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21 mar La diputadocracia

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Ábrego enfrenta críticas de diferentes sectores de la política panameña. Ábrego enfrenta críticas de diferentes sectores de la política panameña.
Ábrego enfrenta críticas de diferentes sectores de la política panameña. LA PRENSA/Archivo

Si no lo ha notado, la diputada Yanibel Ábrego se ha convertido en la primera ministra de facto de Panamá. Muy hábilmente ha conseguido constituir una alianza política que posee una sólida mayoría y es capaz de desmantelar a la Comisión de Credenciales y defenestrar al presidente de la Comisión de Ambiente.

En la Corte Suprema de Justicia hay dos vacantes, mientras se apilan los proyectos de leyes en las comisiones esperando su primer debate, mientras que otros se mantienen huérfanos en la agenda del día del pleno de la Asamblea Nacional.

Yanibel manda. Eso lo ha notado un importante segmento de la sociedad civil, la cual ya no marcha hacia la solitaria e íngrima presidencia de la República, si no que las concentraciones y mítines se hacen frente al Palacio Justo Arosemena.

Este fenómeno representa la transformación de los diputados en los principales articuladores o intermediarios entre el Estado y los ciudadanos.

Los diputados presiden y controlan cinco de los seis principales partidos políticos: Panameñista, PRD, CD, Molirena y Popular. Además, encabezan numerosas federaciones deportivas (béisbol, baloncesto, y hasta natación) que están en manos de diputados y hasta del secretario de la Asamblea Nacional.

Los 400 millones de dólares repartidos para y desde los diputados en el gobierno pasado solo cimentan un axioma político: a los diputados hay que tenerlos contentos para gobernar.

El gobierno actual les dio 82 millones de dólares, a los diputados, hasta que la Corte Suprema declaró inconstitucional las partidas de las donaciones y los contratos brujos por servicios profesionales.

Para entender la coyuntura actual del “Mexican stand-off” entre la Asamblea Nacional la Corte Suprema de Justicia y el poder Ejecutivo, hay que entender dos dinámicas. Por un lado, el desgaste intenso que ha tenido el gobierno de Juan Carlos Varela, y por el otro, el posible retorno en los próximos meses de Ricardo Martinelli.

Por un lado los diputados de las bancadas más obvias tienen que garantizarse sus fondos y su capital de negociación por si Martinelli recupera el partido CD. La purga que puede suceder será grande y dolorosa.

A su vez, los diputados controlan el balance de la Corte Suprema de Justicia. Según el Código Procesal Penal se necesitan seis magistrados para condenar a un diputado. En la Corte disfuncional que tenemos actualmente parece que solo hay cinco votos. Por esto, si Varela nombraba dos magistradas, el sexto voto era seguro, ya no lo es.

Más allá del bazar de pujas y repujas por el cariño de los diputados, tenemos una realidad infame : toda la administración pública, desde la Caja de Seguro Social hasta el Ministerio de Ambiente, está secuestrada por los favores políticos y nombramientos que hay que intercambiar entre el Poder Ejecutivo y el Órgano Legislativo para poder gobernar.

Mientras tanto, Yanibel Ábrego demostrará su poder si se mantiene como presidenta de la Asamblea el próximo 1 de julio, y si por alguna travesura de la Comisión de Credenciales, le podría corresponder a ella la tarea de recibir al papa Francisco durante la Jornada Mundial de la Juventud. Quien sabe, a lo mejor la diputada decide cambiarse de órgano del Estado, y se aparece en mayo de 2019 como parte de alguna fórmula presidencial.

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