Una llamada telefónica inesperada de un sobrino residente en Europa nos avisaba que había que ponerle más agua al sancocho y guardar tamales para los festines de diciembre. En realidad, el aviso era otro: están cerrando Europa continental porque la gente no se quiere vacunar, y Panamá todavía permanece abierta.
Se suponía que para estas fechas la pandemia de la Covid-19 sería un tema de documentales y de ejercicios de memoria histórica, frente a un mundo que estaría entrando plenamente en la pos pandemia. No fue así, por lo que tenemos que volver al tablero de políticas públicas para detener al infame virus.
Según la Radio Televisión Española, para el martes 23 de noviembre, unas 7 mil 700 millones de vacunas contra la Covid-19 se habían aplicado a un estimado de 4 mil 200 millones de personas en el planeta. Por otro lado el portal es.statista.com indica que el país con la población más vacunada del mundo es Singapur, con el 91.9% de sus habitantes inoculados contra la Covid-19.
En cambio, Estados Unidos tiene tan solo el 57.9% de su población vacunada totalmente. Más dramática es la cifra de Nicaragua, con solo 8.5% de sus ciudadanos plenamente vacunados y la afligida Haití, con un exiguo 0.5%. La cifra para Panamá es de 79% de la población meta que tiene sus dos vacunas.
El vasto universo de los no vacunados y de los que no quieren saber de las vacunas, en todas partes del mundo, está haciendo estragos con los logros obtenidos por la impresionante iniciativa de vacunación. La ciencia ha demostrado con creces que las vacunas funcionan, pero que al cabo de unos seis meses empiezan a perder efectividad, particularmente frente a la variante Delta, actualmente la dominante.
UN CAMBIO DE ENFOQUE
Austria se convirtió en el primer país occidental en hacer la vacuna contra la Covid-19 una obligación de los ciudadanos. Los que no están vacunados tendrán que quedarse en su casa, salvo para cumplir las tareas más esenciales. Otro tanto parece ser la suerte de Alemania, y de varios países de Europa del este.
Los gobiernos latinoamericanos se han negado a hacer de las vacunas una exigencia obligatoria, salvo en segmentos muy específicos de los servidores públicos. En Panamá, es obvio que hemos alcanzado una meseta en la vacunación de la población, aunque las cifras cambiarán cuando se inicie la vacunación de niños y niñas de 5 a 11 años.
El hecho fundamental sigue siendo el mismo, si no aumentamos la proporción de la población meta que esté vacunada, es posible que prolonguemos la pandemia otro año más.
Esto sería así, porque en los próximos meses irá cayendo la inmunidad de los primeros vacunados, que se sumará a la falta de inmunidad de los no vacunados. Prácticamente hay una revuelta por la exigencia de un restaurante de comida china y de un cine de la localidad que han establecido que solo atenderán vacunados. En vez de aplaudirlos a rabiar, las redes sociales están cargadas con críticos de esta medida.
A estas alturas del juego, si de verdad queremos mantener abierta la economía y empujar la recuperación de los trabajos, necesitamos tomar medidas heroicas. La primera medida podría ser que el Ministerio de Trabajo usara sus facultades excepcionales para establecer que la no vacunación de un trabajador en una empresa que así lo solicite se considerará como una causa justa de despido.
Igualmente el Poder Ejecutivo debería considerar medidas similares para la fuerza de trabajo gubernamental, y para todos los beneficiarios de programas financiados con fondos públicos: becas, 120 a los 65, Ángel Guardián, Red de Oportunidades y la asistencia alimentaria.
Conociendo la cultura de los panameños estoy bajo la impresión de que incluso estas medidas serían insuficientes para alcanzar la masa crítica necesaria para obtener la inmunidad comunitaria.
Quizás la mejor solución para evitar un colapso de la economía sea crear un programa de pagos por vacunas. Se pagaría 50 balboas por cada vacuna contra la Covid-19 recibida por un ciudadano. El pago se efectuaría cuando se complete la segunda vacuna, para garantizar que tengan el cuadro completo. En el caso de los que ya tienen dos vacunas, se les pagaría 75 balboas por ponerse la tercera. Los acudientes recibirían el pago por las vacunas aplicadas a menores de edad. Todo esto es posible con la plataforma tecnológica que ya tiene la Autoridad de Innovación Gubernamental.
El programa puede parecer costoso, sin embargo, se paga solito con creces. Es posible que en apenas dos meses, es decir enero de 2022, tendríamos un 90% de la población con sus dos vacunas, mientras que otro 50% podría tener su tercera vacuna. Esto significa el final de la parte dura de la pandemia, aunque ciertamente se tendrían que guardar los controles de aforo y mascarillas en sitios cerrados. Panamá no tendría que enfrentar el riesgo de otro cierre inminente. Pagándoles a los no vacunados, y a los semi vacunados subiríamos las estadísticas de salud panameña y pasaríamos la página.
Todos tenemos Covid-fatiga y queremos volver plenamente a un esquema de normalidad completa. Solo la máxima vacunación de nuestra población acabará con esta amenaza. La hora de patear el tablero ya llegó.

