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15 jul La batalla por la educación sexual del futuro

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El proyecto de Ley 61, que ha tenido más de un año en primer debate, no es lo que sus críticos dicen, pero tampoco lo que sus defensores proponen. El proyecto de Ley 61, que ha tenido más de un año en primer debate, no es lo que sus críticos dicen, pero tampoco lo que sus defensores proponen.
El proyecto de Ley 61, que ha tenido más de un año en primer debate, no es lo que sus críticos dicen, pero tampoco lo que sus defensores proponen. LA PRENSA/Archivo

En una cena unos amigos inician una discusión feroz. Los comensales de las otras mesas quedaron impresionados por la intensidad del debate. La razón del intercambio era muy sencilla. Una parte estaba opuesta al proyecto de Ley 61 y a las guías de Educación Sexual actualmente en discusión. Cuando se les preguntó si habían leído los documentos de la discordia, la respuesta fue no, y que tampoco era necesario leerlos, porque ya “sabían” lo que dichos documentos decían.

Estaba en cuarto grado de primaria, por allá por 1977, cuando la maestra Rosa, una mujer madura y muy cariñosa, educadora de vocación, me dio mi primera clase de educación sexual y de afectividad, la cual consistió en una breve explicación científica y sanitaria de los órganos sexuales que concluyó con una serie de consejos que hasta hoy le repito a todos los jóvenes que conozco: “Cuídense mucho porque tienen un gran futuro por delante no deben arriesgarlo por un breve momento de placer”.

Como tantos jóvenes de mi generación busqué afanosamente en las enciclopedias, revistas y en la literatura en general acerca de los misterios del sexo. Anaís Nin, D.H. Lawrence, Henry Miller, Emmanuelle Arsan y otros autores me sapearon lo que el sexo podía llegar a ser. También era la época de los grandes filmes eróticos como: “El Último Tango en París”, “Calígula”, “El Imperio de los Sentidos” y “Emmanuelle”. El acervo de la cultura sexual de la generación X es enorme, y por lo tanto somos la generación más frustrada e insatisfecha sexualmente que ha tenido la historia.

El proyecto de Ley 61, que ha tenido más de un año en primer debate, no es lo que sus críticos dicen, pero tampoco lo que sus defensores proponen. Este proyecto es un esfuerzo honesto y minimalista de codificar en una sola norma los principios que rigen la gestión, por parte del gobierno para brindar los servicios de salud sexual y reproductiva a la población. Este proyecto otorga garantías inéditas. Por ejemplo, la “objeción de conciencia” a los funcionarios de salud que por razones morales se oponen a brindar servicios de salud sexual y reproductiva.

El proyecto es el mejor intento que he conocido, de parte del Estado panameño, para combatir el aborto y para ayudar a mitigar la violencia sexual que sufren, principalmente, las mujeres y los menores de edad. El proyecto no establece prerrogativa alguna para las personas de orientaciones sexuales distintas a la heterosexual, no tiene nada que ver con las uniones civiles entre personas del mismo sexo o la abolición de la patria potestad.

Por su parte, las guías de educación sexual -en borrador-, están sujetas a todos los cambios que el amplio grupo de trabajo que las redacta pueda adicionar. Este grupo incluye representantes de las agencias de gobierno y de la sociedad civil, de todos los colores y perspectivas. Son 60 participantes en el grupo que prepara estos documentos, que están destinados únicamente para los docentes.

La guía cuenta con la asesoría del Fondo de Población de las Naciones Unidas. Seguramente, Naciones Unidas ha ayudado a producir guías de distintos calibres para diferentes países, sin imposiciones, y con un criterio de respeto a la dignidad humana. El Fondo de Población (UNFPA por sus siglas en inglés o FONUAP, Fondo de Naciones Unidas para Actividades de Población), ha sido caracterizado como un gran villano que empuja la ideología de la educación integral en sexualidad (EIS) y algo más perverso, el enfoque de género.

