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01 jul Hay 10 mil millones de razones…

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El buque neopanamax Cosco Shipping Panamá atraviesa las esclusas de Cocolí. El buque neopanamax Cosco Shipping Panamá atraviesa las esclusas de Cocolí.
El buque neopanamax Cosco Shipping Panamá atraviesa las esclusas de Cocolí. LA PRENSA/ Alexander Arosemena

Me ha correspondido ser el conductor designado después de la borrachera colectiva que los panameños nos dimos con la inauguración del Tercer Juego de Esclusas. Ahora, algunos días después de los festejos, las quejas sobre la diferencia entre las comidas de los invitados especiales y del pueblo en general, por ejemplo, son en verdad triviales. Después de los varios golpes reputacionales que ha recibido el país, y que demuestran la pobreza moral de nuestra clase política y la debilidad de nuestras instituciones, la celebración era sumamente merecida.

Personalmente, me hubiese gustado que se recordara más ampliamente a Fernando Manfredo y su esfuerzo, junto a Jorge Illueca, Julio Mandulay y George Richa, para presentarnos una opción frente a la ampliación del Canal. Fue ese esfuerzo crítico el que enriqueció el debate nacional y obligó a los proponentes de la ampliación a explicar mejor la propuesta.

Las obras completas de la ampliación no han terminado. Hay múltiples pendientes desde la entrega de planos, hasta trabajos menores que deberán cumplirse en los próximos meses. El Canal de Panamá siempre está en construcción. El propio presidente Varela expresó que se harán embalses adicionales. Tengo entendido que muy posiblemente estas obras incluyan el embalse de río Indio, el Sitio Trinidad y hasta una represa para el Alto Chagres, para que el Canal cuente con mayor estabilidad en el suministro de agua.

Sobre el temita del Cuarto Juego de Esclusas es un poco irresponsable considerar una obra de tal magnitud bajo las condiciones de endeudamiento nacional, cambio climático mundial y una década de muy bajo crecimiento económico que, según los expertos, se avecina mientras la economía del planeta hace la transición hacia nuevas tecnologías. No le estamos sacando todo el provecho que se puede a los dos canales que tenemos, y embarcarnos en uno nuevo, simplemente, no es responsable.

Recomendaría que el Presidente de la República y los altos ejecutivos de la Autoridad del Canal de Panamá viajaran al norte de Canadá para observar de primera mano cómo se está derritiendo el Polo Norte, a la vez que aumenta el interés de las grandes navieras de transitar gratis por una vía más corta. 

Es muy llamativo que el consenso universal de legos y expertos, acerca de que el uso de los fondos del Canal debe mejorarse, y enfocarse hacia la educación, incluso hacia la Caja de Seguro Social.

Hace 10 años, la Concertación Nacional para el Desarrollo había consensuado una lista de supermercado de las distintas prioridades que el país debía atender con los fondos frescos que el Canal aportaría. Por el lado de los ingresos, estos van a ser menores de lo que se había estimado, y recordemos que están llegando casi dos años más tarde de lo originalmente propuesto. Además, los amigos del consorcio Grupo Unidos por el Canal nos mantienen litigios pendientes por más de 3 mil 400 millones de dólares, que muy posiblemente requerirán cuatro o cinco años para ser decididos.

Desde el año 2000 hasta 2015, la ACP le ha aportado al fisco nacional aproximadamente 10 mil millones de dólares. Con esos fondos se habrían podido resolver los problemas estructurales de educación, salud y seguridad social. En su lugar, a lo largo de cuatro gobiernos distintos, esos fondos se usaron para hacer canchas de baloncesto en un potrero, cambiar el techo de algunas capillas, construir una cinta costera III de 800 millones, pavimentar con chicle toda el área metropolitana, hacer hospitales fantasmas y pasos elevados creadores de tranques donde no los había. En otras palabras, nuestra clase política -desde el gobierno de Mireya hasta el gobierno de Varela-, no fueron los más responsables y eficientes con los ingresos del Canal ni con todos los ingresos públicos.

Un análisis cínico nos revelaría que todos los contratos que ha recibido la empresa Odebrecht suman 9 mil millones de dólares hasta la fecha (faltan la línea 3, la ampliación del saneamiento de la bahía y el nuevo puente sobre el Canal), lo que en comparación con los 10 mil millones que aportó el Canal, nos daría la situación de que un equivalente al 90% de los aportes del Canal se fueron a Brasil por los muy afortunados contratos que esta empresa ha ganado en tres gobiernos distintos.

Propongo una solución similar a la de Félix B. Maduro. Se debe crear un fideicomiso en el que se depositen todos los ingresos del Canal, y se establezca una junta de notables que lo administre buscando identificar aquellas iniciativas que de verdad contribuyan al desarrollo nacional.

Las nuevas oportunidades que se le abren al país requieren de valor político y de talento empresarial para que los panameños sean los primeros beneficiarios de los nuevos valores agregados. Honestamente, hay que poner a Panamá Ports en cintura, para que la ACP pueda desarrollar el puerto de Corozal y otros proyectos auxiliares. Se necesita que las oportunidades logísticas estén dirigidas a crear empleos para los panameños. Por supuesto que faltan muchísimos especialistas, pero precisamente de eso se trata el esfuerzo que debe hacer el gobierno y la empresa privada, para realmente reducir la pobreza y la desigualdad socioeconómica en nuestro país.

Para complementar el esfuerzo del Tercer Juego de Esclusas inaugurado, el pasado domingo 26 de junio, propongo cuatro proyectos estratégicos para el futuro del país, en los cuales se pueden invertir los próximos 10 mil millones de dólares que aporte el Canal.

