Ahmed Rouaba - Servicio árabe de la BBC
En medio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, el experto militar Akram Kharief publicó un libro titulado "A la sombra del Shahed".
En él describe la formación y el desarrollo de la industria de drones en Irán y explica la estrategia que le ha permitido al país convertirse en un actor relevante en la industria militar global, a pesar de las sanciones y restricciones estadounidenses.
Se han mencionado drones iraníes en informes militares sobre las actividades de Hezbolá en la frontera de Líbano con Israel. Posteriormente, tras examinar los restos de estos equipos, los expertos establecieron una conexión entre los drones utilizados por los hutíes en Yemen y la industria iraní.
En septiembre de 2022, muchos se sorprendieron cuando se conoció que Irán estaba suministrando tecnología de drones al ejército ruso. A esto le siguieron las primeras imágenes de drones Geran-2 (Shahed 136) sobrevolando Kyiv, la capital de Ucrania.
¿Cómo un país que ha estado sometido a sanciones durante cuatro décadas ha logrado cambiar las reglas del juego en los conflictos internacionales? ¿Qué factores allanaron el camino para este éxito?
Las sanciones posteriores a 1979 obligaron a los líderes iraníes a buscar opciones y maneras de superar los problemas y tomar decisiones para romper el estancamiento.
Esta situación también los llevó a depender de la experiencia de sus ingenieros, en lugar de depender únicamente de sus aliados.
Como resultado de las sanciones, Irán intentó crear redes en el extranjero para satisfacer sus necesidades y, en algunos casos, recurrió a tecnologías civiles. Pero, sobre todo, ante la falta de recursos suficientes, se desarrollaron e implementaron estrategias con paciencia y perseverancia.
Cuando Mohammad Reza Pahlavi, el sha de Irán, abandonó el país en enero de 1979, dejó un ejército que era considerado el más poderoso de la región. La Fuerza Aérea Iraní estaba equipada con F-14 Tomcat, F-4 Phantom y F-5 Tiger.
Entonces el ejército iraní ocupaba el quinto lugar a nivel mundial en cuanto a equipamiento, después de los ejércitos de Estados Unidos, la Unión Soviética, Reino Unido y Francia.
Cabe destacar que la fuerza aérea iraní se consideraba incluso más avanzada que sus homólogas alemana, china e israelí, ya que tenía acceso al caza F-14 Tomcat, el avión más avanzado del mundo en aquel momento.
Sin embargo, la operación y el mantenimiento de estos aviones dependían de la presencia de un gran número de ingenieros y técnicos estadounidenses en Irán, y las piezas de repuesto se suministraban directamente desde la empresa estadounidense Grumman.
Por esta razón, la fuerza aérea dependía completamente de la industria militar estadounidense.
Tras la caída del sha, los comandantes del Ejército huyeron del país, fueron muertos o encarcelados. Ingenieros y técnicos estadounidenses también abandonaron Irán y las empresas estadounidenses rompieron sus vínculos con el nuevo régimen.
La necesidad es la madre de la invención
En septiembre de 1980, las fuerzas iraquíes invadieron Irán y se desató una feroz guerra entre ambos países que duró ocho años. En ella se emplearon los medios más brutales de destrucción, incluyendo armas químicas, y casi un millón de personas murieron.
En las primeras etapas de la guerra, las fuerzas iraquíes avanzaron debido a su superioridad aérea. El ejército iraquí había adquirido aviones de reconocimiento de la Unión Soviética y también utilizaba imágenes satelitales soviéticas para identificar las posiciones enemigas y monitorear sus movimientos.
Por el contrario, las fuerzas iraníes combatían en condiciones de visibilidad e inteligencia limitadas.
Los iraníes necesitaban desesperadamente tecnología para sobrevivir a una guerra que amenazaba su propia existencia. Sin embargo, las sanciones económicas les impedían satisfacer estas necesidades. Por ello, decidieron inventar y fabricar esta tecnología internamente, en lugar de comprarla.
La idea era sencilla: si no era posible sobrevolar las líneas enemigas con aviones de reconocimiento para conocer sus posiciones y movimientos, se podrían enviar pequeños dispositivos teledirigidos. Estos dispositivos son más baratos, más difíciles de detectar y pueden proporcionar información valiosa.
Desde 1981, los iraníes habían estado trabajando en estos pequeños dispositivos para instalarles cámaras. La idea surgió en la Universidad de Isfahán, donde un grupo de estudiantes e ingenieros se encargó de llevarla a cabo. Comenzaron diseñando y construyendo prototipos, probándolos y mejorándolos gradualmente, antes de presentar el diseño a la Guardia Revolucionaria.
Las herramientas eran sencillas y rudimentarias: piezas de plástico y componentes básicos, pero las mentes que trabajaban con ellas eran creativas y habilidosas.
En un pequeño taller en la universidad, jóvenes decididos y con gran fuerza de voluntad estaban convencidos de conceptos como la "yihad de la construcción" y la "yihad académica", propuestas por las autoridades del país tras la revolución.
Tres jóvenes diseñaban en el taller de la Universidad de Isfahán y realizaban experimentos en las llanuras de Juzestán: Farshid, un piloto civil; Saeed, un estudiante de física; y Masoud, un hábil joyero.
Después de años de ensayo y error, entre fracasos y perseverancia, cuando presentaron por primera vez un prototipo a los oficiales militares, algunos se burlaron de éste. Parecía más un juguete infantil y estaba hecho de materiales inusuales. Su tanque de combustible era una bolsa de suero intravenoso y su hélice era artesanal.
