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24 sep 8 cosas que Panamá puede hacer para combatir al cambio climático

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"¿Cómo se atreven?", lanzó indignada y con los ojos llorosos la joven activista sueca Greta Thunberg el lunes en una cumbre sobre el clima en la ONU. "¿Cómo se atreven?", lanzó indignada y con los ojos llorosos la joven activista sueca Greta Thunberg el lunes en una cumbre sobre el clima en la ONU.
"¿Cómo se atreven?", lanzó indignada y con los ojos llorosos la joven activista sueca Greta Thunberg el lunes en una cumbre sobre el clima en la ONU. AFP/Timothy A. Clary

El presidente Laurentino Cortizo está en Nueva York para participar en la Asamblea General de las Naciones Unidas que, entre muchos aspectos, debatirá el cambio climático.

Panamá no es un país que se haya caracterizado por su liderazgo ambiental. Aunque no somos un emisor neto de gases de efecto invernadero (nuestros ecosistemas asimilan más que lo que producimos como contaminación), sí tenemos una responsabilidad ambiental que debemos enfrentar.

Según el acuerdo de París, el año 2020 es la fecha escogida para las máximas emisiones en el mundo.

Del 2020 al 2035 deben reducirse las emisiones en un 50%, y al 2050, el planeta debe ser carbono neutral, es decir, cada emisión contaminante debe ser mitigada.

En otras palabras, tenemos el reloj en contra. El peso del diseño de las políticas ambientales de transición para Panamá lo lleva la administración Cortizo.

El gobierno de Juan Carlos Varela evadió por completo la responsabilidad en este tema y, según publicó el ingeniero Eduardo Reyes en La Prensa el pasado domingo 22 de septiembre, el informe preparado por el gobierno de Varela no dice ni cuánto emitimos, ni tampoco cuánto vamos a reducir.

Para producir estos estimados se necesitan actualizar los estudios y mediciones panameñas, y esto no fue prioridad en los últimos 10 años.

Para ponernos al día en nuestras tareas ambientales, comparto una lista de respuestas rápidas, y relativamente poco dolorosas que puede tomar la sociedad panameña.

Los mangos bajitos son los siguientes:

  1. Eliminar las quemas en los ingenios azucareros. Cada año decenas de miles de hectáreas de caña de azúcar son quemadas para facilitar la zafra. Esta técnica está desfasada, muchos países del mundo ya dejaron de quemar la caña, y usan tecnología moderna que es más eficiente y ecológica. Curiosamente en Panamá, la hacienda San Isidro no quema la caña. Si ellos pueden, todos los demás también.

  2. Siguiendo con el tema de las quemas, esta es la forma preferida para “preparar” la tierra para nuevas siembras o para meter ganadería. Aparte de envenenarnos, con el humo tóxico, los incendios forestales destruyen la capa más productiva de tierra, acaban con la vegetación y la fauna, obligan al uso de agroquímicos para producir comida, y los cultivos son más propensos a las plagas porque se perdieron las barreras naturales que defendían al ecosistema. El 99% de los incendios forestales pueden ser prevenidos. En Costa Rica aprobaron una legislación hace décadas en la que se establece que un terreno que se haya quemado se convierte en propiedad del municipio. Con esa norma se redujeron sustancialmente las quemas. Panamá puede hacer esto o algo mucho mejor: terreno quemado no puede recibir préstamo del Banco de Desarrollo Agropecuario o de la banca estatal, ni incentivo fiscal alguno.

  3. Cerrar la llave a la producción de electricidad con fuentes térmicas. Panamá está alterando su matriz energética al punto que de cada 100 unidades de energía generada, casi la mitad son térmicas (gas, diesel, bunker y carbón). Lo que es peor, las licitaciones en los últimos años nos van a obligar a usar más energía térmica. Existe una producción de energía verde, molinos de viento y plantas solares, pero su crecimiento ha sido restringido. Panamá tiene un gran potencial solar, pero no se utiliza por prejuicios y barreras legales. Se nos quiere hacer creer que la energía solar no sirve porque no se puede generar cuando no hay sol, pero ya la tecnología de baterías es tan buena que las nuevas plantas solares “producen” energía 24 horas.

  4. Transportación sostenible, los autos eléctricos parecen el futuro, pero producir un auto eléctrico conlleva mucha contaminación de la más terrible minería. El contraste se presenta más favorable para los autobuses, camiones de reparto y volquetes que si fueran eléctricos, causarían muchísimo menos daño ambiental, por el tipo de labor que realizan. Seguramente, la tecnología avanzará y habrá baterías eléctricas más amigables con el ambiente, como las que se empiezan a utilizar con energía solar y que son carísimas, pero de momento, los vehículos eléctricos son más beneficiosos en cuanto sean de transporte público o de carga.

  5. Compras verdes: El Estado panameño no sabe comprar, es archiconocido la escandalosa forma en que se dan las contrataciones públicas. Algo que no tiene tanta publicidad, es que el Estado no puede diferenciar entre un producto “sucio” y otro amigable con el ambiente. Aunque la Autoridad del Canal de Panamá sí lo hace, el resto del Estado castiga a los productores orgánicos y a los vendedores de tecnología limpia, debido a las reglas de las contrataciones públicas.

  6. Fomentar un mercado de bienes y servicios ambientales. En Panamá existen pequeños mercados verdes que no están articulados, y que son sumamente costosos para sus participantes. Aquí hay un vacío regulatorio enorme que dificulta la formación de una economía circular. Si tengo un producto verde, o busco una solución ambientalmente más favorable, deberían existir las condiciones mínimas que favorezcan estas transacciones. Panamá necesita una “bolsa de carbono” en las que el Estado o empresas contaminantes compren los créditos de carbono producto del ahorro, las eficiencias o las actividades sostenibles. El dinero para la compra estatal puede provenir del impuesto a los combustibles fósiles, o de las tasas por contaminación.

  7. Acabar con las subsidios a las fuentes fósiles y al uso de energía contaminante en Panamá. En nuestro país se premia la contaminación. El Estado panameño subsidia a los tanques de gas, al consumo eléctrico, le da incentivos a la producción eléctrica en base a hidrocarburos y se exonera la venta de combustibles fósiles a barcos y aviones. Países como Ecuador ya eliminaron el subsidio a los tanques de gas y fomentaron que la gente use estufas eléctricas, menos contaminantes y más seguras (no son las estufitas de dos hornillas, si no las estufas completas). Todos estos subsidios a los combustibles fósiles fácilmente superan los 400 millones de dólares al año. Si esos subsidios se dirigieran a energías limpias, o a actividades menos contaminantes, se generarían miles de empleos, y en unos años se podrían eliminar todos estos subsidios, y usar los fondos para fortalecer a la educación o a la seguridad social.

  8. Educación ambiental. Esta es la solución más barata y efectiva. El esfuerzo de educación ambiental debe ser a todas las edades y en todas las formas. No se trata de una campañita de dos a tres meses. Para hacer esto bien se necesita capacitar a miles de promotores y establecer un fideicomiso de educación ambiental (FEA), para financiar las campañas y los esfuerzos del Estado y de la sociedad civil. Debemos desayunar, merendar, almorzar, cenar, picar y soñar con la educación ambiental. Todos podemos aprender a ser mejores y a poner nuestro granito de arena para salvar al planeta.

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