Blogoterapia Blogoterapia

22 may El consumidor informado tiene melancolía

Temas:

Morena Morena
Morena Archivo

Como tú, estimado lector, soy un animal del consumismo. Enfrento ese algo algo que no miden las estadísticas inflacionarias o del costo de la vida en Panamá. Es simplemente la forma en que los de la clase media en Panamá, hemos perdido poder adquisitivo debido a la concentración económica de la oferta de ciertos productos, las prácticas de comercialización de los supermercados y farmacias, y los carteles que imperan en nuestra economía. Comparto mis vivencias desde la trinchera del consumidor maltratado, que tiene impotencia ante la realidad de nuestro mercado.

Mi aventura empieza con lo que uso para poder salir a la calle:

Pasta de dientes

Alguna vez en los años 80, un odontólogo me dijo que la marca dominante de las pastas de dientes me estaba quemando la boca y me sugería que cambiara de marca. Desde entonces y por casi 30 años usé la misma marca de dentrífico, esa pasta roja con sabor a menta. Sin embargo, cada vez se hace mas difícil encontrarla. A pesar que en un radio de 7 kilómetros desde mi casa están ubicadas todas las cadenas de supermercados y las tres principales cadenas de farmacias, solo un supermercado tiene regularmente la marca que busco, lo que usualmente me obliga a seleccionar sustitutos sumamente caros y lo peor de todo inconvenientes para mi salud bucal.

Champú

Desde hace más o menos una década he combatido mi cabello grasoso con una sucesión de marcas de champú, que cada vez que encuentro una que me sirve súbitamente desaparece del mercado. Estuve usando un champú de color azul que tenia selenio y sabor a menta. Cuando lo empecé a comprar valía 4 dolares por envase. Desapareció del mercado y cuando volvió a aparecer estaba entre 10 a 12 dólares, dependiendo del punto de venta. Mismo envase pero sin olor a menta. En silencio y con sigilo me he cambiado a otra marca, mucho más barata y que cumple los fines esperados y que tanto mi esposa como yo compartimos. No les digo más, porque me da miedo que la retiren del mercado o le tripliquen el precio.

Máquinas de afeitar

Mi padre murió hace 12 años. No fue un hombre acaudalado, por lo que su herencia fue muy puntual. De las cosas que recibí de él y que más atesoro, esta una máquina de afeitar, de esas antiguas de navaja intercambiable. Al principio era feliz comprando en los supermercados, farmacias y ocasionalmente en la tienda de los chinos el paquete de repuestos de la marca dominante. Inicialmente, cada repuesto me servía para cuatro buenas afeitadas, ya que tenía filo por ambos lados y yo fácilmente la volteaba y le daba dos usos adicionales. 

El consumidor informado tiene melancolía Expandir Imagen
El consumidor informado tiene melancolía Archivo

La fabricante cambió la calidad de su producto y apareció un repuesto que solo tenia filo por un lado y no podía usarse al revés. Intente usar unas marcas asiáticas, pero las cortadas en mi cara eran constantes, así que me cambié a usar máquinas de afeitar desechables. Aquí la historia se puso peor, de las cuatro o cinco marcas que había disponibles en un momento, la marca dominante se hizo omnipresente y no quedaba otra opción que comprar alguno de sus productos. Si alguien lo ha notado sale más barato comprar navajas nuevas que el paquete de repuestos. Aquí no hay competencia que valga, el consumidor se ha quedado sin oportunidad alguna.

Leche evaporada

Soy consumidor de la marca dominante desde siempre, pero recientemente algo pasó con las latas que ahora son más pequeñas y la leche está aguada. Y más cara. Empecé a buscar frenéticamente una alternativa y en algunos supermercados, la misma empresa dominante presenta otra versión de igual tamaño pero de etiqueta distinta y con otra marca, y sorprendentemente, tiene el sabor que su marca originalmente tenía. En la mayoría de los supermercados, esta opción no existe y ni siquiera hay competencia de nadie más. En los supermercados orientados hacia el segmento de clase trabajadora, pude encontrar leche evaporada holandesa sumamente barata, que rápidamente se acaba apenas llega el embarque. Buena suerte en la cacería.

Azúcar

Lo confieso, soy dulcero. Me encanta el azúcar morena, pero la que hay en el mercado no llega a ser ni siquiera azúcar trigueña. A veces cuando no encontraba mi morena, compraba una caja amarilla de azúcar morena gringa (de vez en cuando compraba el azúcar en cubitos de esa misma marca), que misteriosamente ha desaparecido del mercado y que con todo y tratado de promoción comercial nadie la recuerda en los supermercados. Debí haberle tomado fotos en los anaqueles y góndolas para mostrárselas a las generaciones futuras, demostrando que alguna vez existió azúcar de otra calidad y sabor.

La lista de productos que desaparecen de nuestro mercado, a pesar de un obvio éxito comercial, es impresionante. Mi mente conspiradora solo puede pensar que los grandes poderes comerciales, al percatarse del éxito del recién llegado, le hacen una oferta que no pueden rechazar los supermercados, farmacias y tiendas.

Por otro lado, las fabricantes de los productos deciden castigar al consumidor desapareciendo los empaques más pequeños y obligando a los consumidores a comprar envases y cajas más grandes y por ende más caros. Esto los hace permanecer abiertos en las refrigeradoras y despensas, por más tiempo, y por lo tanto más propensos a dañarse.

Las fuerzas del mercado son sumamente racionales, y uno esperaría que nuestra economía fuera capaz de crear competencia y oferta más variada que la que hay, pero existe mayor integración vertical de las empresas (todos los supermercados tienen su propia marca).

De esta forma, solo he compartido algunas de las traumáticas experiencias como consumidor en la jungla urbana de la ciudad de Panamá. Debo reconocer que de vez en cuando uno encuentra joyitas, como el frutero dominicano a la entrada de Condado del Rey (la mejor papaya y piña de la ciudad) o algunas curiosas tiendas anónimas donde se encuentra una jalea de marañón o una cajita de alfajores argentinos. Le recomiendo que le tome una foto a los productos esenciales en su vida, bien puede ser que los desaparezcan por ser demasiados buenos o baratos, o que la propia empresa fabricante lo traicione con una versión de menor calidad.

Consumidores del mundo, ¡al diván a curar la nostalgia y la melancolía!

Comentarios

Cerrar

La función de comentar está disponible solo para usuarios suscriptores. Lo invitamos a suscribirse y obtener todos los beneficios del Club La Prensa o, si ya es suscriptor, a ingresar.

Suscríbase gratis por 30 días Prueba
Adquiera un plan de suscripción Suscríbase
Cerrar

Por favor introduzca el apodo o nickname que desea que aparezca en sus comentarios:

Comentar 0 comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Corporación La Prensa, S.A.