1. Aeropuerto Internacional de Tocumen

Este ha sido un proyecto de Estado. Desde que Enrique Jiménez construyó el aeropuerto original, y Omar Torrijos el aeropuerto actual, hemos tenido posiblemente el mejor aeropuerto de América Latina. Nuestra terminal aérea ya está saturada. Lo que nos causaba orgullo de viajar en avión y bajar directamente por los puertos de embarque a la propia terminal, se han convertido en recuerdos anecdóticos frente a la realidad actual de tener que bajar de un avión a la pista, y caminar cientos de metros para llegar a la terminal o abordar un autobús especial. La segunda terminal va a nacer vieja y saturada. Es tiempo de patear la mesa, y embarcarnos en la verdadera ampliación del aeropuerto de Tocumen con dos terminales nuevas y quizás con una tercera y cuarta pista, que junto con el aeropuerto viejo se pueda crear una joya de la logística y de turismo mundial.

Aproximadamente 13% de los pasajeros que llega a Tocumen se quedan en Panamá. Este porcentaje se puede aumentar muy fácilmente trabajando con las líneas aéreas, y levantando así al sector turismo. Tan solo apostando a un 20%, superaríamos los tres millones de visitantes al año. Si con la ampliación del aeropuerto llegamos a 20 millones o 25 millones de pasajeros frente a los 15 millones actuales; fácilmente el país podría tener 4 millones de turistas. Esta ampliación aeroportuaria requiere cambiar el modelo corporativo del aeropuerto, que ha limitado su crecimiento a lo que la entidad puede adquirir como deuda. Esta es una obra de carácter estratégico, y debe ser emprendida por el Estado. Calculemos que nos cueste 2 mil 500 millones hacerlo, los beneficios para el país pagan con creces esta inversión.

2. El Plan Nacional de Riego y la transformación de la producción agrícola del país.

El riego tiene una mala reputación en Panamá por los resultados que han tenido los proyectos de Remigio Rojas, en Alanje, Chiriquí, en el cual se desarrolló un buen proyecto de riego, pero se abandonó a los productores y se castró al río que los alimentaba con algunas hidroeléctricas necias. Por otro lado, el proyecto de riego de Tonosí únicamente sirvió para regar dinero al círculo cero del diputado autoexiliado. A pesar de estos resultados el país necesita ejecutar el Plan Nacional de Riego que fue diseñado a finales del siglo XX. Este plan debe ser acompañado con una transformación productiva y cultural de la agricultura panameña.

El aumento de la productividad por hectárea de arroz, el uso de pastos mejorados, la transición hacia una agricultura orgánica que conserve los suelos, entre muchas medidas, no solo resultará mucho más rentable para el país, sino que también abaratará la comida, generará nuevas exportaciones y llevará las zonas rurales del país hacia un alto nivel de desarrollo. Esto nos puede costar otros 2 mil 500 millones de dólares.

3. Innovación y educación.

Este es el componente más caro de la lista. No es posible que vivamos en un país donde más de la mitad de las escuelas públicas no tiene electricidad y casi 70% no tiene acceso a Internet. La educación necesita una verdadera revolución que mejore la calidad, aumente la duración del año escolar y de la jornada diaria, establezca entornos educativos desde la guardería hasta las universidades bien equipados y completas. Un profesor jamás debe preocuparse sobre la puntualidad de sus pagos, ni de los materiales con los cuales se imparten clases.

El sistema educativo por sí solo no hace el cambio. Para completar el salto, se necesita el sistema de investigación e innovación científica y tecnológica. Panamá tiene el talento para empezar a superar la brecha de innovación y emprendimiento que nos distancia de Costa Rica, México y Chile. Esta brecha es la que nos mantiene a años-luz de los países desarrollados.

Panamá puede en 15 años alcanzar a los líderes de América Latina, y en 15 años más, colocarse en un nivel similar al de los países desarrollados de menos población. Esta es la dimensión donde podemos generar el mayor valor agregado que nos podemos imaginar. La cura del cáncer, la genética molecular, la biotecnología para el saneamiento ambiental, las tecnologías de comunicación e información, y muchísimo más que está en la imaginación de nuestros compatriotas, puede hacer que el Bill Gates de 2040 sea un panameño. Esto nos puede costar unos 4 mil millones para los primeros ocho años.

4. Institucionalidad

Este es el aspecto “más barato”, pero a la vez de más alto impacto de la lista. La lucha contra la corrupción y la impunidad es costosa. Al Estado le hacen falta jueces, fiscales, investigadores, auditores, peritos, instalaciones judiciales apropiadas, laboratorios forenses, una mayor capacidad de investigación en materia de lavado de dinero y evasión fiscal y un reforzamiento de toda la institucionalidad que supervisa la economía y a la política partidista de este país. Este es el elemento vital para que Panamá dé el gran salto al primer mundo.

Un fiscal, un auditor o un recaudador de impuestos que no le tiemble la mano, y que no tenga que preocuparse por su seguridad económica es la mejor garantía para que funcione a cabalidad el resto de la sociedad. En gran parte, la mora judicial y la impunidad son el resultado de un aparato de justicia agotado y exhausto frente a los desafíos del volumen de casos y de la cantidad de expedientes que deben procesar. Hacer justicia y erradicar la corrupción son las medidas económicas más eficientes y beneficiosas para toda la nación. Costo estimado: mil millones de dólares para cuatro años.

Estos son mis sueños, a los que tenemos derecho todos los panameños en razón de nuestra ciudadanía común y el gran legado histórico que representa el Canal de Panamá.

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