Hace unos años, cuando estuve en El Salvador, una persona sumamente educada que estaba opuesta a la educación sexual, me explicó que todo era parte de una conspiración judía y masónica. Según este político, los masones controlaban a la ONU, por lo que los buenos miembros de su cofradía religiosa debían rechazar estas propuestas. Me dio tanta risa, que pensé que esa conversación la había leído en alguna novela de Umberto Eco.

A la conspiración del UNFPA (judío-masónica) se le adiciona otro gran villano, la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF) por sus siglas en inglés. La IPPF es la bestia negra de los grupos conservadores católicos y evangélicos estadounidenses. Algunos de los capítulos locales de la organización, como varias de sus clínicas en Estados Unidos, han sido objeto de sabotajes, tiroteos, bombas y el acoso constante contra los doctores y activistas que trabajan para dicha organización, producto del fanatismo y extremismo fundamentalista que sacude Estados Unidos.

¿Se pueden mejorar las guías de educación sexual?

Sí, seguramente. Las guías están en versión borrador y todavía falta mucho para llegar a una versión final. Además, las guías no son para los estudiantes, ni tienen instrucciones sobre el sexo anal o las mejores técnicas de masturbación. Son aburridas y dudo que sean leídas en su totalidad por algún joven.

¿Cuáles son las razones de oposición a estos dos esfuerzos separados?

Honestamente me parece que hay mucha gente buena que no las entiende, no las ha leído o que, en el fondo, están reaccionando a un proceso de acumulación de eventos e incidentes que perciben que atenta contra su “modelo de familia ideal”.

En Estados Unidos, el año pasado, la Corte Suprema de Justicia legalizó el matrimonio entre homosexuales. Un famoso atleta olímpico y padrastro de una celebridad, se cambió de sexo. En Panamá, el desfile de orgullo gay es cada vez más popular y la primera chica transexual obtuvo su reconocimiento por parte del Tribunal Electoral.

Hay cuatro razones de fondo para que tengamos guías de educación sexual, después de más de una década de estar intentando producirlas:

1. Hay 32 embarazos diarios de adolescentes y niñas. No se conocen el número de abortos que acompañan a esta cifra;

2. El VIH es la tercera causa de muerte de jóvenes entre 15 y 24 años. Si consideramos que el periodo de incubación de la enfermedad es de entre cuatro a ocho años, quiere decir que muchos de los muertos por sida en Panamá se contagiaron, por lo menos, a los 11 años de edad.

3. Se calcula que hasta 95 % de los casos de violación, incesto y estupro son totalmente desconocidos por el aparato de justicia. La violencia sexual no es un monopolio de los pobres en los guetos. Ocurre todos los días, en todas las clases sociales, y en el silencio cómplice dejamos que se marchite el alma de niños y jóvenes que no tienen a nadie que los defienda. El acoso sexual en las escuelas y universidades, en los trabajos y en el ciberespacio es sumamente fuerte. Y ha producido un número importante de suicidios y afectaciones sicológicas muy profundas, sin que existan las herramientas adecuadas para enfrentarlo;

4. La prostitución, la pornografía infantil y el comercio sexual han ido en crecimiento gracias al internet. Se calcula que, al menos, 30% de todo lo que ocurre en internet tiene que ver con pornografía. Ahora los chicos se ofrecen sexualmente por celular, mientras que las chicas (muchas menores de edad) compiten con sus fotos íntimas en los celulares de sus compañeros y amigos.

Cuando estaba en la escuela primaria, la maestra Rosa nos repetía incesantemente sobre la necesidad de cuidarnos y protegernos. Esta generación no tiene tantas maestras Rosa y sus padres no existen en el mundo donde los jóvenes viven ahora. Su educación sexual ya no la da la calle, la literatura o el cine de autor. Ellos aprenden viendo y haciendo por el celular, las redes sociales y otros medios que nadie controla y, por lo tanto, no son objeto de debate en la Asamblea Nacional, o en reuniones de expertos, funcionarios y sociedad civil. Si les queremos dejar un mundo mejor y darles un chance para que lleven adelante una vida digna, esas guías son una herramienta que puede salvar muchísimas vidas.

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