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06 oct La Gran Compresión

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Zona Libre de Colón. Zona Libre de Colón.
Zona Libre de Colón.

En la Asamblea Nacional hay una iniciativa para aumentarles las pensiones a los jubilados de la Caja de Seguro Social (CSS).

El dinero no es mágico, y el Gobierno de Panamá no controla la emisión de dólares por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, los fondos para el aumento a los jubilados tendrían que salir de un nuevo impuesto, y un aumento de la deuda pública, o de la disminución de fondos para importantes actividades estatales.

El reclamo popular por más salarios, mayores jubilaciones, un nuevo reparto de recursos de los décimos tercer mes retenidos en la época de los militares, y hasta el aumento de los fondos de los subsidios escolares, de la red de oportunidades, y de 120 a los 65 pueden estar en el panorama.

Precisamente porque estamos en una época electoral, aparecen peligrosas promesas de más jamones, casas gratis, y mayores subsidios que precisamente arrinconan a los panameños hacia una precaria situación económica.

Las principales políticas económicas del Estado, junto a las iniciativas de atracción de inversiones extranjeras, y la apertura exagerada del mercado panameño, han tenido un efecto concreto sobre la distribución de la riqueza en Panamá: la han comprimido. Cada vez son menos personas las que pagan los impuestos que hacen funcionar al Estado.

Cada vez son más las personas que reciben ineficientes subsidios. Mientras aumenta la deuda pública, crece la planilla estatal.

El mecanismo concebido por el Estado y los distintos gobiernos que nos han liderado durante el periodo democrático ha sido enfocado en la eliminación de impuesto para promover las inversiones privadas, a costa de los ciudadanos y de las empresas que tienen que pagar los impuestos regulares que existen en el país.

Como si fuera poco, simultáneamente con la eliminación del impuesto sobre la renta a la Zona Libre de Colón (ZLC), aparecieron las fundaciones de interés privado, que se ha convertido en una forma de disminuir el pago de impuestos y evitar otras regulaciones.

Luego nacieron la Sedes de Empresas Multinacionales (SEM), que siguieron a la Zona Libre de Petróleo y a aun rosario de iniciativas que han tenido como gancho principal el no pago de impuestos.

Todas estas entidades necesitan para su funcionamiento que el Estado y los municipios hagan importantes inversiones en materia de infraestructura: agua, saneamiento, seguridad, interconexiones eléctricas, aeropuertos y otros gastos que a su vez justifican un mayor endeudamiento.

Hoy en día, Panamá percibe menos ingresos en concepto de aranceles de importación que hace casi un cuarto de siglo. Esto se debe principalmente a la veintena de tratados de libre comercio que el país ha firmado durante los cuatro gobiernos de este siglo.

Si se hubiese mantenido el nivel de aranceles que teníamos en el año 2000, posiblemente los ingresos por ese rubro estarían alrededor de más de mil quinientos millones de dólares por año. Este año se estima que los ingresos arancelarios posiblemente superen los 300 millones de dólares. En 1994 ya superábamos los 400 millones de dólares en aranceles.

Según la Teoría Económica, la diferencia de lo que el Estado dejó de cobrar en aranceles a los productos importados (más de once mil millones de dólares en importaciones anuales) se debió convertir en una rebaja de precios.

Aunque si es cierto, que comprar una tableta, o un teléfono celular es más barato en Panamá que en casi toda América Latina, también es cierto que la ciudad de Panamá es considerada la más cara de la región.

Mientras que el precio de los alimentos ha subido desproporcionadamente, hemos llegado a la paradoja de que en Panamá es más barato un litro de cerveza que un litro de leche. En la realidad ese diferencial de lo que el Estado dejó de cobrar se convirtió en escuelas sin electricidad, calles con huecos, regiones sin agua potable, un atraso en el pago a los maestros, y un creciente endeudamiento público.

El déficit fiscal de este año, algo así como mil setecientos millones de dólares supera los ingresos que el Canal de Panamá ampliado le entrega al gobierno central.

Sin aranceles ni impuestos a todas las actividades económicas que se realizan en el país, no hay paraíso posible. Es imposible subsidiar las necesidades de hoy a costa de hipotecar hasta el tuétano el futuro del país, nos hemos quedado sin los recursos públicos para financiar nuestro propio desarrollo.

Para la clase media panameña se hace obligatorio enviar a sus hijos a escuelas privadas, pagar seguros médicos particulares, comprar un auto propio y asimilar los costos invisibles de malos servicios públicos, tranques interminables, una alta inseguridad ciudadana, y la perenne falta de medicinas de las CSS.

Esos costos son el impuesto sombra que nos impone un sistema económico desbalanceado. “La solución” nos la propone un puñado de millonarios metidos a políticos o de políticos que aspiran a convertirse en millonarios.

El germen de la enfermedad venezolana, el virus nicaragüense o hasta la bacteria haitiana ya encontraron un caldo de cultivo. Ese es el resultado de políticas comerciales ancladas en la disonancia con la realidad, y de un Estado cada vez más capturado por la política del clientelismo, el subsidio “y el ¿qué hay pa mí?”.

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