco le llega ni a los talones a la Southern Belle.

Entonces, recordé una nota que escribí hace varios años, cuya premisa era: ¿Qué hubiera pasado si Scarlett hubiese sabido latín? Y es que yo me enamoré perdidamente de Rhett Butler, no cuando al final le dice a Scarlett Frankly: my dear, I don´t give a damn, sino antes cuando se encuentra con Scarlett en la calle y le pregunta qué está haciendo, y ella le contesta que montando un almacén.

Él le sugiere, por nombre, Caveat Emptorium, juego de palabras entre Emporium (una tienda grande y elegante) y la frase en latín Caveat Emptor, que es una advertencia al comprador muy usada por los angloparlantes, quienes lo traducen como buyer beware.

En realidad, Rhett y Scarlett demuestran contundentemente que ars longa, vita brevis, o sea que el arte es duradero mientras que la vida es breve.

Si bien Anastasia era estudiante de literatura, dudo que Scarlett haya puesto pie en una biblioteca; pero, de haberla dotada su creadora de intelecto académico, se hubiese enterado de que nemo est supra leges o que nadie está por encima de la ley (que para Scarlett era, como para nuestros legisladores, un concepto algo curioso creado para terceros), como tampoco entendió los quid pro quo o consideraciones mutuas que la sociedad antebellum (de antes de la guerra civil de Estados Unidos) imponía al matrimonio.

La magnum opus o magna obra de la Mitchell es, citando al poeta Virgilio, mirabile dictu o maravillosa de contar, y presenta un claro retrato del statu quo de la época, con un estilo que ad captandum vulgus (atrae al vulgo), mientras trasciende lo vulgar.

En cambio, la pobre Anastasia, lo más aplicable que hubiese encontrado en latín, al conocer el famoso cuarto de sexo de su noviete, hubiese sido lo que decían los gladiadores al César: Moritari te salutant. O sea, quienes vamos a morir, te saludamos, ya que a Anastasia le aterra la violencia de los jueguitos de alcoba de Christian.

Una diferencia grande entre las dos heroínas: Rhett deja a Scarlett, demostrando que al final del día no es cierto que omnia vincit amor. Sin embargo, al final de la trilogía de Cincuenta sombras de Grey, el amor sí triunfa, y la virgencilla y el sadista prueban que la fortuna favorece a los valientes o, como podría decir Ovidio, fortes fortuna juvat. Por eso es que le dicen ficción, chicas.

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