Todos los panameños tenemos el derecho y el deber de opinar y aportar para construir conjuntamente un mejor país. Aquí están mis dos centavos sobre el tema laboral.
1. Todos debemos sentarnos a la mesa. Estamos construyendo una nueva República. Esta es la refundación de una economía fundamentada en la depredación ambiental y el deterioro social.
Los grandes crecimientos económicos del pasado, fueron producto de importantes sacrificios nacionales. Los beneficios sin embargo, no han llegado por igual a todo el país.
En las mesas que deliberan sobre el nuevo orden económico, debe haber la mayor representatividad posible: mujeres trabajadores, productores agropecuarios, micro y pequeños empresarios, académicos y activistas sociales.
2. La bioseguridad y la salud no son negociables. Todas las actividades económicas y empresariales son vitales para el país.
Sin embargo, los criterios de salud humana y laboral deben ser los imperantes en cualquier decisión de apertura total o parcial de una actividad económica.
Debemos trascender el modelo binario de cumple/no cumple. Si una empresa no cumple, es el deber del Estado, las otras empresas privadas, y el sector laboral, hacer todo lo posible para que pequeñas y grandes empresas cumplan.
3. Todos tenemos el derecho a trabajar. Por muchos años nos hemos conformado con una economía en la que casi la mitad de la gente forma parte del sector informal. Panameños notables como René Quevedo y Nivia Castrellón han llamado la atención sobre el desempleo juvenil, y a la situación de los Ninis.
Poner a trabajar a todos no significa que van a trabajar para el Estado. Hay que flexibilizar normas laborales que desalientan las jornadas parciales, o encarecen las horas extras.
La economista inglesa Joan Robinson decía que la peor tragedia económica no era el ser explotado laboralmente, si no, por el contrario, no ser explotado por nadie. Si se pueden implementar jornadas parciales de tres, cuatro o seis horas, muchos jóvenes, madres solteras, adultos mayores, y otros podrían encontrar trabajo que les ayude a vivir decentemente.
En otros países es factible trabajar, viernes, sábado y domingo, en jornadas de 12 horas cada día, y así cumplir con la semana laboral, liberando tiempo para estudios o atender asuntos familiares. Esto también serviría para que micro y pequeñas empresas pudieran extender su horario de atención, contratando personal para una media jornada.
El Estado debería premiar a quienes contratan trabajadores novatos o jóvenes sin experiencia. Una vez el candidato sea certificado por el Inadeh, la empresa que lo contrata puede recibir un crédito fiscal equivalente al 200% del salario pagado a estos trabajadores.
4. La digitalización y la descarbonización llegaron para quedarse. La crisis nos ha demostrado que podemos hacer mucho más con mucho menos.
El teletrabajo, las videoconferencias por internet y las aplicaciones para comercio electrónico y logística son ahora dominantes.

Sin embargo, la grave desigualdad social mantiene a cientos de miles de panameños fuera de estos beneficios, por la simple razón de que no tenían computadora, les faltaba el acceso a internet, o incluso el servicio de electricidad.
Este gran vacío debe ser corregido lo más rápido posible. No hay razón para que un panameño no tenga computador o servicio de internet.
La inversión estatal en este renglón está plenamente justificada y se paga sola, con mayor productividad. Para que el Internet sea verdaderamente para todos, hay que generar la madre de todas las capacitaciones, y establecer un servicio universal de internet en todo el país administrado por un patronato.
Paralelo a este proceso, los factores que causan la mayor contaminación ambiental deben ser superados: no hay razón para que el transporte público siga siendo de diesel, y no con motores eléctricos.
Tampoco es excusable que sigamos destruyendo bosques y manglares por inversiones de corto plazo, cuando la resiliencia del país es más importante.
Mucha gente se dio cuenta que la soberanía alimentaria es la mejor garantía de seguridad alimentaria. Los tratados de libre comercio, no nos han traído mucho beneficio al respecto.
5. Necesitamos una verdadera red social. Esta pandemia puede tener una segunda ola de rebrotes mucho más intensa que la primera. Este fue el caso de la famosa influenza española de 1918, en la cual más personas murieron en la segunda ola que en la primera.
Por si eso fuera poco, nuestro país está amenazado por otras disrupciones ambientales como las sequías e inundaciones, y tenemos sobre nosotros la permanente amenaza de las listas negras de los países de la OCDE.
Panamá no tiene una red social funcional. A pesar del desfile de cientos de millones de dólares de subsidios, la crisis demostró, que muchas familias se quedaron sin leche para sus pequeños, sin pañales para los adultos mayores, y sin medicinas para los más vulnerables.
La población en situación de calle quedó totalmente abandonada ya que el Mides prácticamente se desvaneció, el personal de atención de la alcaldía de Panamá, se fue en teletrabajo, y hasta la iglesia católica se quedó sin capacidad de atención.
Esto no debe volver a pasar jamás. Hay que priorizar una red social en la que ningún panameño se quede por fuera.
El primer gran paso es un seguro de desempleo, que se puede financiar cortando algunos subsidios engañosos, como el de la tarifa eléctrica y su rebaja ficticia, pagada con nuestros ingresos; y con nuevos impuestos al licor y a los cigarrillos.
El pago mensual de este seguro, sería el equivalente al 150% de la canasta básica. Se pagaría por 6 meses máximo, y una vez agotados, las personas no podrían volver a recibir este beneficio, por al menos tres años.
Los beneficiarios deberán ser cotizantes de la seguridad social. Este sería el comienzo de un país que le cumple a sus ciudadanos el pacto social que constituye una República democrática.

