No puede haber empresas exitosas en un país fracasado. Tampoco pueden existir empresas honestas en un país corrupto. Mucha de la discusión y de la repulsa popular sobre la corrupción se ha enfocado esencialmente en el comportamiento de una clase política desgastada y acostumbrada a una cultura de opacidad e impunidad -que les beneficia-, como parte del costo de hacer negocios en Panamá. Pero la corrupción no es un atributo exclusivo del sector público o de los asuntos vinculados a los temas de Estado, la corrupción campea en el sector privado.
Nuestra legislación penal y los códigos deontológicos se refieren exclusivamente al soborno, peculado, colusión y otros delitos dentro de la esfera pública, e ignoran por completo a la esfera empresarial.
Exploremos varios ejemplos “hipotéticos” de coimas privadas para entender el alcance del problema:
1. Una pequeña empresa que ha sido un buen cliente de un banco por más de 10 años, acude a su oficial bancario para pedir un sobregiro con el propósito de renovar su inventario de productos. El funcionario del banco privado gustosamente le informa que está dispuesto a respaldar el sobregiro… a cambio de que se le pague una comisión por facilitar dicha transacción. Esto se llama coima.
2. Una empresa que quiere ofrecer un nuevo producto en los supermercados se encuentra con la barrera de que su producto podría desplazar a los de otros distribuidores. Rápidamente le contactan intermediarios que le solicitan pagos para que pueda ejercer su derecho a seguir vendiendo su mercancía. Si no accede no podrá mantenerse en el mercado.
3. Existe una categoría de corrupción privada en la que se requiere que para hacer negocios con una empresa poderosa, el aspirante debe contratar a tal o cual publicitaria, agencia de aduanas, corredor inmobiliario, firma de abogados u otra entidad, en donde trabajan los familiares o tienen intereses económicos los dueños o altos ejecutivos de la poderosa empresa.
Creo que estos ejemplos sirven de ilustración de algunas de las prácticas comunes, casi equivalentes a la extorsión, con las cuales deben lidiar múltiples empresas en nuestra economía. No se debe ignorar este tipo de corrupción porque tiene altísimos costos escondidos para todos nosotros. Estas prácticas aumentan los precios de muchos productos en Panamá, reducen la competencia comercial, concentran la riqueza producida por nuestra economía, desalientan la innovación, causan desempleo y una pérdida simbólica del valor y calidad del sector privado.
Incluir algunas de estas conductas en el Código Penal puede ayudar para combatirlas, pero además, puede ser más útil fomentar una nueva cultura empresarial de círculos virtuosos, basada en la transparencia y en las auditorías externas que verificarían las relaciones con los proveedores, las oportunidades de negocios para nuevos actores y midieran las prácticas éticas que lleva adelante una empresa. Nuestros diputados podrían contribuir mucho generando una legislación que fomente las prácticas éticas empresariales, la apertura de un porcentaje mínimo de actividades de las grandes empresas a pequeños negocios y fortaleciendo los poderes de la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia y de las múltiples superintendencias para investigar, documentar y publicar sus hallazgos sobre el comportamiento empresarial en Panamá.
Así como existe una asociación panameña de crédito, donde se documenta el comportamiento económico de los consumidores, debería existir una asociación panameña de los negocios, donde se documentara el comportamiento empresarial incluyendo cosas tales como cantidad de quejas de los consumidores, controversias laborales, demandas civiles o mercantiles, percepción de consumidores y otros negocios en el mismo sector, cumplimiento con normas ambientales y/o regulaciones bancarias, migratorias, sanitarias u otras similares.
La lucha contra la corrupción no tiene cuarteles y todo el espacio público y privado es territorio propicio para combatirlo. Un mundo sin negocios privados corruptos, es un mundo en el cual los asuntos públicos también serán honestos. La coima pública existe porque su hermana gemela, la coima privada prospera.
Tenemos el derecho y el deber de construir una economía distinta.
