Soñar no cuesta nada. Así que me gustaría compartir algunas reflexiones sobre el perfil de quienes, de ahora en adelante, se van a arrogar la potestad de decidir sobre nuestras libertades, nuestros bienes y nuestro futuro, es decir, los nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia.
Mi lista no tiene orden de prioridad alguno si no que es el resultado del nivel de azúcar en mi sangre al momento de escribir estas líneas.
Que cuando terminen sus 10 años como magistrado, pueda escribir un libro titulado “¿Cómo ser un magistrado honesto en Panamá y no morir en el intento?”.
