Fernando Manfredo Jr. partió hacia la inmortalidad, después de una larga carrera de servicio público y compromiso social. Creo que Manfredo fue el más antipolítico de los políticos, y un nacionalista y patriota que demostró que otro país era posible.
Conocí a Fernando Manfredo en una capacitación que dictaba el Club Rotario a los maestros de zonas distantes. Era a principios de la década de 1990, y recién había terminado sus servicios como Administrador del Canal de Panamá interino, y todavía su participación en política electoral con Papá Egoró, estaba fuera del horizonte. En ese evento, con los maestros, Manfredo demostraba la atención al detalle y el compromiso con el país. A los educadores se les entregaba un maletín, con lo que entonces era lo más avanzado en útiles escolares, y se les ofrecía charlas motivacionales para que pudieran superar la fragilidad del entorno en el que trabajaban.
Unos años más tarde, mi oficina en el Ministerio de Relaciones Exteriores, estaba localizada enfrente de la suya, ubicadas ambas en el tranquilo paseo de la Calzada de Amador, en donde un puñado de panameños tratábamos de poner al día al país, para asimilar la reversión del Canal de Panamá. Bajo los auspicios de Don Fernando, se pudo hacer la primera discusión entre panameños dentro y fuera de la Comisión del Canal, sobre la amenaza del Cambio Climático al futro de la Vía Interoceánica.

Unos meses después de concluido el Congreso Universal del Canal, Fernando Manfredo se incorporó al equipo de negociadores del último aspecto pendiente de la reversión: el cumplimiento del mandato de sanear ambientalmente las áreas contaminadas con la actividad civil y militar de los Estados Unidos. Manfredo trajo su liderazgo natural, su dominio técnico de todo lo que tenía que ver con el Canal de Panamá, y su don de gente que le permitía interactuar con personas de todos los niveles, dentro de un marco de respeto y consideración. La única vez que le vi a punto de enojarse, fue cuando en una presentación al Comando Sur, el equipo que acompañábamos a Don Fernando fuimos testigos de cómo uno de los militares estadounidenses, de alto rango destruía la maqueta de las áreas contaminadas que Don Fernando había llevado para facilitar la discusión. Después que destruyeron la maqueta, los oficiales estadounidenses abandonaron la reunión. La contaminación de los polígonos de tiro y otras zonas dentro del área del Canal no pudo ser resuelta, a pesar de los mejores esfuerzos de Fernando Manfredo, pero ese ejemplo de negociación paciente demostraba porque había tenido tanto éxito durante su tiempo liderando el Canal de Panamá.
Cuando Fernando Manfredo se convirtió en el Subadministrador del Canal, en 1979, el número de panameños que trabajaban directamente en la Comisión del Canal no superaba el 10% de toda la fuerza laboral. Durante los siguientes 10 años, Manfredo con su perseverancia y su estilo amistoso empujó la cantidad de panameños hasta el 70%.
En una traición inesperada e inmerecida, el PRD y el régimen militar, le dieron la espalda a Don Fernando como el candidato natural para el cargo de Administrador del Canal de Panamá. Los militares desconfiaban de Fernando Manfredo por su cercanía a los estadounidenses. Según una anécdota que conocí, el General Noriega le pidió al M-19 de Colombia que lo asesinara, supuestamente porque Manfredo lo había traicionado al mantener las operaciones del Canal lo más independientes del conflicto entre Panamá y los Estados Unidos.
Después de la invasión de 1989, Manfredo quedó encargado como el primer panameño que administró el Canal durante por 9 meses. El nuevo gobierno también desconfiaba de Manfredo por haber sido un civil nacionalista aliado de Omar Torrijos.
Junto a Jorge Illueca, George Richa, y Enrique Illueca, Fernando Manfredo formó lo que se llamó “el cuarteto”, que en el 2006, tuvo la osadía de cuestionar la ampliación del Canal, proponiendo una alternativa multimodal más barata y más sostenible ambientalmente. Recuerdo que Manfredo me dijo que el Canal se iba a quedar sin agua y que había que cuidar los recursos que esta institución le producía al país, para asegurarnos que el desarrollo económico de Panamá fuera más balanceado.
En el año 2009, pude leer alguno de sus documentos en los cuales se oponía a la minería metálica a cielo abierto en nuestro país. Para él no había excusa ni justificación para que Panamá destruyera sus ecosistemas y envenenara ríos y mares, para que unos cuantos vivos se beneficiaran a manos llenas.
Fernando Manfredo fue un centurión, un guerrero idealista que a la vez era un iconoclasta. En vida, su pensamiento y su ejecutoria le eran incómodas a los poderosos porque demostraba que el Estado podía funcionar y servir para cumplir fines nobles. Hoy tenemos un Canal y todos los beneficios que de él emanan, los podemos disfrutar gracias a que Manfredo fue capaz de hacer cumplir, quizás mejor que nadie, la aspiración de generaciones de panameños.
Como no se vendió, ni se prestó a corromper o sacarle beneficio propio a las distintas tareas que le tocó cumplir en su vida pública, lo hemos castigado con el olvido y la indiferencia. Para un país de valores distorsionados, el suyo es un mal ejemplo, porque demuestra lo que siempre supimos, que el problema de Panamá no es la falta de buenas leyes, si no la escasez de buenos hombres y mujeres que cumplan con su deber. Fernando Manfredo, era un buen hombre.



