A finales del siglo XIX, la firma de abogados Sullivan & Cromwell de Nueva York inventó un modelo de sociedades anónimas para favorecer los negocios del mundo financiero estadounidense.
Entonces, como ahora, la presión popular era favorable a la creación de nuevos impuestos y al aumento de los existentes para los ricos.
Con las nuevas sociedades, especialmente las del estado de Delaware, se podían hacer transacciones fácilmente, con muy pocas regulaciones, y evitando los molestos impuestos.
Unos 20 años más tarde, y en medio de la Primera Guerra Mundial, el joven Estado panameño aprobó su Código de Comercio, y la primera legislación que facilitaba el abanderamiento de naves dedicadas al comercio internacional bajo la insignia panameña.
En 1927, el diputado Harmodio Arias Madrid propuso una Ley de Sociedades Anónimas, que superaba a la de Delaware, y cuyo propósito era convertir a Panamá en una plaza para realizar importantes negocios internacionales.
Adolfo Hitler conquistó el poder en Alemania en 1933. Muy rápidamente, su discurso racista y dictatorial provocó que miles de ciudadanos alemanes buscaran un refugio para su dinero, con alguna forma de protección de su identidad.
Los suizos crearon en 1934 la Ley de Secreto Bancario que establecía las cuentas cifradas y obligaba a todos los empleados de los bancos a mantener reserva sobre los dueños de las cuentas.
Después de la Segunda Guerra Mundial, el naviero griego Aristóteles Onassis empezó a abanderar su flota de tanqueros de petróleo bajo la bandera panameña.
Eso hizo que muchos otros siguieran su ejemplo, y el registro de naves de Panamá empezó a crecer astronómicamente, hasta convertirse en el más importante del mundo.
Sociedades anónimas y abanderamiento de naves van de la mano. Era usual que el dueño de cada nave tuviera varias sociedades anónimas para poder funcionar en el negocio marítimo internacional.
En la década de 1970, se desarrolló en nuestro país el Centro Bancario Internacional. Bancos de todas partes del mundo se establecieron en el istmo. Se supone que esta fue la época salvaje de lavado de dinero en Panamá.
En la Zona Libre de Colón se vendía ropa falsificada, videos pirateados y se llevaba una doble y hasta triple contabilidad para esconder las transacciones reales, de lo que se presentaba contablemente a las autoridades.
Por supuesto que existían empresarios honestos en la Zona Libre, pero la mentalidad dominante era otra.
El lavado de dinero se convirtió en ilegal en Panamá en 1986. Para 1994, salieron las primeras regulaciones de “conozca su cliente”.
Aunque se creó una comisión en el gobierno de Mireya Moscoso para revisar los temas pertinentes, no fue hasta el año 2011 que se legisló una norma para obligar a la “debida diligencia”.
En 2015 se legisló para ampliar el número de actividades que debían reportar sus transacciones sospechosas a las autoridades.
Las sociedades anónimas existen para proteger activos, resguardar identidades y facilitar transacciones comerciales. Hay una diferencia fundamental entre los términos “evitar impuestos” y “evadir impuestos”.
Evitar impuestos significa organizar una transacción para reducir la cantidad de impuestos que esta paga. Por ejemplo, un jugador de fútbol hace que su sociedad anónima panameña sea la que negocie su derecho de imagen.
De esta forma, esta actividad queda excluida del régimen tributario del país donde reside el jugador. Hay otros deportistas que se mudan a Mónaco y dejan de pagar impuestos sin ningún problema y sin necesidad de una sociedad anónima.
Por otra parte, evadir impuestos significa disimular o esconder los ingresos para que estos no paguen tributos. Este es el problema más serio que enfrentan las estancadas economías occidentales.
El grado de la evasión es altísimo. Cientos de miles de millones de dólares faltan de las arcas de los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). Para Francia, arrinconar a Panamá es una forma políticamente fácil de hacer ver que se buscan los impuestos evadidos sin hacer nada en realidad.
Todos los países desarrollados saben perfectamente lo que hay que hacer para cerrar los escapes de dinero. Sin embargo, dichas medidas serían tremendamente impopulares entre los ricos y poderosos del mundo.
Francia no va a recaudar ninguna cantidad significativa de impuestos estrangulando a Panamá. Esto es meramente simbólico y una distracción frente a los fracasos de su política interna.
El offshore como industria tiene sus días contados. Posiblemente en 10 o 15 años, se habrán creado las regulaciones internacionales que acaben con ese negocio.
Al igual que la Zona Libre de Colón, la venta de sociedades anónimas necesita cambiar su modelo de negocio. A todo el mundo le duele el cambio, y mucho más si es forzado por potencias extranjeras.
El escándalo de Mossack y Fonseca nos cayó como un balde de agua fría a los panameños. Nos sentimos víctimas de una pelonera mundial. Aunque la mayoría de los papeles son de jurisdicciones dependientes de los países anglosajones, el nuestro se llevó la peor parte.
Esto se ha transformado en un vivo recordatorio de que Panamá tiene que sanear aun más su economía. Como reacciones y respuestas frente a esta gran oportunidad, me parecen muy útiles las siguientes:
