En noviembre del año 2000 me encontraba tomando un curso de alta gerencia en Florida (Estados Unidos) con un grupo de jóvenes profesionales de todas partes del mundo. Un fin de semana aprovechamos una escapada para ir a ver el recuento de votos presidenciales en la capital del estado. Luego de la visita, los latinoamericanos llegamos a la conclusión de que se estaba dando un fraude electoral. Un colega australiano quien nos acompañaba aclaró que no era un fraude. Cuando el partido en el poder le roba las elecciones a la oposición es un fraude electoral, mientras que cuando al partido en el poder le hacen un fraude electoral en las urnas, es un golpe de Estado.
Desde 1992 hasta la fecha, el Partido Republicano de Estados Unidos solo ha sacado más votos que el Partido Demócrata para las elecciones presidenciales, en el año 2004. En dos ocasiones: en el año 2000 y en 2016, los demócratas han sacado más votos que los republicanos pero no han ganado la Presidencia. Si en el año 2000 Al Gore sufrió un “golpe de Estado” ¿qué le pasó a Hillary Clinton en 2016?
Según los analistas, los demócratas cometieron dos grandes errores tácticos en 2016. El primero fue concentrar demasiados recursos en Florida descuidando a los estados industriales del medio oeste. El segundo fue asumir un estilo de comunicación con Donald Trump como si fuera un candidato normal, y lo dejaron manipular los mensajes, como el maestro ilusionista que es. Quizás sea cierto lo de estos dos grandes errores tácticos, pero pienso que el error más grande de los demócratas fue tener a Hillary como candidata. El candidato debió haber sido el vicepresidente de Obama, Joe Biden. Es la tradición en Estados Unidos que el candidato presidencial después de un presidente muy popular, sea su vicepresidente. Los Clinton forzaron la mano al partido, le cerraron la puerta a Joe Biden, y sellaron el destino de Estados Unidos y el mundo.
En unos pocos días, Donald Trump se convertirá en el presidente de los estadounidenses. En su haber tiene el crédito de terminar a dos dinastías políticas dominantes del panorama electoral de su país en los últimos 40 años: los Bush y los Clinton. Trump llego al poder sin partido, pero a la hora de ensamblar su gabinete ha incorporado a todos los bandos de los republicanos. Fundamentalistas religiosos, libertarios, militares y halcones de la seguridad nacional.
La elección de Donald Trump tomó a mucha gente por sorpresa, pero no a los grandes intereses que lo apoyaban. Tomo un solo ejemplo. El futuro Secretario de Estado, es el actual presidente de la empresa Exxon-Mobil la petrolera más grande de Estados Unidos. Para que una empresa de ese tamaño le permita a su presidente abandonar el cargo, y le reconozca todas sus bonificaciones y compensaciones requiere del consentimiento de la directiva de la corporación. Ese no es un proceso fácil de lograr, lo que indica que algo debía estar andando desde hace meses para preparar la sucesión y los cambios de personal dentro de la gigante petrolera.
Donald Trump y Barack Obama son muy distintos, pero comparten una teoría política común. El dominio hegemónico de Estados Unidos se está desvaneciendo. Obama enfrentó esta situación procurando resolver viejos conflictos políticos como los de Irán y Cuba. Su gobierno auspició la paz en Colombia y empujó una transición energética para reducir la dependencia del petróleo importado y disminuir el poder de los países exportadores de petróleo, entre ellos Rusia.
Trump propone una versión más pequeña del imperio. En su cosmovisión, el enemigo más importante de Estados Unidos es China por su poderío económico y su influencia sobre los países asiáticos. Para él la Rusia de Putin es un aliado frente a China. En su mente el mundo se divide entre los países bajo influencia de Estados Unidos y los países bajo influencia de Rusia. En ese modelo, China estorba.
El gobierno de Trump es esencialmente mercantilista y sus metas económicas pasan por el mejoramiento de los sectores financiero y extractivista (petróleo y carbón) de la economía. Para las empresas petroleras hay dos grandes fronteras sin explorar ni explotar adecuadamente. La Siberia de Putin y el Polo Norte que se está derritiendo por el cambio climático.
Para sacar el petróleo del Polo Norte se necesita un consenso entre Rusia, Canadá y Estados Unidos. Aparte de todo el petróleo y del gas natural que hay en el norte, hay otra región con mucho petróleo muy mal explotado y administrado. Se trata de Venezuela. Allí veremos muy posiblemente el ejercicio del poder militar más grande que Estados Unidos haga en América Latina en el siglo XXI.
La dictadura Maduro es la clase de régimen con el cual Trump puede meterse y mandar un mensaje mundial. Son ese tipo de mensaje lo que me genera la mayor preocupación de que el mundo vaya a una guerra en Corea del Norte, Irán o en algún otro sitio de la frontera geopolítica. No es solo toda una generación perdida de avances institucionales en materia de educación, salud, medioambiente, lucha anticorrupción o derechos de la mujer, por solo mencionar algunos de los temas que más sufrirán por el gobierno de Trump. Los nuevos problemas que genera su conflictividad, sus mentiras y si arrogancia los sufriremos todos en el planeta y, por primera vez en casi 50 años, Estados Unidos se enfrentará a sus propios demonios y carencias democráticas.
Una vidente mexicana afirmó que Trump tendrá un gobierno corto y que terminará violentamente. Un astrólogo español afirmó que Trump aparece en los versos de las profecías de Nostradamus y que será el Congreso estadounidense el que acabará con su gobierno.
Así es la era Trump, un momento en la historia humana en el cual la especulación, la superstición, la incertidumbre, el odio y el pesimismo dominaron a las grandes potencias.
