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09 jul La propuesta económica de Cortizo y las cartas de Kruschev

Banco Nacional de Panamá. Banco Nacional de Panamá.
Banco Nacional de Panamá. Archivo

Panamá tiene una economía resiliente. Todo lo aguanta. Los panameños somos un pueblo emprendedor, creativo y de rápido aprendizaje.  

En cambio, nuestro Estado a veces nos ayuda, otras veces nos estorba, y en algunos casos nos parasita.  

El gobierno recién llegado tiene un abundante capital político en este momento.  

Por el tiempo y los distintos sucesos y eventos que traigan los próximos días, semanas, meses y años, se irán manifestando los problemas, las crisis y el capital político disminuirá gradualmente.  

Por eso es que ahora es la mejor oportunidad para empujar e impulsar grandes cambios.  

Los voceros del nuevo gobierno han empezado a repetir un mantra económico atractivo, pero a la vez muy peligroso: no habrá aumento de impuestos en este gobierno. A nadie le gusta pagar impuestos, sobre todo con el despilfarro y el robo histórico que ha sufrido el tesoro público panameño.  

Sin embargo, se avecinan vientos de frente que afectarán a las finanzas públicas del Estado: la evidente crisis del fondo de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) de la Caja de Seguro Social, la transformación costosa y complicada del sistema de salud pública, y la actualización del sistema educativo. Esto, sin incluir la urgente necesidad de invertir en infraestructuras de agua a nivel nacional.  

En otras palabras, el Estado requiere importantes cantidades de dinero.  

La forma más fácil de obtener nuevos recursos para el Estado es aumentando la deuda pública.  

Panamá tiene una buena calificación crediticia y la economía está dolarizada. Todo el mundo quiere prestarnos dinero. Esto nos pasó en la década de 1970, y no terminó muy bien: la deuda acabó asfixiando las finanzas del Estado y provocó las privatizaciones de finales del siglo pasado.  

El ministro Héctor Alexander debe recordar lo que implica que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional le dicten la política económica al Estado. Si no hacemos la tarea bien, esto pasará para 2024.  

El Estado tiene enormes ineficiencias. Se alquilan locales costosos e incómodos, que en contraste con un edificio propio demuestran la ineficiencia gubernamental.  

Se pierden muchas maquinarias y vehículos por mala administración. No se repara nada y se despilfarra electricidad y combustible sin criterio.  

La planilla no es razonable y no hay sistema de evaluación de personal. En fin, hay mucho que se pudiera cortar para hacer eficiente el gasto público, sin embargo, eso no es suficiente.  

Según mi propio estimado, Nito Cortizo heredó unos 33 mil millones de dólares en deuda pública y otras obligaciones financieras y contractuales del Estado.  

Este es el mejor momento para hacer una reforma fiscal "suave".  

Por una parte, se podría disminuir el impuesto sobre la renta a los asalariados y transferir más carga fiscal a los impuestos como el 7%, el impuesto al combustible, y crear, como existe en muchos países, un impuesto por transacciones financieras.  

De esta forma, y cerrando las brechas en el cobro y en los procesos de recuperación de las deudas con el fisco, se puede mejorar mucho el perfil de las finanzas públicas. Existen clubes de privilegiados como las zonas libres de petróleo y una empresa portuaria muy afortunada que han podido evitar un pago equitativo al fisco panameño.  

Tapar esas goteras daría una ayuda importante a los proyectos del nuevo gobierno.  

En Estados Unidos, varias decenas de supermillonarios hicieron pública una carta en la que pedían al gobierno federal que les aumentar los impuestos para invertirlos en educación y en el combate al cambio climático. Estos súper ricos entendieron que todos estamos en el mismo barco, y aunque se hunda en el lado más pobre, finalmente se hundirá para todos.  

El presidente Cortizo puede despertar esa mentalidad en Panamá con una buena reforma fiscal. Hay una leyenda que se le atribuye al traspaso de mando de Nikita Kruschev a Leonid Brézhnev en 1964.  

Según cuenta la historia, Nikita le entregó dos cartas a su sucesor, diciéndole enfáticamente que leyera la primera cuando enfrentara una crisis de gobierno, y la segunda, si volvía a confrontar un asunto grave en el manejo del Estado soviético.  

Con el paso del tiempo, Brézhnev tuvo su primera gran crisis de gobierno y leyó la primera carta: "échame la culpa por todos tus problemas". Ese era el contenido de la primera nota y, efectivamente, lo ayudó muchísimo a superar la crisis. En la segunda ocasión Brézhnev abrió la última carta, la que decía: "es tiempo de que escribas dos cartas".  

El gobierno de Nito Cortizo todavía está a tiempo de abrir la primera carta, antes de que los diputados de su partido aprueben el aumento de las comisiones a los billeteros, los préstamos gratis del Banco Nacional y cuanta ñamería se les ocurra. Los funcionarios del Santo Tomás están en paro parcial, y ya los maestros y profesores van por su primera huelga el viernes 12 de julio.  

El resultado es que en el país de la lámpara de Aladino hay que hacer las reformas antes de que Alí Baba y los 40 ladrones acaben el capital político del nuevo gobierno.

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