El primer dron de combate
En otoño de 1983, a 40 kilómetros del frente, el "avión de juguete" sobrevoló por primera vez posiciones iraquíes, regresando con imágenes nítidas de las posiciones militares.
Después de esto, se dio la orden de formar el Batallón Trueno (Raad en farsi) e iniciar un programa formal para el desarrollo de drones.
El programa se transfirió de un taller estudiantil de la Universidad de Isfahán a la Guardia Revolucionaria. Para obtener los componentes necesarios para desarrollar la aeronave, tuvieron que sortear las sanciones impuestas al país y acceder a los mercados internacionales.
La Guardia Revolucionaria creó una red de empresas en Dubái y utilizó intermediarios en Singapur para adquirir componentes individuales de decenas de países. Estos componentes se enviaban a Isfahán y se ensamblaban allí. Esto explica la presencia de chips de fabricación estadounidense en los drones Shahed 136 derribados en Ucrania.
Los drones demostraron su eficacia en operaciones de reconocimiento y las fuerzas iraníes los utilizaron en batallas decisivas contra las fuerzas iraquíes después de 1983.
Sin embargo, ingenieros y militares del Batallón Trueno comenzaron a considerar el desarrollo de drones de combate en 1987.
Un dron que sobrevuela posiciones enemigas y fotografía sus movimientos puede, si está equipado con armamento, atacar y destruir dichas posiciones. Pero esto requería capacidades y tecnología diferentes, algo que el Batallón Trueno desarrolló posteriormente en los drones de combate denominados "Mohajer".
En 1988, Irán fue uno de los primeros países en utilizar una aeronave de combate no tripulada (UCAV, por sus siglas en inglés), lo que hoy se conoce como dron. Aunque Estados Unidos, Turquía e Israel son conocidos por producir este tipo de aeronaves, Irán fue pionero en este campo.
En aquel primer momento, en 1988, los drones iraníes aún tenían un diseño primitivo, con un alcance de no más de 50 kilómetros. Pero en 2026, drones iraníes avanzados cruzaron el espacio aéreo de varios países para atacar objetivos en Israel desde territorio iraní.
De hecho, Israel fue el primero en utilizar drones con fines militares, incluso antes que Estados Unidos. Los empleó en la guerra de 1973 para engañar a los sistemas de misiles tierra-aire egipcios y desgastarlos. Este fue el principio que posteriormente desarrollaron quienes participaron en el programa de drones iraní.
Durante la invasión del Líbano en 1982, Israel utilizó drones Scout y Mastiff para reconocimiento y para dirigir ataques contra posiciones de misiles sirias en el valle de la Bekaa. Este fue el primer uso de drones militares en un conflicto armado.

Transformación de conceptos
Expertos iraníes siguieron de cerca los acontecimientos en Líbano, y sus aliados en Hezbolá les ayudaron a recopilar información detallada sobre los drones israelíes. Concluyeron que el equipo no era muy sofisticado y que sus expertos en las universidades de Teherán e Isfahán eran capaces de construir modelos similares.
Analistas militares también han señalado en numerosos informes que los prototipos de drones iraníes presentaban muchas características similares a los drones israelíes Scout y Mastiff. Según ellos, los ingenieros iraníes se inspiraron en estas características de los modelos israelíes.
Desde la década de 1970, se ha sabido que cuanto más avanzada tecnológicamente sea un arma, más valiosa y eficaz será. Por ejemplo, un misil guiado capaz de destruir un objetivo a 1.000 kilómetros de distancia con alta precisión es más eficaz que cientos de balas no guiadas. Desde esta perspectiva, la tecnología prima sobre la cantidad.
Los iraníes añadieron un nuevo enfoque a la ecuación: si un país no puede competir con sus rivales en términos de tecnología, puede hacerlo en términos de cantidad y costo económico.
Este es el principio en el que se basó el programa de drones de Irán. Un dron cuya fabricación cuesta unos US$20.000 no puede competir en precisión con un misil de crucero de US$2 millones. Pero si se despliegan 100 drones, el bando contrario tendrá que disparar 100 o más misiles para contrarrestarlos.
Los drones no están diseñados para la precisión ni para un alto poder destructivo, sino para debilitar las defensas del enemigo y agotar sus recursos financieros. Por lo tanto, los ataques con drones pueden durar más, ya que cuestan entre 10 y 20 veces menos que los sistemas de defensa antimisiles del adversario.
Un cálculo sencillo muestra que desplegar 100 drones cuesta unos US$2 millones, mientras que el bando defensor debe gastar unos US$200 millones en misiles avanzados para contrarrestarlos, independientemente del daño que causen estos drones.
Los drones también tienen otra característica: son difíciles de detectar por radar, ya que vuelan a baja velocidad y altitud. Además, el uso simultáneo de un gran número de ellos puede interrumpir los sistemas de defensa y, en algunos casos, impedir por completo su detección.

El ataque de 2019 contra las instalaciones petroleras sauditas de Saudi Aramco demostró la eficacia de esta característica, ya que los sistemas de defensa estadounidenses no pudieron interceptar los drones de fabricación iraní.
Aunque los hutíes se atribuyeron la responsabilidad del ataque, la opinión generalizada es que los drones fueron lanzados desde territorio iraní o iraquí.
Los daños causados por el ataque ascendieron a decenas de miles de millones de dólares, mientras que el costo de los drones atacantes fue de tan solo unos pocos millones.
Esta diferencia es el factor que, en última instancia, podría determinar al vencedor y al perdedor en la guerra de drones.
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